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13 de febrero de 1936: Más mítines

13 de febrero de 1936: Más mítines

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. En los dos primeros meses cuenta con la colaboración de Íñigo Palencia.

Jueves, 13 de febrero de 1936: Más mítines

¡Viva España! ¡Viva Zaragoza! ¡Viva la Virgen del Pilar! ¡Viva la CEDA!

Treinta mil almas ocupaban las canchas del Frontón Aragonés y aledaños, donde se estaba celebrando un grandioso mitin con las principales figuras de las derechas. Junto a José María Gil-Robles se veía a Ramón Serrano Suñer y a otros personajes importantes del partido. En las paredes del Frontón se exhibían carteles de la Unión Navarra, de Acción Popular, de Egea de los Caballeros. Si Gil-Robles, a su entrada en la cancha, fue acogido con varios minutos de aplausos, no menor estaba siendo el jubiloso recibimiento a Juan Antonio Cremades, candidato por la provincia. «¡Presente! ¡Presente! ¡Presente!», coreó la multitud, mientras este leía los nombres de los afiliados aragoneses del partido de Gil-Robles muertos por la causa.

"Una vez ganadas las elecciones por nosotros, piense bien si han de salirse o no del camino de la legalidad, porque, si así lo hicieran, les aplicaríamos la ley"

Una vez mitigado el primer fervor, le tocó el turno al diputado de la CEDA, Ramón Serrano Suñer, de encararse con el público.

—Gracias —empezó Suñer. Tenía que esforzarse para que su voz, acostumbrada a no alzarse, llegara a todos—. Son las tres de la tarde y en las setenta y tres horas que faltan para las elecciones somos muchos los que esperamos mantener a España con sus derechos de vida, fe y grandeza. El apoyo del pueblo español es el verdadero poder, y con él se desvanecen como enanos todos los demás. Que sepan los patricios y corifeos de la revolución que, si el pueblo nos asiste, exigiremos el poder. Por eso quiero ofrecerle al señor Gil-Robles el concurso de todos los aquí congregados para ayudar a salvar España…

El apuesto abogado fue abrazado por Gil-Robles. Nueva ovación general. Aún no se había acabado esta cuando Gil-Robles, visiblemente emocionado, alzó su mano y procuró calmar los ánimos.

—Amigos, compañeros y gentes de esta insigne ciudad de Zaragoza. Todos sois conscientes de que la CEDA es una coalición de lucha y de triunfos. La primera victoria, acordaos, la obtuvimos al llegar a la política española en aquellos momentos difíciles del año 31, cuando en el campo de las derechas no había apenas esperanzas de redención. Hemos triunfado del secular sentido individualista y de la impaciencia de nuestro pueblo, y este es el momento de preguntarnos todos: «¿Dónde están ellos?». Oigo decir que Azaña declara en sus discursos que, si el resultado de las elecciones les es adverso, se saldrán del camino de la ley. ¡Como si no lo hubieran hecho ya! Pues bien: yo le digo a Azaña que, una vez ganadas las elecciones por nosotros, piense bien si han de salirse o no del camino de la legalidad, porque, si así lo hicieran, les aplicaríamos la ley de un modo que no tuvieran nunca ocasión de reincidir. ¡Porque nosotros no nos saldremos nunca de la legalidad! Las derechas aspiramos a la normalidad y a la tranquilidad. Pero la normalidad y la tranquilidad no podrán existir mientras el crucifijo en la escuela constituya un delito. ¡Y por eso vais a votar! Vais a votar por Dios, por España, por vuestros hijos y por el porvenir de la patria. ¡Por España y nada más que por España! —concluyó.

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