Inicio > Historia > 1936 día a día > 24 de febrero de 1936: El carnaval de la Villa

24 de febrero de 1936: El carnaval de la Villa

24 de febrero de 1936: El carnaval de la Villa

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. En los dos primeros meses cuenta con la colaboración de Íñigo Palencia.

Lunes, 24 de febrero de 1936: El carnaval de la Villa

Este año casi nadie tenía ganas de carnaval. La asistencia a los desfiles, la presencia de máscaras, la participación de comparsas y rondallas eran bajas. En los periódicos se habló de decadencia del festejo. Los madrileños no estaban para carnavales. Los cambios políticos y los desórdenes quitaban las ganas de divertirse. Había gente disfrazada, atractiva y grotesca a la vez, algunos niños vestidos de colores montados sobre el techo de los taxis. Pero, en general, el tono era rebajado.

Lo comentaron en Castellana dos mujeres que asistían al final del insípido desfile. Eran las primas de Pepe Mañas, dos huérfanas que vivían con él en Carabanchel y que eran como sus hermanas.

—¡Qué pena da este año todo, Rosa! Cuatro carrozas y tres máscaras. Y mira qué vacías las aceras. Cuatro gatos estamos aquí…

"El desfile era deslucido. El número de carrozas era menor que otras veces. El celebérrimo Ramper, el incombustible payaso, fue el único que arrancó los aplausos y las risas de los espectadores"

—Qué pena, sí, Inés.

—Pero ayer me han dicho que estuvo mejor. A lo mejor es el tiempo… —dijo Inés, encogida en su abrigo. Los transeúntes, alrededor, caminaban deprisa, azotada la cara por el viento.

—Todos los años hace el mismo frío y nunca ha sido motivo para que haya tan poca gente —dijo Rosa, la cascarrabias, la más dominante de las dos—. Que no estamos para carnavales. Que ya tenemos bastantes carnavales todo el año con esta República.

—No hables así, hermana. Parece que la República nos ha hecho algo malo.

—Ni malo ni bueno, Inés. Seguimos igual que en los tiempos de Alfonso XIII.

—No exageres, que algo bueno saldrá de esto.

—Sí, pero mientras tanto nos chafan el carnaval.

Rosa tenía razón. El desfile era deslucido. El número de carrozas era menor que otras veces. Algunas eran vistosas, como la titulada La Joya, donde una chica, una rubia oxigenada como se llevaba últimamente («una fresca», según Rosa), aparecía como la perla de una estrafalaria ostra gigante. Otra representaba la clásica cabeza gigante de un barbudo encapuchado. Las de detrás seguían la moda de los tiempos. Reproducían personajes de los cortometrajes de Disney, que se proyectaban en los cines antes de las películas y que ya disputaban la popularidad a los payasos del circo Price, aunque ninguno podía todavía competir con el celebérrimo Ramper. El incombustible payaso fue el único que arrancó los aplausos y las risas de los espectadores cuando pasó por entre las carrozas, con su inconfundible maquillaje y su traje de brillante color escarlata, montado en un minúsculo cochecito de pedales.

"¿Quién iba a decirles a las gentes que por el frío y la falta de ganas no acudieron a presenciar el tradicional desfile de carrozas, que aquel deslucido carnaval sería el último que se celebraría en cuarenta y cuatro años?"

Ninguna carroza, en definitiva, sería recordada por su factura. Tampoco brillaron las comparsas ni las máscaras. Algunas tunas desfilaron entremedias tocando guitarras y bandurrias. La máscara que ganó el primer premio fue Novio y Novia. Su ingeniosidad consistía en que representaba una persona mitad mujer, mitad hombre. La mitad del cuerpo vestía traje de novia, con velo; la parte izquierda, la masculina, de novio.

—Qué lástima de desfile, Rosa.

El aire frío barrió a los escasos espectadores. Rosa e Inés, las dos primas de mi abuelo, se dirigieron, defraudadas, a la parada del tranvía. ¿Quién iba a decirles a los madrileños, a las gentes que por el frío y la falta de ganas no acudieron a presenciar el tradicional desfile de carrozas, que aquel deslucido carnaval sería el último que se celebraría en cuarenta y cuatro años?

Todas las entradas de 1936 día a día

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios