Inicio > Poesía > 8 poemas de Juan Pablo Rodríguez
8 poemas de Juan Pablo Rodríguez

Juan Pablo Rodríguez es un poeta, sociólogo y editor nacido en Talca, Chile, en 1985. Ha publicado los libros de poesía Shanghai (2015, Alquimia), Sobre el movimiento de las estrellas fijas (2018, Aparte), Ocho urracas (2021, Aparte), ¿Oyes dormir a los helechos? (2022, Deriva) y No se vaya a secar esta lluvia (2023, Aparte). Ha obtenido el primer lugar en los Juegos Literarios Gabriela Mistral y la Beca de Creación Literaria del Ministerio de las Artes, las Culturas y el Patrimonio. Es profesor asociado del Departamento de Sociología de la Universidad Alberto Hurtado y cofundador de la editorial Banca de Helechos. Presentamos una selección de poemas que pertenecen a dos libros inéditos: Zoom deportivo y Querido Adamo.

***

Precalentamiento

4 de la mañana. Despierto.
Colinas de niebla.

Algo tiene de ominoso el rojo
electrónico de la radio reloj.

Busco entre libros
– Niebla de Unamuno, curiosamente-
mi buzo azul marino.

Cuántas aguas hemos recorrido
pienso en los puentes
de la breve memoria

en que a mi corta edad
encanezco -no son canas
me asegura mi hermano mayor-.

Aséate y baja.
Quizá a esta hora de la madrugada
con 11 años de vida sea feliz.

No escribo poemas todavía
aunque esbozo una oda
a la televisión por cable.

Metrópolis Intercom llegó para quedarse.
Y no nos separó, ni clausuró
el contacto, el destino

podía ser rehabilitado con poco.
Una película en Isat. Ahora esperamos
a Julio. Tenemos una hora antes

de que comience Rocky 1.
Aprovecharemos ese tiempo
para entrenar en la plaza
del barrio.

Julio es como siempre puntual.
Está incrustado en nuestra rutina
de precalentamiento

como un zafiro – una de mis
primeras imágenes de la amistad.

Un bestiario de niebla atravesamos
con los labios partidos y tenida
sport hasta llegar a la plaza.

Y entrenamos. Durante una hora
tuvimos esa rara certeza de estar vivos.
Entrenamos porque para eso
habíamos madrugado.

Lanzamos sendos combos al aire
trotamos entre arbustos bajo el sueño

que no interrumpimos de los álamos,
repetimos los golpes
las rutinas en la oscuridad.

Sentadillas, trote suave alrededor
de la plaza, pique hacia adentro
hasta tocar la muralla
(las plazas colindan con casas)

el frío haciendo fuego en los pulmones.
sin nombres, sin palabras.

Con la cara roja, jadeantes,
volvemos. Todos duermen
en el pasaje. Tal vez seamos
clima o niebla

a estas alturas, pienso pero no anoto
nada, aún no me empuja
la rueda de la escritura.

Frigorífico, qué palabra más adecuada
para describir de dónde venimos
y donde vamos a conservar

estas esquirlas de madrugada
antes de convertirnos
en lo que hubimos de haber
sido

Prepúberes rockyprimarios y apollosecundarios.
antes de que la vida nos presentara
más de la cuenta a sus ivánes dragos.

***

Pelota

La tierra gira como una pelota
entre los pies de un niño

en el poema futbol
de Blanca Varela.

Gracias a la imagen que el poema
inocula la pelota deja de ser
un objeto

y pasa a ser un estado
de las cosas que se arremolinan

pensamientos, preocupaciones
trayectos, físicos o de tiempo.

De la ganadería a la agricultura
hay una pelota,

de la casa al trabajo
otra.
De un verso a otro

la pelota no es
un fin en sí mismo

ni un medio para un fin
sino un ambiente

-una condición de posibilidad-
como el líquido
amniótico.

La tierra gira como una pelota
pero solo cuando la vemos
entre los pies de un niño

esa sea la condición de posibilidad
del poema como pelota.

El aire no gira,
se contrae y se estira
entre tus dedos
espléndidamente bello

cubre
desde adentro
hacia afuera
tu sonrisa

que a tu edad no distingues
de un espasmo
(aunque te divierte).

El aire no gira como una pelota
más bien se contrae y se estira
como el encordado
de una vieja raqueta.

***

Cuarenta

Un pase que no viste venir
un pelotazo en la cabeza
¿llegarán de este modo
solo las malas noticias?
Las alegrías al parecer se cosechan
y en el mejor de los casos pasan
inadvertidas como vecinas
oficinistas un día cualquiera.

Me doy cuenta de que estuvo buena
la fiesta que me perdí
por eso después de los cuarenta
el tono tristón el blazer la camisa
una que otra escapada
a la tintorería,

qué es una tintorería sino una forma
sublimada de clamor por vinto tinto
una noche de invierno
con los amigos de la infancia
acunados en un botellón
cagados de la risa.

***

Monólogo de un padre con su hijo de días

Cuida tu cuerpo como un jardín.
La mente siempre en blanco, recuerda
ese es el único objetivo del objetivo:
respirar y disfrutar el camino
(la lección de Itaca):
arco oreja lira poema.
Reemplaza poema por pubalgia.
Al cuerpo se lo cuida como a un jardín
una roca un erizo, una imagen de dios
que una vez que se abre es agua pura
y música, a su modo, la canción
que más te guste, el silencio que sobreviene
después de una baliza,
Juega limpio y lo más directo posible.
no te dejes encandilar por endecasílabos
(pero apréndelos).
Respeta siempre las transiciones.
Ten confianza en la gambeta
en ti y en tus compañeros
a los que están unido
por la sutil regla de la interdependencia.
Levanta la cabeza.
Incluso si no tienes un segundo
antes de golpear la pelota
levanta la cabeza.
Si la defensa está superpoblada
y te estrechan el camino las patadas
detente, engancha.
Para abrir el cerrojo, centros llovidos.
A la olla también valen.

***

El sedentarista contemplativo

“Para mis amigos de siempre”

I 

Breve y ligera
la firma de mi madre

como la contracción del miocardio
en un electrocardiograma.

Zurdo, igual que ella

no me cuesta simular los trazos
para saltarme las clases

de educación física.

Cambiamos vida deportiva por vita activa:

bailamos cumbia y leemos a Vallejo

en la casa de una tía -trabaja hasta tarde-
a las 11 de la mañana.

II

Novillos, cimarra, rabona
hay una palabra diferente
para la misma cosa y el lenguaje
nos tuerce los dientes

(nos pegamos con la teoría
de las correspondencias)

expuestos a la mirada de los viejos

una pandilla simbolista
del siglo xix en pleno siglo xxi
pucho y abrigos

mientras otros practican
bandejas, pases cortos,

saques de vóley.

III

¿Cómo camuflar un uniforme de colegio?
Imposible pasar piola
pero en el centro los bares
le abren los brazos a los niños

Rezamos a San Diego

San Serrano,

San Ramírez Eleuterio.

IV

Amor incondicional a nuestros atletas
Pizarnik, Lihn, Tellier, Rojas
Baudelaire, Rambó, de Rokha

“Oigan metecos, ustedes no hacen poemas, imitan!”
grita el profesor de literatura
en el pasillo.

El pasillo da al patio

donde ocurren múltiples partidos
al mismo tiempo.

Quiero saltar a la cancha,
perderme entre futbolistas
en el espejo del baño

ver a alguien poco original

y no sufrir por ello.

“Rodríguez, hasta cuándo se va a enfermar.
Únase a la clase, vamos, trote suave,
le hará bien respirar”,
dice el profe de educación física.

Con mi mano izquierda hundida
en la chaqueta,
acaricio el lomo
de la antología de Lihn
-Colección libros del ciudadano-
como si fuera el lomo
de un animal

al que me tengo que aferrar
y que llevo oculto
al colegio.

Quizás la próxima semana.

***

Un mechón de tu cabello

Versión para Elliot Weinberger

Labios ajados por el frío
a las seis de la mañana.

Escolares con mochilas de mezclilla
en un espacio entre la vereda y la calle
que el ministerio de transporte
llama paradero.

La imagen acústica de la palabra
reliquia fuma en un balcón
de la memoria como si masticara
recuerdos: tu leve indiferencia pelirroja,
el miedo a preguntarte si te llevo
la mochila.

Víctima otra vez de un lanzazo
en un desierto de gravilla
sin personal estéreo, sin reloj
subo a la pieza con impaciencia
de quinceañero.

El cajón del velador se abre como una flor
en la mente de un carpintero.
En mis manos se abre
la esquela
-otra flor-

aún conservo para mí
un mechón de tu cabello
junto a la punta de un corbatín de liceo
lo cuido como si fuera
el huevo de un animal
que tengo la certeza se va a extinguir
en unos años.

La hoja expele su aroma
mezcla de colonia y bálsamo
y dispara fotogramas de cosas
que nunca ocurrieron

(y que no van a ocurrir
me dice con sus ojos
Snoopy, desde el fondo de la esquela).

No merecí ese amor
pero no fue esa la razón
por la que lo perdí:

las micros cambiaron de recorrido

Hoy mi corazón vive en paz
sin ilusiones
en un departamento de 2×2.

***

Querido Adamo:

Lo sé: una canción perfecta tiene un vocabulario infinitamente pequeño. No es distinto con el poema. Anoche mientras pensaba en cuántas noches distintas pueden coexistir en la misma noche, hasta volverse una sola y gran noche, como una luna en pleno eclipse, o como una divinidad que dice presente en cada tallo, en cada huevo de petirrojo, en el contacto de del labio en la frente al dar la bendición, quise hacerte algunas preguntas: ¿Piensas en estrofa o en verso? ¿privilegias tono o timbre? ¿melodía o recuerdo? Contéstame cuando puedas.

***

Nuestra novela

Versión para Verónica Zondek

Un día una gran novela he de escribir
y así revivir la fantasía del salto
del verso al guion, Paramount, Netflix
Hbo.

Acéptalo, me dices
tu prosa será siempre pobre
los versos, aunque sean sombra y angustia
habitan siempre
la posibilidad del encanto

Salgo a la calle.
Espero un taxi, pasa una sintaxis.
nada con tus lágrimas puedo hacer,
sabemos que pinchan las rosas.

El compaginador de ilusiones
se fue de vacaciones.
Quizás la rima no sea solo pifia
sino una forma de amor, dejémosla
por ahora.

Un día nuestra gran novela hemos de escribir
a cuatro manos.
te propongo con la sinceridad de las aves
un juego de editora a editor,
sin mosquearse.

Mejor no. Los dos escribiremos
cada uno por su lado
juntos.

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios