Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. En los dos primeros meses cuenta con la colaboración de Íñigo Palencia.
Jueves, 9 de enero de 1936: La difícil unión de las derechas
Antes de nada, ahora que estamos todos, quiero dar las gracias a nuestro anfitrión, el marqués de la Vega Anzo, por esta cena tan suculenta y por haber puesto a nuestra disposición un palacete tan convenientemente céntrico, en pleno Serrano, para que nos hayamos podido reunir los presentes.
—Seamos serios, señores. Dejemos de lado las bromas. Yo agradezco a todos su entusiasmo y, por supuesto, ahora llegarán los licores. Pero antes permítanme exponer los motivos por los cuales estamos aquí reunidos los principales representantes de las derechas…
—¿Dónde está Gil-Robles?
—El señor Gil-Robles ayer dio un mitin en Lugo y no ha podido venir. Pero hay dos o tres miembros relevantes de la CEDA entre nosotros, con pleno derecho a participar. Ellos le informarán a él y a su partido de lo que decidamos. Pues bien, tras los años de desgobierno en manos de unos irresponsables, y tras los intentos infructuosos de Gil-Robles…
—El traidor.
—Tras los intentos infructuosos de Gil-Robles de acercarse a la República y de defender los intereses de muchos de nosotros desde dentro del sistema, la pirueta política de don Niceto Alcalá-Zamora, echándolo del Gobierno y convocando elecciones anticipadas, nos pone una vez más contra las cuerdas. Los grupos republicanos de izquierdas, empieza a saberse, se han reunido en el domicilio de un conocido azañista, y es vox populi que han llegado a un acuerdo firme con socialistas y comunistas para presentarse conjuntamente a las próximas elecciones. Formarán un solo bloque, el llamado Frente Popular, según lo que se preconiza desde Moscú, con un programa de mínimos ya consensuado por todos.
—¿Eso es un hecho? —preguntó uno de los cedistas.
—El acuerdo se hará público dentro de unos días. Por eso urgía reunirnos. Resulta imprescindible que las derechas, tal como lleva tiempo propugnando el señor Calvo Sotelo, nos pongamos de acuerdo y presentemos, si es posible, un programa común para sentar las bases firmes de una coalición similar. Llamémosle Bloque Nacional, como quieren algunos, o Frente Nacional Contrarrevolucionario, como quieren otros, el nombre ahora es lo de menos. Lo importante es que organicemos una coalición antimarxista que englobe a todas las personas de orden, monárquicos y republicanos.
—Eso ahora mismo es complicadísimo —insistió el marqués de la Vega Anzo—. La alianza entre radicales y cedistas se ha resquebrajado. Además, ¿quién la lideraría? ¿Lerrroux? Ha quedado desprestigiado. ¿Alba? Ya pasó su momento. ¿Gil-Robles? Se muestra demasiado infectado por el republicanismo. ¿Don Niceto? Desea montar su propio partido. ¿Qué nos queda? ¿Calvo Sotelo? Espantaría a los republicanos conservadores. ¿Goicoechea? Le falta altura. ¿Otra vez Romanones? No tiene edad. Y no podemos ponernos en manos de ese histrión de José Antonio y su pandilla de pistoleros, que nos llevarían al desastre. Me temo que, no habiendo tiempo suficiente para organizar una coalición electoral razonable que garantice el éxito, en caso de fracaso solo nos quedará el ejército. Los generales como Franco y Mola, que después de haber dado la espalda a la sanjurjada, empiezan a moverse…
—¡Bah! Franco no se moverá hasta que no lo vea muy claro.
—Es que lo empezará a ver muy claro, si gana el Frente Popular. Ese es el otro punto que importa fijar hoy en la reunión. ¿Qué demonios pasará si perdemos las elecciones?


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