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Cuando Roma casi pierde su eternidad

Cuando Roma casi pierde su eternidad

Anno Domini MDXXVII

Roma, capital de la Santa, Católica y Apostólica cristiandad, fue el escenario de uno de los episodios más trágicos de la historia militar de los Tercios españoles. Lo conocemos como el Saco de Roma, no por capricho filológico, sino porque el término italiano Sacco di Roma fijó en la memoria europea un acontecimiento que aún está de actualidad. “Saqueo” sería correcto en castellano, pero insuficiente para expresar la carga simbólica y política de lo ocurrido en la Ciudad Eterna.

El Sacco no fue una operación planificada ni un estallido de barbarie gratuita. Fue la consecuencia extrema de una cadena de errores, promesas incumplidas y de una soldadesca abandonada durante meses sin cobrar sus haberes. Aquellos hombres —en los que predominaban soldados del imperio de los Habsburgo, muchos de ellos alemanes ya permeables a las tesis protestantes— decidieron cobrarse por su mano lo que el emperador Carlos V les debía, a costa de la Ciudad Pontificia y de los bienes de sus habitantes.

"Para los enemigos del papa, aquello confirmaba las profecías de Lutero, Erasmo o Calvino: el descrédito moral de una curia corroída por la corrupción y alejada del mensaje original de Cristo"

Tampoco el papa Clemente VII fue ajeno a la tragedia. Jugó a dos barajas, acercándose tanto al emperador como al rey de Francia, Francisco I, con la esperanza de preservar la frágil independencia de los Estados Pontificios. Aquella política ambigua acabó volviéndose contra él cuando Roma quedó atrapada entre intereses imperiales, ambiciones francesas y el avance imparable de la Reforma.

Como recuerda la reseña de la contraportada de Los cuatro pilares, novela del divulgador, traductor, investigador y recreacionista Yeyo Balbás (Torrelavega, Cantabria, 1972), durante meses las tropas imperiales sometieron a Roma a un brutal saqueo en el que se perdieron —o cambiaron de manos— algunas de las reliquias más sagradas de la cristiandad. Para los enemigos del papa, aquello confirmaba las profecías de Lutero, Erasmo o Calvino: el descrédito moral de una curia corroída por la corrupción y alejada del mensaje original de Cristo. El saqueo fue leído como un castigo ejemplar a una ciudad cuya conciencia parecía anestesiada frente a los abusos de quienes la gobernaban.

"Las pesquisas conducen a los protagonistas por un mundo turbio y fascinante: talleres donde la falsificación resulta más rentable que el arte, artistas dispuestos a todo, venenos y antídotos, crímenes silenciosos"

Entre los tesoros más codiciados figuraban las grandes reliquias custodiadas en San Pedro: la Lanza de Longinos, la calavera de san Andrés, la Verónica y un fragmento de la Vera Cruz. Durante y después del Saco se desató un mercadeo febril de reliquias y antigüedades, en el que no todo fue negocio: también se dirimían profundas luchas políticas y religiosas. Para algunos, la desaparición de aquellas reliquias abría la posibilidad de extirpar la corrupción de la Iglesia; para otros, su recuperación era una cuestión de fe, prestigio y poder.

El acuerdo final entre Clemente VII y Carlos V fue tan simbólico como pragmático: un capitán de los Tercios debía recuperar del botín las cuatro grandes reliquias para que sobre ellas se edificara, dicho de manera literal, la nueva cúpula de San Pedro. Así nace Julio de Castillo, protagonista de una intriga que combina rigor histórico y pulso narrativo. Su misión se verá enturbiada por una serie de asesinatos entre altos cargos de la Curia y del ejército imperial, en una trama donde se cruzan las redes de espionaje de Venecia y Francia, y que deberá desentrañar junto a Giovanna Inverno, agente de la poderosa familia Colonna.

Las pesquisas conducen a los protagonistas por un mundo turbio y fascinante: talleres donde la falsificación resulta más rentable que el arte, artistas dispuestos a todo, venenos y antídotos, crímenes silenciosos. Un universo donde la fe, la ambición, la nigromancia y el crimen se confunden, y donde cada objeto sagrado puede ser auténtico… o una falsificación casi indetectable.

"Me veo una vez más en la necesidad de recomendar un libro. Los cuatro pilares ficciona con notable solvencia un episodio poco conocido"

Confieso mi predilección por los escritores que crecen libro a libro, cuya prosa gana densidad literaria sin perder claridad. Yeyo Balbás pertenece a esa estirpe. Con cada nueva publicación avanza hacia una narración más consciente de su estructura y de la capacidad del lenguaje para crear sentido y dotar a la narración de belleza lingüística. En su nota final declara su intención de ir más allá de la leyenda del Saco de Roma, despojándolo del mito para devolverle su complejidad humana, política y moral.

Ahí reside, a mi juicio, uno de los mayores logros de esta novela: recordarnos que la historia rara vez admite lecturas simples. El Sacco di Roma no fue solo un saqueo ni únicamente una mancha en el honor de los Tercios; fue el síntoma de un mundo que se resquebrajaba, de una cristiandad en crisis y de hombres empujados al límite entre la miseria, la fe y la ambición de los poderosos. Una vez más, faltó poco para que la Ciudad Eterna dejara de serlo.

Por todo ello, me veo una vez más en la necesidad de recomendar un libro. Los cuatro pilares ficciona con notable solvencia un episodio poco conocido: la recuperación y devolución de las grandes reliquias de la cristiandad, un acto destinado a evitar el descrédito y el drama que habría supuesto la pérdida de algunos de los elementos fundacionales de la Iglesia Católica. En suma, Los cuatro pilares es una novela histórica ambiciosa y sólida, plenamente consciente del peso simbólico de aquello que narra y capaz de convertir un episodio de la historia —explotado hasta la extenuación por la Leyenda Negra—en un relato de honda resonancia política, religiosa y humana.

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Autor: Yeyo Balbás. Título: Los cuatro pilares. Editorial: Pàmies. Venta: Todos tus libros.

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