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“La asistenta” vuelve al thriller de los 90 con mucha caradura (y escotes)

“La asistenta” vuelve al thriller de los 90 con mucha caradura (y escotes)

La asistenta, adaptación al cine del primero de los best sellers de la saga de Freida McFadden, hace de la caradura su mejor virtud. Pero en este silencioso regreso del thriller doméstico de los 90, esta vez en clave de dualidades femeninas y lucha de género, hay otra mente pensante además de McFadden. Su director, Paul Feig, ha abanderado el cine femenino en todos sus tonos, desde la comedia más petarda hasta el thriller… más petardo, y con La asistenta hace lo mismo que con La boda de mi mejor amiga, Espías o, sobre todo, Un pequeño favor, cuyo imposible sentido del thriller parece prolongar la aquí presente, pero sin el tono abiertamente cómico de la protagonizada por Blake Lively: se trata de entonar el registro más delirante posible sin perder la (aparente) seriedad, vistiendo de soterrado humor una cautivadora fantasía femenina de novela de aeropuerto como la de McFadden.

"Es una verdadera lástima que Feig, tan dotado para entonar ese registro, no resulte un director de suspense particularmente bueno"

Es una verdadera lástima que Feig, tan dotado para entonar ese registro, no resulte un director de suspense particularmente bueno. Ese dominio del ritmo, del espectáculo y de la set piece habría venido de fábula a La asistenta, que en ocasiones languidece por culpa de una duración excesiva y una blanda, televisiva puesta en escena. Pero para todo lo demás, Mastercard, parece decirse Feig, que disfruta de lo lindo sirviendo en bandeja un cine comercial obsoleto, premeditadamente tramposo y, ojo, basado en el atractivo indudable de sus protagonistas y productoras, Sydney Sweeney y Amanda Seyfried. Otro guiño al cine comercial acabado y de otra época que, quién lo diría, tras un par de décadas de sofisticadas IPs y cine de franquicias se siente hasta un poco refrescante.

Que a La asistenta le hubiera hecho falta un Adrian Lyne en la silla de director no lo cuestiona nadie. El realizador de Atracción fatal y Nueve semanas y media habría “vestido” la fábula de sensacionalismo femenino de eróticas e inolvidables imágenes. Pero sinceridad no le falta a Feig, pese a la mediocridad de sus planos. Es más, la falta de glamour cinematográfico del film, tan absolutamente dependiente del escote de Sweeney (ininterrumpido), la mirada volada de Seyfried (constante) y los pectorales de Brandon Sklenar (abultados) ayuda a convertir La asistenta en una parodia lujosa de esos telefilmes femeninos de Lifetime preñados de canciones pop que el film prefiere tomar como referencia antes que los clásicos de Hitchcock.

"Telenovela de mujeres de pasados complicados, apología de la venganza doméstica y fantasía de victimización y de poder femenino"

Telenovela de mujeres de pasados complicados, apología de la venganza doméstica y fantasía de victimización y de poder femenino, La asistenta requiere sintonizar una particular frecuencia petarda, una cierta sensibilidad comercial, si uno quiere pasar un rato decente. Estamos ante una versión de dos horas de Mujeres desesperadas para la gran pantalla, un tanto obvia pero también divertidamente caradura (y no nos referimos solo al pretendidamente inesperado giro del segundo acto, sino también a su inevitable e hilarante escena sexual y sus divertidos arrebatos sangrientos) que apela tanto a mujeres como a hombres en su visión descontrolada y refrescantemente irresponsable de la violencia doméstica.

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