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8 poemas de Juan Antonio Masoliver Ródenas

8 poemas de Juan Antonio Masoliver Ródenas

La plenitud del vacío (editorial Acantilado) es la culminación de la obra poética de madurez de Juan Antonio Masoliver Ródenas. A lo largo de estas páginas, el autor retoma temas habituales de su poesía —el erotismo y la fascinación por el cuerpo femenino, o la familiaridad con la muerte entendida a un tiempo como vacío y plenitud—, pero también se entrega a la voluntad de recordar a amigos desaparecidos, de saldar cuentas con el propio pasado y de asirse a la memoria, el último gran refugio del amor en ese postrero umbral que todos cruzaremos en soledad. A veces desgarradores y amargos, otras llenos de la lucidez y la serenidad que ofrece la perspectiva de los años, estos versos son muestra del extraordinario poder de la poesía para reelaborar el recuerdo y dotar de sentido la existencia.

Zenda publica una selección de ocho poemas del libro.

***

A Sònia
más que nunca.

Ahora lloro
porque suelo llorar en mis poemas.
Pero no hay razón alguna
para el llanto.
Amaban las ancianas a sus muertos,
solas, en habitaciones
donde se consumieron los años.
Lloraban los amantes
sin amor.
Y los caballos. Y las vacas.
Una profusión de llanto
Y yo, con los lagrimales secos,
buscaba una razón
para llorar
y la encontraba siempre
en mis poemas.

***

Todas ellas son mujeres sin nombre.
Venían de las playas del verano
ajenas al tiempo y condenadas
a sus cuerpos que no voy a enumerar
pero recuerdo. Reían. Hablaban.
Se miraban los pechos. Exhibían
la falacia del deseo. Rechazaban
la crueldad de los inviernos,
la ignominia de tanta hoja
podrida en el jardín
como se pudrían, con aroma,
las frutas del verano.
Son muchas, tantas las mujeres
que piensan en el sexo,
que sueñan escaleras llenas de ojos,
que se lamen los lóbulos
a falta de otro amor.
He visto a las mujeres
huyendo de los conventos,
orgullosas de llamarse Rita,
Asunción, Diamela la más audaz,
y he visto carros de heno
con un bullicio dentro.
La llamo por su nombre
lentamente. Y me escucha.

***

Amo
a un amor que no conozco.
Vivo
en un pozo sin luz.
Soy
un alma vacía.
y un pésimo poeta.
Y no puedo ser otro.
Amo
a una triste falacia.
Adonis
calvo ante el espejo,
Desnudo,
con los lagrimales vacíos.
Soy
todo lo que he dejado de ser.
Dibujaba
corazones de barro.
Y cuando aprendí a amar
no había nadie.

***

La sombra de una mano en la arena
escribiendo un poema de amor.
Llega la luz
e ilumina la noche.

***

La última vez que te vi
fue en el acantilado de las ortigas
rota, abandonada, secos
los lagrimales y aquel vello
que fue rocío. Y labios
a punto de decirme
lo que ahora trato de escuchar
como se escucha el silencio
de lo que fue. Destrozada
como una muñeca en el armario
de la infancia. Y yo desciendo
al precipicio, a todo su vacío,
al abrazo sin brazos.
Y veo el mar que se esparce
en la plenitud de lo nunca amado.

***

Hoy he visto los límites de un cielo
resquebrajado, roto, añicos
en la luz del alba. Cielo
sin ángeles. Sin amor.
Sin palabras.
En lo más oscuro
de la soledad, una puerta,
una mesa llena de evangelios.
Y en el centro de las manos,
sangrando, el Hacedor,
el que llenó de luz, de nubes,
de aguaceros y estrellas
el universo. El amado
y el escupido
el día del calvario.
Y era mi cielo
en los ojos de la infancia,
el de las brujas con la escoba
en lo más sucio de las entrepiernas.
Y también el cielo
que como un pezón sacia mi boca
de sueños y amapolas encendidas
al terminar el día.

***

El último día del amor
termina como empezó el primero,
con un espejo lleno de engaños,
como un río de sirenas que naufragan
en la lejanía de lo que no conocen.
No hay último día: hay una eternidad
engañosa, hecha de tiempo vacío
que lleno o que llenamos de palabras
sin más sentido
que el que inventamos.
Los clavos de la madera
oxidados por el tiempo.
Dimas y el apestado
por las falsas palabras
del cronista de Dios.
Y en los muslos una flor
marchita, como lo son
todas las promesas de amor
eterno.

***

Antes de que nacieran
reyes y emperadores.
Antes de que la primera piedra
matase al primer inocente.
Antes de que el Gólgota
se tiñera de sangre.
Antes de que el mar
lamiera esta costa.
Antes de ser feliz
el día de la manzana,
de que el amor de las hijas
y sus padres
llenaran la tierra
de dolorosa felicidad.
Antes del pecado
y sus muchos castigos.
Mucho antes de todo
estabas tú
y estamos tú y yo
antes de mi aciago regreso
al vacío.

—————————————

Autor: Juan Antonio Masoliver Ródenas. Título: La plenitud del vacío. Editorial: Acantilado. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

BIO

Foto: Edu Gisbert.

Juan Antonio Masoliver Ródenas (Barcelona, 1939) ha sido catedrático de literatura española y latinoamericana de la Universidad de Westminster de Londres. Es crítico literario de La Vanguardia de Barcelona. Acantilado ha publicado La puerta del inglés (2001), Voces contemporáneas (2004), La noche de la conspiración de la pólvora (2006), La calle Fontanills (2010), El ciego en la ventana. Monotonías (2014), La inocencia lesionada (2016) y Desde mi celda (2019), además de la totalidad de su obra poética: Poesía reunida (1999), La memoria sin tregua (2002), Sònia (2008), Paraísos a ciegas (2012) y La negación de la luz (2017).

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