Inicio > Libros > Narrativa > No quedarse inmóvil
No quedarse inmóvil

Tal vez esta sea la regla número uno para mantenerse vivo: si te quedas quieto, no eres nadie. No se puede vivir por inercia. En algún momento, por mucho que tú pretendas que todo se congele, lo que sucede a tu alrededor te afecta y te obliga a tomar partido. En esta novela de Percival Everett (Fort Gordon, Georgia, 1956) se utiliza el concepto de necesidad a esa toma activa de postura, y se representa de manera extrema: el azar empuja al protagonista, a nuestro narrador, a querer salvar a un grupo de mujeres sometidas a esclavitud. Eso que hemos designado como azar sucede dentro de un contexto brutal, bajo el empuje de una enfermedad terrible que sufre la hija del narrador, que será el verdadero motor de la acción de nuestro protagonista. La novela, debemos decirlo desde el principio, funciona como una maquinaria perfecta. Hay una tensión que no decrece, hay intriga y hay, sobre todo, unas relaciones entre los personajes que son de muy alto calado humano.

"Hay respeto a la vez que costumbre, y sospechamos que, de haber escuchado la voz de ella, ese respeto sería mutuo. No sabríamos decir si existe una crisis de pareja"

Lo primero que sabremos es que el narrador es consciente de que va a contar algo que es muy interesante. A pesar de ello, tarda unas cuantas páginas en soltar la noticia, la enfermedad de su hija, que le lleva a plantearse que todo lo que es, todo lo que ha sido durante cuarenta y dos años, no sirve de nada. La niña tiene doce años cuando la diagnostican una enfermedad rara, degenerativa y si tratamiento. Pero durante esas cien primeras páginas hemos asistido a lo cotidiano como construcción de lo que va a salirse de lo cotidiano, manteniéndose, eso sí, dentro de los cauces de la realidad. Un profesor universitario mantiene una bonita relación con su hija, en la que cobra especial importancia las partidas de ajedrez, mientras nos va describiendo una vida en la que nos preguntamos qué traumas le han construido y cuáles son los límites de su personalidad. Es un tipo que está descontento con casi todo y no tiene ningún reparo en expresarlo. Apenas le saca de su rutina las insinuaciones de una alumna y la relación con una colega. Mientras tanto, vamos recibiendo, desde un segundo plano, una relación con su mujer que está construida sobre la rutina familiar. Hay respeto a la vez que costumbre, y sospechamos que, de haber escuchado la voz de ella, ese respeto sería mutuo. No sabríamos decir si existe una crisis de pareja.

"Hay que recordar la etimología de la palabra ingenuo, que viene del latín ingenuus, que quiere decir nacido libre. Magris escribe para recordarnos el significado de esta palabra"

Pero a partir de la noticia, asistimos a un cambio de percepción del narrador, que se preocupa más por los detalles, sin terminar de interpretarlos, y también se preocupa por la afectación sobre su familia. La sensibilidad hacia su mujer y la extrema preocupación por su hija, se imponen. La demostración es el viaje a París, el sueño, el mito, pero también el último deseo. Al protagonista le sigue resultando imposible naturalizar la muerte, que ha sido, en buena medida, lo que le ha inmunizado contra tantas cosas, pues las de sus progenitores fueron trágicas, la del padre, y complacida, la de la madre. En cualquier caso, inusuales y prematuras. Hasta que una nota encontrada en una camisa comprada por internet le lleva hasta un lugar perdido de Nuevo México, donde comienza una investigación en la que tendrán lugar nuevos encuentros, con gente que le apoya o le advierte, y también con dos personajes cuya aparición nos lleva a recordar la de otros dos tipos siniestros que serán la asfixia del protagonista de Victoria, la novela de Conrad. A partir de ahí, y contra cualquier desarrollo posible de los acontecimientos, lo que se impone es la necesidad. Necesidad de salvar, necesidad de sentir que salva, ya que no puede hacer gran cosa por la persona que más quiere. La novela tiene un desarrollo que nos intriga y mantiene atados a ella, pero es, por encima de todo, una representación muy emocionante de las relaciones humanas.

—————————————

Autor: Percival Everett. Título: Teléfono. Traducción: Javier Calvo. Editorial: De Conatus. Venta: Todos tus libros.

5/5 (1 Puntuación. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios