Esta novela ha sido calificada como la historia de amor más hermosa y profundamente violenta de todos los tiempos. Un libro controvertido —acogido con tibieza por la crítica—, porque desafió los puntos de vista victorianos sobre moralidad, religión, clase, desigualdad de género y feminismo, y porque proporcionó una descripción inusualmente contundente de la crueldad física y mental.
En Zenda ofrecemos el arranque de la Introducción de esta edición de Cumbres borrascosas (Akal), de Emily Brontë.
***
Emily Brontë recortó y guardó cinco reseñas de Cumbres borrascosas. Esto sorprenderá a aquellos que la ven no sólo como una esfinge en su inescrutabilidad y firme en sus propias convicciones, sino también tan apartada del mundo como para ser completamente indiferente a lo que otros pensaran de su novela. El aislamiento social de Emily es un pilar del mito de las Brontë, que ha tenido una larga vida en el imaginario colectivo y que aún conforma la manera en la que muchos lectores experimentan en Cumbres borrascosas. Escribiendo como una de sus primeras lectoras, Charlotte, su hermana mayor, insiste en ello:
Incluso Charlotte se sorprendió al descubrir que las «escenas vívidas y terribles», que encontró en Cumbres borrascosas, eran una parte común de la vida creativa de su hermana. También hay muchas evidencias, aparte de este testimonio, de que Emily sí que pensaba que la sociedad educada requería que sus miembros fingieran grandes cantidades de ignorancia. No obstante, saber que leía las críticas de su novela y se preocupaba por conservar algunas de ellas corrige la idea de que no tenía ningún interés por lo que otros pensaran de su obra y «ninguna sabiduría humana». Cumbres borrascosas es la expresión de una mente sumamente independiente, pero no aislada. La determinación de Brontë para publicarla es una garantía de su ambiciosa esperanza de que encontraría una audiencia adecuada.
Como hermanas enormemente talentosas cuyas primeras novelas salieron, con meses de diferencia entre ellas, en 1847 —Jane Eyre en octubre y Cumbres borrascosas en diciembre—, Emily y Charlotte siempre han tenido un vínculo más cercano que Emily y Anne, la más jóvenes de las hermanas Brontë, cuya primera novela, Agnes Grey, fue publicada junto a Cumbres borrascosas como la tercera parte de una colección de tres volúmenes. Sin embargo, Jane Eyre y Cumbres borrascosas son muy distintas. A pesar de los esfuerzos de su editor para persuadir a los lectores de que una sola Brontë había escrito ambas novelas, Cumbres borrascosas no consiguió la misma alegre popularidad que Jane Eyre. Algunos de los temas de sus novelas tienen un parecido familiar, pero la diferencia de perspectivas sobre ellos de Emily y de Charlotte es tan grande como la que hay entre el Rochester de Charlotte y el Heathcliff de Emily. En Jane Eyre y Cumbres borrascosas, las mujeres hacen grandes reivindicaciones para ellas mismas, no se resienten por la charla abierta y el impactante comportamiento de los hombres de sus vidas y, en general, actúan de manera mucho más independiente de lo que las damas deberían. Pero las rebeliones organizadas en Jane Eyre son distintas en clase y rumbo a las organizadas en Cumbres borrascosas. En Jane Eyre, la rebelión es el medio para un final agradable y complaciente. En Cumbres borrascosas, la rebelión es un estado mental duradero y un fin en sí mismo.
Los programas narrativos de Jane Eyre y de Cumbres borrascosas también son sorprendentemente diferentes. La heroína que da su nombre a Jane Eyre proporciona el punto de vista desde el que se ve cada aspecto de su vida. La novela refuerza repetidamente la justicia del punto de vista de Jane y, a pesar de que ella cuenta su historia unos diez años después de su matrimonio con Mr. Rochester, casi no hay una diferencia perceptible entre la heroína joven y la madura.
Por el contrario, Cumbres borrascosas cuenta la mayor parte de la historia desde el punto de vista de Nelly Dean, una criada autodidacta de rango superior que es tanto una narradora fiable como completamente subjetiva. Se aferra a su propia idea del bien y el mal, que no es ni la de los personajes, cuya historia narra, ni la de su creadora. Los lectores del siglo XIX veían a Nelly como «un ejemplo de verdadera bondad y modesta lealtad», pero al menos desde mediados del siglo XX, también ha sido vista como «una de las villanas más consumadas de la literatura inglesa». Nelly no sólo es la lente a través de la cual vemos a los personajes y la acción de la novela. Su historia incluye los relatos escritos de otros personajes, así como su discurso citado, y todos estos componentes narrativos están enmarcados en la narración de Lockwood. Lockwood, el narrador principal de la novela, tiene un nombre que puede recordar al filósofo ilustrado Locke, pero no puede evitar sugerir confinamiento y mayor inaccesibilidad. Como un caballero londinense de vacaciones en una zona rural y pintoresca de Inglaterra, es en definitiva como un extranjero. El desconocimiento de las costumbres y de la cultura de los personajes cuyas historias oye le hace un narrador poco fiable, pero también lo hace su civilización, en el sentido que Freud desarrolla por completo en El malestar en la cultura. También está tan distanciado de su propia vida instintiva —el deseo de gratificación sexual y los agresivos y competitivos impulsos que la civilización cubre y contiene—, que sólo puede encontrar un sentido limitado a los habitantes de Cumbres borrascosas. A diferencia de Charlotte, Lockwood es un lector que se estremece muy poco y que duerme (con una excepción que todo lector de Cumbres borrascosas recordará) demasiado bien.
Las cinco reseñas que Brontë conservó representan la respuesta contemporánea a Cumbres borrascosas y confirman la indeleble impresión que causó en el momento de su publicación. Previsiblemente, los críticos estaban ofendidos o estupefactos por la brutalidad de la novela, confundidos por la ausencia de una brújula moral fiable atribuible a la autora y consternados por la ausencia de personajes que apreciar o admirar sin reservas. Todos, salvo uno, se quejaban de que la historia era «confusa» o «antiestética» o que estaba «torpemente construida». El origen de esa reseña, que no sólo reconocía el arte consumado de la novela, sino que la alababa incondicionalmente, no ha sido localizada y la conocemos sólo porque Brontë la guardó. El crítico está convencido de que cualquier lector reconocerá en Cumbres borrascosas «los sentimientos de la infancia, de la juventud, de la madurez y de la vejez, y todas las emociones y pasiones que agitan el inquieto pecho de la humanidad».
Cumbres borrascosas fue eclipsada durante el resto del siglo por las novelas de Charlotte y se leía con mayor frecuencia en su «Nueva edición», publicada en 1850, dos años después de la muerte de Emily. Contenida por Emily durante su vida, obligada por sus requisitos y siempre conciliadora, Charlotte se liberó con la muerte de Emily para convertirse en la editora e intérprete de su hermana. Su «Biographical Notice of Ellis and Acton Bell» [Reseña biográfica de Ellis y Acton Bell] y su Prefacio del editor a la nueva edición de Cumbres borrascosas (reimpreso al final de esta edición) estaban destinados a salvaguardar la reputación de Emily y en gran medida tuvieron éxito. La presenta ante sus lectores como una mujer buena y una escritora talentosa, pero también describe su novela como «una grosera y extraña producción» y anticipa que los lectores encontrarán el lenguaje, las formas y las costumbres de sus personajes «repulsivas». Si el Prefacio del editor revela la preocupación de Charlotte por la reputación de su hermana, también muestra su ansiedad por Cumbres borrascosas. Aun así, suya es la edición de Cumbres borrascosas que conformó la consideración de Emily durante el resto del siglo XIX y la mayor parte del XX.
Una obra de arte genuinamente nueva desconcierta a sus lectores porque cambia las reglas del juego y muchas de las dificultades que los coetáneos a Brontë tenían al reconocer el arte de Cumbres borrascosas pueden atribuirse a su originalidad. Este ha sido el fundamento de la crítica a las novelas de Brontë del siglo XX. «Ninguna generalización verdadera sobre Thackeray y Dickens, Trollope y Mrs. Gaskell, es verdad sobre ella», proclamó David Cecil en 1935. «Ella escribe sobre temas diferentes de una manera diferente y desde un punto de vista diferente». Escribiendo en 1950, F. R. Leavis, uno de los críticos más influyentes de su época, denominó, como es bien sabido, a Cumbres borrascosas «una especie de broma», una mutación espontánea que debe poco a las novelas que la precedieron y que ejercerá poca influencia sobre las novelas que vendrán: Emily Brontë «rompió por completo y de la forma más retadora tanto con la tradición de Scott que imponía al novelista una resolución romántica de sus temas, como con la tradición proveniente del siglo xviii que demandaba un reflejo en espejo plano del aspecto de la vida “real”».
Esa posición asegurada de Cumbres borrascosas como un clásico tiene mucho que ver con que haya sido leída de maneras tan radicalmente diferentes por tantos lectores. En esto se diferencia de otras novelas británicas del siglo XIX de longevidad comparable. Sin importar cuánto difieran los lectores y los críticos en sus aproximaciones y énfasis a Orgullo y prejuicio de Jane Austen o a Middlemarch de George Eliot, todos coinciden en que Austen está escribiendo una brillante novela sobre los modales y en que Middlemarch es una gran obra dentro del realismo del siglo XIX. Sin embargo, no hay semejante acuerdo sobre qué es Wuthering Heights. La novela de repente es una fábula moral y un relato realista sobre unas vidas particulares; un mito atemporal con afinidad con los cuentos de hadas y los romances, y una representación meticulosamente precisa de las cambiantes relaciones de clase y poder en Inglaterra durante la primera mitad del siglo XIX; una indagación metafísica en el erotismo y el mal y un gran romance; y demás. Como las agrupaciones perceptivas que identificamos como problemas de figura y fondo, es imposible apreciar todo esto en la novela inmediatamente. Por este motivo, Dorothy van Ghent la llama «la más traicionera [de todas las novelas inglesas] por la comprensión analítica de la aproximación». No es que la novela no proporcione, siguiendo la fórmula de Leavis, «un reflejo en espejo plano del aspecto de la vida “real”», sino que, a la vez, aporta mucho más.
[…]
—————————————
Autora: Emily Brontë. Título: Cumbres borrascosas. Traducción: Lucía Márquez de la Plata. Editorial: Akal. Venta: Todos tus libros.


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: