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5 series retro en Netflix (pero retro de verdad)

5 series retro en Netflix (pero retro de verdad)

Netflix ha rentabilizado lo retro con éxitos de producción propia como Stranger Things y la extinta GLOW. Pero pese a depender ya casi enteramente de sus «Netflix Originals” también hay un puñado de bombazos genuinamente vintage en su catálogo, que si bien aparecen y desaparecen en virtud de los derechos de compra, bien nos pueden hacer a algunos darle un buen bocado a la magdalena de Proust.

Nos metemos rápido en harina, no sin antes dejarles con una pregunta inquietante: ¿qué pasará cuando las series de Netflix sean vintage?

Dawson crece

El bueno de Dawson llegó a España con todos los honores en tiempos del Canal+ y acaba de asomarse de nuevo a nuestro país de la mano de Netflix (ojo: también está en Prime Video). Muchos pensamos entonces, por su creador Kevin Williamson, guionista estrella a raíz del éxito de los terrores de Scream y Sé lo que hicisteis el último verano, que estábamos ante un homenaje más bien cómico repleto de guiños cinematográficos. Y aunque el ñoño Dawson quería ser director de cine y emular a Spielberg, nada más lejos de la realidad: lo que nos llegó era un culebrón de ardores adolescentes en un ambiente bucólico a ritmo del “I Don’t Want to Wait” de Paula Cole. Y tampoco pasa nada. A reseñar que la serie lanzó al estrellato a Katie Holmes, antes de que la pisotease Tom Cruise, así como a Michelle Williams, cuyo aciago destino hubiera hecho arder el Twitter del ya lejano 2003, y un reparto de chavales que, precisamente, alimentó el goteo de víctimas del revival de terrores adolescentes de los 90 surgido a raíz de Scream.

Katie Holmes

Star Trek

No hay serie que cause tal urticaria a los desconocedores de la ciencia ficción como la creada por Gene Roddenberry, y es una verdadera pena. Netflix posee los derechos de la franquicia televisiva Star Trek, salvo de la reciente serie de animación Star Trek: Lower Decks, que Amazon se dispone a estrenar a finales de enero. Eso incluye el reciente y notable spin-off Discovery y dos de los grandes monstruos de ese catálogo, La Serie Original (así, en mayúsculas) y La Nueva Generación (que me disculpen los seguidores de Deep Space 9, Voyager y Enterprise, también en Netflix). Por acotar, estamos ante dos muestras de la televisión de los sesenta y noventa que muchos tildarán de obsoletas pero que son sendos obuses de argumentos, historias, motivos y sentimientos. Las interpretaciones de, entre otros, Leonard Nimoy y Patrick Stewart como Spock y Picard valieron el ascenso a icono popular a sendos actores. Y la tremenda humanidad y riqueza de su punto de vista, al margen de fútiles arrebatos de corrección política, es genuinamente trascendental.

Historias de San Francisco

Su presencia es estratégica, ya que la plataforma se lanzó a producir una reciente secuela en la que se recuperaba la historia y se añadían nuevos personajes. La original es de 1993, basada en las novelas de Armistead Maupin, está considerada un icono gay, y va asociada a un ambiente de cierta liberación de las ataduras de la cultura gay, cuando realizar una serie queer todavía era algo arriesgado y necesario y no una apuesta de nicho, y por tanto comercial, más o menos segura. La serie, protagonizada por, entre otros, Laura Linney y Olympia Dukakis, tuvo buenas críticas e incluso continuidad en años posteriores, pero siempre fueron canceladas.

Laura Linney y Olympia Dukakis

Los rompecorazones

Sí, no se rían. Por alguna razón las siete temporadas de la respuesta australiana a Sensación de Vivir, iniciada en 1999, están en la plataforma de Reed Hastings. Y no me digan ustedes, en la treintena profunda o recién inagurada cuarentena, que su melodía de apertura no les retrotrae a las mañanas de las vacaciones de verano del colegio o el instituto. Los rompecorazones, que narraba la vida de una serie de estudiantes del instituto Hartley High en Sydney, aportó una voluntad más realista y a pie de calle al género que los productos de Aaron Spelling. La serie, concebida como adaptación de la película The Heartbreak Kid (1993), duró lo suficiente para cambiar de protagonistas y personajes varias veces, y en Australia es recordada como uno de sus hitos televisivos internacionales.

Érase una vez… la vida

Esta afirmación es discutible, pero estamos ante la serie de Érase una vez más mítica, por encima de Érase una vez… el hombre, Érase una vez… las Américas e incluso Érase una vez… el espacio. La causa, su magistral combinación de educación y entretenimiento, su canción de inicio (que parece compuesta para perdurar décadas en el cerebro), el impactante, por naïf y acertado, diseño de las criaturas que nos habitan, con esos glóbulos rojos que portaban burbujas de oxígeno en la mochila, las rapidísimas neuronas o esos microbios con el aspecto de un punki de Eloy de la Iglesia. Esta serie de producción francesa pero coproducida por RTVE junto a otros países europeos, también conocida como Érase una vez… el cuerpo humano, adornó los sábados de 1987, pero fue un clásico de la redifusión noventera, ocupando casi cualquier horario imaginable, y dio lugar a mucho, mucho merchandising, incluyendo un coleccionable por fascículos e incluso reediciones en DVD. Porque la vida es así, llena de luz, llena de color.

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