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Redescubriendo el teatro de López Aranda

Redescubriendo el teatro de López Aranda

Las piezas teatrales de Ricardo López Aranda Esperando la llamada y La contrata han vuelto a ser objeto en 2025 de una edición, esta vez conjunta, y precedida de anotaciones del autor, y ciertamente tan renovada que confiere a estos textos la condición de inéditos si se confrontan con sus versiones iniciales. De la tarea, en la que se han incluido notas a pie de página en algunos momentos de los textos, se han ocupado al alimón el catedrático de Teoría de la Literatura da la UNED Francisco Gutiérrez Carbajo, y Verónica López-Aranda, hija del dramaturgo, corriendo a cargo del primero un estudio introductorio de las mismas.

Ha sido un acierto que ese par de títulos tan representativos de la estética realista del santanderino se ofrezcan otra vez al lector, pero más rigurosamente desde el punto de vista filológico, y ahora por la viguesa Ediciones Invasoras, especializada en insertar en la dinámica de la cultura española diversas colecciones de índole teatral. Entiendo que podría resultar un logro a posteriori que la edición del tomo que comprende Esperando la llamada y La contrata supusiese un punto de partida para emprender el proyecto de una edición progresiva de tantas otras escrituras del autor que, a comienzos de 2026, a los treinta años de su muerte, acaecida en Madrid a fines de 1996, y a un mes de haber cumplido sus sesentaidós, continúan en un infructuoso desconocimiento.

"La calificación de obras inéditas, al igual que la de no publicadas, la comparten tanto algunas que son originales como distintas adaptaciones de textos clásicos de las letras españolas y de las universales"

Usualmente no procede referirse a los apartados bibliográficos que constan en ediciones semejantes a la que estoy reseñando, y cuyas entradas se van sucediendo como un ritual obligado, bien al término del estudio preliminar, bien al término del volumen, como es el caso. Pero en esta ocasión me pareció improcedente no dejar constancia de un supuesto fuera de lo común en la bibliografía que se relaciona al cabo del libro, y sobre la cual se nos alerta de que no es exhaustiva: tras los esperables marbetes de las ediciones publicadas de obras teatrales de Ricardo López Aranda, de sus contados textos poéticos aparecidos en revistas, de sus obras de literatura infantil y juvenil, de las autocríticas, prólogos y presentaciones de varias piezas, de los estudios sobre su dramaturgia, etcétera, etcétera, llama poderosamente la atención el tan extraordinario número de escritos creativos, algunos colaborados, que permanecen del todo inéditos, a los que hay que agregar aquellos otros que no puede decirse que son por completo desconocidos, porque fueron visualizados sin acabar estampándose, o porque solo los conocen quienes asistieron a lecturas públicas ad hoc.

La calificación de obras inéditas, al igual que la de no publicadas, la comparten tanto algunas que son originales como distintas adaptaciones de textos clásicos de las letras españolas y de las universales, muchas de carácter cinematográfico y para Televisión Española, ente a cuyo departamento de guiones y adaptaciones se incorporó Ricardo López Aranda en los sesenta. Entre las primeras destacan las de Pérez Galdós, y entre las foráneas las de Molière, pero sin olvidar en ambos lados las que realizó de La Celestina con el título de Calixto y Melibea, la del Quijote, la de El Buscón de Quevedo, subtitulada “esperpentomaquia” en convergencia con el contexto de revigorización en los setenta de la estética deformante valleinclaniana. Entre las segundas han de mencionarse las varias de Ibsen, La locandiera de Goldoni, Juno y el pavo real de O’Casey, El pájaro azul de Maeterlinck, María Estuardo de Schiller, y La cena de los figurones de Anouilh.

"La singladura escénica de Ricardo López Aranda fue jalonada desde muy pronto con diversos galardones, tanto otorgados a algunas de sus obras originales, como a diferentes reescrituras suyas"

No pocos de los textos pendientes de edición se corresponden con diferentes modalidades de escritura, entre los cuales se hallan también rangos inusitados, así el café-teatro, el ballet y hasta el musical. Tanta y tan infrecuente abundancia de textos que hoy por hoy siguen lastimosamente en un olvido improcedente no solo atestigua la laboriosa índole prolífica del dramaturgo cántabro, sino también su insólita versatilidad. Un caudal tan cuantioso como el que estamos mencionando, de poderse añadir a la producción que se conoce, iba a implicar que la figura literaria de Ricardo López Aranda adquiriría un redondeamiento más cumplido, más enriquecedor, pese a ser bien conocida su trayectoria, a la que la historia del teatro español de la segunda mitad del siglo XX ya concede un espacio notable y significativo.

La singladura escénica de Ricardo López Aranda fue jalonada desde muy pronto con diversos galardones, tanto otorgados a algunas de sus obras originales, como a diferentes reescrituras suyas. En el haber del dramaturgo han de consignarse también sus celebrados éxitos teatrales en España, así como su incursión exitosa en ámbitos norteamericanos en los ochenta. Entre esos últimos señalamos la escritura de la serie de treinta capítulos sobre la figura de la independentista decimonónica mexicana Leona Vivario, serie que se difundió en el canal 13 de la televisión azteca, y han de recordarse igualmente las puestas en escena de su pieza Isabelita la Miracielos en el neoyorkino Thalia Theatre de Greenpoint.

"Junto al antecitado doble carácter de autor prolífico y versátil, en su estudio prologal destaca Gutiérrez Carbajo en la obra de López Aranda los rasgos del afán de renovación del teatro de su tiempo"

Gutiérrez Carbajo nos ha recordado que el autor ya recibió en sus comienzos el Premio Nacional de Teatro Universitario por Nunca amanecerá, publicado en 1958 en Madrid por el Sindicato Español Universitario, por sus siglas S.E.U. Fue aquella una pieza donde el influjo de Buero Vallejo, y en concreto de su obra Madrugada, era muy evidente. Poco tiempo después, en 1960 se presenta el joven dramaturgo al Premio Calderón de la Barca con varios títulos, uno de las cuales fue precisamente La contrata, y lo obtuvo merced a la titulada Sinfonía en gris, texto nuevamente de influjo bueriano, y sobre todo de la obra Hoy es fiesta. El ascendiente del dramaturgo de Guadalajara también se va a dejar sentir en piezas posteriores de López Aranda. La recién referida, Sinfonía en gris, se representará en 1961 con otra titulación, la de Cerca de las estrellas, siendo estrenada con éxito en el María Guerrero. De esta pieza llevaría a cabo asimismo su autor una adaptación para la película homónima de César Ardavín que obtuvo, entre otros, los premios del Festival de cine Ciudad de Valladolid, y el internacional Mar del Plata. La obra sería publicada en 1962 en Madrid por Editorial Aguilar.

En los sesenta, en la producción del dramaturgo de Santander, ponemos énfasis en la obra de 1963 que tituló Yo, Martín Lutero, aunque iba a darle también el título de El impostor. En ella la mira prioritaria no se traduce en una escenificación controversial teológica dentro del género del teatro histórico, sino que el enfoque dado a la pieza será preferentemente sociopolítico. En los setenta subrayaremos la creación en 1976 de otro texto sobre una figura histórica, Mariano José de Larra, quien inspira su pieza Un periodista español. En los ochenta realiza Ricardo López Aranda otra incursión en esa línea, estrenando en 1983 en el teatro de la Comedia de Madrid la obra Isabel, reina de corazones. Dirigida por Antonio Mercero y basada en vicisitudes reales cuando no imaginarias de la tildada como la reina castiza y la de los tristes destinos, Isabel II de España, esa tan compleja figura es revivida en los días de su exilio parisino desde una mirada antivalleinclanesca, como indicó César Oliva, pues en la pieza prevalece una tierna comprensión del personaje.

"En una corriente realista que se expresaba desde un realismo social o crítico, Ricardo López Aranda no fue un seguidor ortodoxo como lo fueron otros coetáneos suyos"

Junto al antecitado doble carácter de autor prolífico y versátil, en su estudio prologal destaca Gutiérrez Carbajo en la obra de López Aranda los rasgos del afán de renovación del teatro de su tiempo; de minucioso creador, reelaborador y depurador constante de sus propias obras, a las que infunde una pátina poética; y especialmente el rasgo fundamental de haberse adscrito en su momento a la estética realista que en los cincuenta y parte de los sesenta del pasado siglo se extendió por la cultura española. Lo hizo a resultas de la llamada “operación realista”, propagada primero desde la narrativa, pero que enseguida iba también a reflejarse en la poesía y en la dramaturgia de entonces, siendo en el área del teatro Alfonso Sastre su adalid más activo y de referencia. En esa difusión colaboraron varias revistas que apoyaban ese postulado artístico, entre ellas Acento cultural, Laye, Ínsula, pero asimismo otras bien ajenas a él pero que, sin embargo, concedieron espacio a quienes lo seguían.

En una corriente realista que se expresaba desde un realismo social o crítico, Ricardo López Aranda no fue un seguidor ortodoxo como lo fueron otros coetáneos suyos. El dramaturgo santanderino complementó esa estética, como remarca Gutiérrez Carbajo, con la “vertiente histórica e historicista, y con el componente existencial” (33). Ese último factor está representado tanto en Esperando la llamada como en La contrata, obras ambas en las que el estudioso pone de relieve unas problemáticas vitales y existenciales en las que se conjuga una bien perceptible “determinación social” (34).

Dados los extraordinarios parecidos que muestran ese par de obras, el hecho de haberlas editado conjuntamente invita a leerlas juntas. Da lo mismo en el orden en el que se sucedan, aunque siempre habría de tenerse presente su datación respectiva a la hora de compararlas. Esta edición de 2025 contribuye, por consiguiente, a hacer bien factible percatarse de sus tan evidentes semejanzas, a la cabeza de las cuales habría que situar que se sustentan las dos en la intercomunicación intensa en una buhardilla madrileña de sus únicos personajes, Andrés y Luisa. La pareja conforma un matrimonio joven presa de inciertas esperanzas sobre su futuro y cuyo amor mutuo no impide que caigan en retorcimientos sicológicos que de tanto en vez son torturadores e hirientes para ambos. Entre las diferencias sobresale que el texto de La contrata está dividido en tres actos que se corresponden con distintos momentos cronológicos, mientras el de Esperando la llamada no está subdividido, sino que puede representarse en continuidad escénica.

"La oportunidad de esta edición en buena medida podría atribuirse a que ese par de piezas escénicas desarrollan contenidos que mantienen en muchos sentidos una sorprendente vigencia"

Amén de la disparidad que acabo de anotar, acaso la más digna de nota se da en los respectivos finales de esas piezas: el de La contrata es menos abierto, pues apunta a un porvenir económico que parece seguro para el abogado Andrés, aunque librándose conscientemente a un empleo donde el modus operandi habitual son las corruptelas. De Esperando la llamada el autor dejó dos versiones no coincidentes en su final, de las cuales los editores han elegido la más abierta porque faculta mucho más al público para proponer su propia conclusión. Frente a la acción del personaje de no coger el teléfono ante la llamada que tan ansiosamente esperaba, acción que deja en el alero las causas y el sentido profundo de su inseguridad, se optó por ofrecer el texto en el que Andrés arranca el teléfono en una acción que se abre a interpretaciones variadas, entre ellas las de huir, de rebelarse, de sentirse liberado o de haber sucumbido al abrumador desespero que le atosiga.

La oportunidad de esta edición en buena medida podría atribuirse a que ese par de piezas escénicas desarrollan contenidos que mantienen en muchos sentidos una sorprendente vigencia. La mantienen pese a tan distintos contextos como lo son aquel en que se crearon y este en que se acaban de editar. Por ese motivo suscribimos la apreciación de Gutiérrez Carbajo de que ese argumento “conserva en nuestros días una tremenda actualidad. Ahora como entonces los jóvenes no pueden aprovechar su tiempo, no pueden desarrollar todas sus potencialidades porque su tiempo es un puro contratiempo” (45).

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Autor: Ricardo López Aranda. Título: Esperando la llamada / La contrata. Editorial: Ediciones Invasoras. Venta: Todos tus libros.

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