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La novela trágica de Karina Sainz Borgo

La novela trágica de Karina Sainz Borgo

Nazarena: cuatro sílabas, ocho letras, ocho hermanas. Ella, la séptima, como siete son los puñales clavados en el pecho de la Virgen de los Dolores. Ocho mujeres volcadas al sacrificio, entre ellas Nazarena, nombre que lleva el sello del sufrimiento. Ocho más una: Aparecida, la doméstica, la novena figura de esta estirpe femenina, encargada de cuidar y mantener un linaje condenado al encierro. En el pueblo las llaman las Vicentas: Poncia (la mayor), Bendita (la única casada), Leda (la suicida), Natalia y Amelia (las gemelas), Vicenta (viuda y madre soltera), Nazarena y Carmen (la pequeña). Todas hijas de Inocenta Núñez Núñez y de Giuseppe della Vincenza, un inmigrante llegado del norte de Italia para trabajar en la construcción del ferrocarril en el pueblo ficticio y exhausto de La Araira.

En esta casa bajo «cerrojo», con la madre muerta en vida y el patriarca ya fallecido, las hermanas velan juntas un pasado inmóvil. Mientras tanto, una constelación de pretendientes —casi tantos como las propias hermanas— comparece y se disuelve: un empresario minero, un «vendedor de ojos» (es decir, de monóculos y telescopios), incluso un sacerdote, que llaman a la puerta, piden por turno a una de ellas y luego desaparecen. En Nazarena, lo masculino no se instala: irrumpe, deja marca y se retira. La casa, el corral, la parroquia, el cementerio y el galpón de la vecina Eufrasia, con sus yeguas, configuran un mundo reducido y asfixiante, el escenario opresivo de esta perturbadora novela de Karina Sainz Borgo. En este paisaje sin redención, el deseo se consume en la clandestinidad, los embarazos son indeseados o imaginarios y el olor a petróleo —el «oro negro» que ha desplazado la fiebre de la caña de azúcar— impregna el aire como una promesa de progreso transformada en amenaza.

"Un horror coral en el que el miedo se infiltra en la acumulación de voces que no callan y en la persistencia de un pasado que resiste a cerrarse"

La novela se articula en dos voces femeninas —Nazarena y Brígida— que, en primera persona, narran, desde tiempos distintos, una historia que lleva el nombre de una y podría llevar el de la otra. Brígida, tres sílabas—apodada la Recogida por las monjas y la Santita para su amante clandestino, Mendito, un gitano andaluz violinista— solo sabe de sí que ha quedado huérfana y «sin apellido alguno, ni materno ni paterno», tras sobrevivir a un incendio del que fue rescatada de milagro y que le dejó la piel cuarteada y cubierta de escamas. Es acogida por las internas del dispensario Nuestra Señora de las Angustias, en el que ocupa el último escalón de una jerarquía implacable de religiosas y madres superioras. Allí se encarga del cuidado de pobres y enfermos y asume las tareas que nadie quiere realizar —entre ellas, la quema de los nidos de avispas—, trabajos expiatorios que desgastan aún más su cuerpo y convierten su existencia en penitencia. Nazarena, por su parte, permanece recluida en la casa paterna, prisionera de una genealogía femenina confinada tras ventanas y rejas, en una casa-jaula marcada por la obediencia, el martirio cotidiano y la renuncia.

Ambas voces se entrelazan formando un relato que progresa en paralelo, como las vías del ferrocarril que conducen hasta La Araira. Sobre este entramado se instala una coralidad ensordecedora, atravesada por cantinelas de órdenes y oraciones, secretos de familia, pecados de confesionario, conversaciones alrededor de las hornillas y canciones infantiles. Un horror coral en el que el miedo se infiltra en la acumulación de voces que no callan y en la persistencia de un pasado que resiste a cerrarse.

"Sainz Borgo expande su registro narrativo y se interna en un territorio donde lo extraño y lo inquietante no erosionan la verosimilitud, sino que la intensifican"

Nazarena se afirma como una tragedia rural con toques sobrenaturales y resonancias lorquianas, sostenida por una prosa de precisión implacable. Karina Sainz Borgo construye un mundo de deseo sofocado y destino inexorable desde una voz propia, capaz de conjugar violencia y lirismo con una teatralidad incisiva: la casona como escenario único, las hermanas como reparto inalterable, las tareas domésticas como gestos rituales reiterados y las voces —rezos, órdenes, susurros— como un coro que acompaña y sanciona. Barrer, lavar, rezar u obedecer son actos trágicos en los que cada cuerpo ocupa su lugar y cada silencio vale como réplica. En este diseño formal, la presencia de Federico García Lorca no resulta casual: integrada en la trama a través del gitano enamorado de Brígida, quien lo acompaña en su gira porteña de los años treinta, funciona como una clave de lectura. Sainz Borgo dialoga con esa tradición para radicalizarla, llevando la teatralidad al interior de la prosa. La tragedia se representa una y otra vez, hasta consumarse en el interior de la casa y en el cuerpo de las mujeres, como si cada capítulo fuera un acto más de una obra que no encuentra clausura.

Con Nazarena, además, la escritora profundiza y oscurece una exploración del daño heredado y corporal que ya atravesaba sus libros anteriores, llevándola aquí a un territorio no mimético. Más allá de la resonancia teatral que vertebra la novela, se abre un segundo pliegue, más sombrío, en el que la escritura se interna en un horror genealógico, transmitido como herencia y encarnado en los cuerpos de un linaje de mujeres anudadas por la sangre. La casa familiar se erige entonces en un monasterio desacralizado —una tumba almidonada, una mortaja habitada— y la novela da un nuevo giro para injertarse con fuerza en la tradición del gótico doméstico, atravesado por una inquietud ominosa y creciente. En ese giro —entre visiones y alucinaciones, locura e imaginación—, Sainz Borgo expande su registro narrativo y se interna en un territorio donde lo extraño y lo inquietante no erosionan la verosimilitud, sino que la intensifican. El resultado es una escritura de ambición notable y potencia formal, capaz de convertir el horror en una forma de memoria activa y de pensamiento, y de afirmar Nazarena como uno de los textos más arriesgados y contundentes de su trayectoria.

"Solo al final, como un resto de gracia en medio de la tragedia, irrumpe el violín prodigioso del gitano Mendito: un sonido leve en toda la novela"

Pero la novela aún da una vuelta de tuerca a su imaginería de raíz infernal. Entre Nazarena y Brígida, como una bisagra siniestra, se alza un árbol. O, más bien, el cadáver de un árbol. De sus ramas cuelgan ocho «muerticas», ocho cuerpos de mujeres «colgados del pescuezo», visibles solo para Brígida, la única capaz de escucharlos. A sus pies yacen jaulas abiertas de loros decapitados, con barrotes herrumbrosos, arrojadas a la tierra seca como huesos en descomposición: restos de un pasado espectral, de un desierto abandonado que remite al paisaje yermo de El tercer país. Este árbol parece arrancado del bosque de los suicidas del infierno dantesco, donde los troncos emiten lamentos y comienzan a hablar cuando se les formula la pregunta más insistente de toda La Divina Comedia: «¿Quién eres?». Como allí, en Nazarena la materia vegetal se petrifica y conserva la memoria del daño. Y, como Dante, Brígida se atreve a preguntar, a sostener la mirada de esas «espantapájaras» que se balancean en la selva oscura, en un diálogo sin tregua entre los cuerpos que aún respiran y aquellos que no han aprendido —o no pueden— callar. Leer Nazarena es internarse en ese infierno oscuro y fantasmal y aceptar que, una vez dentro, hay voces que no se extinguen y reclaman escucha.

Solo al final, como un resto de gracia en medio de la tragedia, irrumpe el violín prodigioso del gitano Mendito: un sonido leve en toda la novela, una música luminosa capaz de devolver los pájaros al pueblo y de insinuar, por un instante, que incluso en una tierra quemada, donde solo quedan cenizas, todavía puede vibrar algo parecido a la vida. Karina Sainz Borgo entrega una novela sinestésica que no solo se lee, sino que se escucha, se recuerda y deja una huella persistente, como el olor del fuego mucho después de apagado.

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Autora: Karina Sainz Borgo. Título: Nazarena. Editorial: Alfaguara. Venta: Todostuslibros.

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