Asturias, años 30. Dos hermanas: una se enamora de un guardia civil, la otra de un joven minero implicado en la lucha obrera. Pero en aquella España prebélica, el amor nunca es solo amor: es clase, es política, es destino.
En este making of Mayte Uceda explica cómo escribió Los amores paralelos (Planeta).
***
Cuando me planteé escribir una novela sobre el estallido revolucionario de 1934 ignoraba, ingenua de mí, que me iba a dar de bruces con la Historia. Soy asturiana, en mi familia hubo mineros y tengo amigos en las dos cuencas mineras de la región. Las huellas de aquel suceso todavía se dejan ver en algunos edificios de Oviedo. Cuando paseo frente al bello teatro Campoamor me viene a la cabeza la imagen de sus cuatro paredes chamuscadas que guardo en un recorte de periódico. Esas paredes fueron lo único que quedó en pie del emblemático edificio al que muchos conocerán por acoger cada año los premios Princesa de Asturias.
Mi afán investigador, del profano que se acerca a la Historia con la mente abierta y enarbolando la bandera del eclecticismo, pronto se topó con una muralla de corrientes ideológicas que se asomaban a las páginas de los hispanistas que caían en mis manos.
No me rendí y seguí rascando bajo la arena, con las palabras del filósofo José Antonio Marina sobrevolándome: «Uno de los virus de la ideología postmoderna es creer que no podemos llegar a la verdad».
Les hice la cobra a los hispanistas y acudí a la prensa histórica. Prensa de todo palo político, prensa sindical y católica. Continué con las memorias y diarios de los protagonistas: Alcalá Zamora, Azaña, Largo Caballero, Gil Robles, Indalecio Prieto y, sobre todo, de mi admirada Clara Campoamor, que no se casó con nadie y acabó despreciada por todos —incluso unos falangistas planearon arrojarla por la borda del barco en el que abandonaba España—, y seguí profundizando con excelentes cronistas como Manuel Chaves Nogales o Josep Pla. Todos ellos acabaron de ofrecerme una idea bastante aproximada de lo que fueron aquellos complejos años 30. También comprendí por qué es un período tan poco tratado por los escritores, aunque para mí ya era tarde: había entrado en el punto de no retorno.
Me senté a escribir. Tenía a dos familias ficticias esperando a que terminase ese proceso de documentación para cobrar vida; una familia acomodada de Oviedo que regenta una tienda de imaginería religiosa muy cerca de la catedral, con dos hijas casaderas y un tío cura, y otra familia donde malviven dos jóvenes mineros implicados en la lucha obrera y afiliados a la CNT.
Que las hijas se enamoren de hombres opuestos —un guardia civil y un minero— fue algo deliberado que me daba la oportunidad de mostrar la historia desde dos puntos de vista. Como el lector sabrá, lo primero que hicieron los revolucionarios fue asaltar los cuarteles de la Guardia Civil, y en algunos de ellos se vivieron verdaderos combates de guerra, que concluyeron, hay que decirlo, con los edificios de la Benemérita reventados a fuerza de dinamita y los guardias muertos. Quería sentar a esos dos hombres a la misma mesa y ofrecerles la posibilidad de debatir. Y lo conseguí, los senté a la misma mesa, con Prieto, Azaña, Robles, Largo y el cardenal Segura susurrándoles al oído. Sin embargo, no conseguí que dialogaran de forma tan pacífica como había previsto.
Eran hijos de su época.
El triste balance de la insurrección fue de unos mil quinientos muertos y alrededor de veinte mil encarcelados.
Con todo ello, el lector no debe esperar una novela de alto contenido político, donde los personajes transiten por la historia con un letrero encima que diga si está del lado bueno o malo del relato. Al contrario, se le ofrece la posibilidad de extraer sus propias conclusiones. Mi misión como autora era conocer el contexto lo mejor posible y situar a los personajes en él. Personajes con familias que sacar adelante, unos tratando de defender sus privilegios, o el orden al que representan, y otros queriendo librarse de sus sepulcros de carbón, estos últimos agitados y utilizados como avisperos, contagiados de la violencia política que se vivía en aquel momento, hasta lograr que marchasen en tromba sobre la ciudad de Oviedo. Gente enfurecida hasta lo indecible, acostumbrada a sufrir como nadie, dura como peñascos y con muy poco que perder. ¿Qué podía salir mal?
Pero sobre todo, esta es una historia de cómo la incomprensión, la intolerancia y la extrema polarización son capaces de levantar murallas dentro de una misma familia, un rencor que, en ocasiones, amenaza con durar toda la vida.
La memoria tiene un superpoder. No solo me refiero a la Memoria con mayúscula, también a la más íntima y personal. Y es que podemos utilizarla para sanar heridas o, por el contrario, para eternizarnos en la discordia.
—————————————
Autor: Mayte Uceda. Título: Los amores paralelos. Editorial: Planeta. Venta: Todos tus libros.


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: