¿Gaziel? ¿Quién es Gaziel? Empecemos por corregir: ¿quién fue Gaziel? Poco ayudará si contestamos que Gaziel fue el seudónimo elegido por Agustí Calvet Pascual (San Feliu de Guixols, 1887-Barcelona, 1964) para firmar sus artículos periodísticos. Digo que poco ayudará porque el nombre de Agustí Calvet todavía sonará a menos gente que el seudónimo antedicho. Maticemos que en el ámbito cultural catalán, entre los historiadores, periodistas y lingüistas, sobre todo si son de lengua catalana, el nombre de Gaziel no es ni mucho menos desconocido, pero sí me atrevo a decir que apenas dice nada fuera de este círculo restringido. Y, lo que es más importante, aunque suene su nombre, ¿quién lee hoy a Gaziel, fuera de algunos eruditos o estudiosos del ambiente intelectual de la España del siglo XX?
Hablemos, pues, en primer lugar, del biógrafo en vez del biografiado, porque es necesario también para entender el sentido e importancia de este volumen situar al autor del mismo en el lugar que le corresponde en el proceso de recuperación de la producción intelectual de la llamada Edad de Plata de las letras y ciencias españolas en el período contemporáneo. Fuster viene desarrollando desde hace años una paciente y fructífera labor de rescate de la obra olvidada de algunas de las principales firmas del período, desde Baroja a Martínez Ruiz, pasando por Camba. A estos dos últimos ha dedicado sus últimas biografías, en ambos casos con las mismas características de forma y fondo: Julio Camba. Una lección de periodismo, premio Domínguez Ortíz (2022) y Azorín. Clásico y moderno (2025).
Parafraseando el penúltimo de los títulos señalados, bien puede decirse que con estas dos biografías, Fuster, en estado de madurez, da una auténtica lección de cómo escribir una biografía. Piensa en el lector por encima de todo. Maneja siempre un arsenal bibliográfico y documental impresionante pero, lejos de hacer alarde de ello, lo oculta o lo deja en segundo término para atender a la claridad expositiva y hasta la amenidad. Sus biografías se leen con auténtica fruición. En estos tiempos en los que abundan volúmenes desmesurados que rebasan las setecientas páginas, Fuster compendia la vida de sus personajes en menos de la mitad de esa extensión. Va a lo esencial. Y no entromete su yo en el empeño: deja que el biografiado se manifieste a su manera, tal como es. No hay en sus obras énfasis, ajustes de cuenta o extemporáneos juicios de valor. Fuster asume y respeta la madurez del lector para que saque sus propias conclusiones.
Subrayo todos estos rasgos porque me sirven de introducción a la hora de abordar este su último libro, que sigue la misma tónica. Pero aquí con un añadido o aliciente fundamental: enfocar el ambiente socio-político, periodístico e intelectual de la España del siglo XX desde la perspectiva cultural y política catalana (o, más exactamente, del catalanismo), a través de los ojos de este escritor singular y testigo implacable de su tiempo que fue Agustí Calvet. El mismo que, para diferenciar su labor periodística de la propiamente literaria, adoptó el apelativo de Gaziel, sin adivinar que el seudónimo terminaría por devorar el nombre propio.
Retomemos ahora la pregunta inicial: ¿quién fue Gaziel? Y, si como aquí se postula de modo implícito, fue una figura tan relevante y prestigiosa en su tiempo (o, al menos, en amplios círculos ilustrados), ¿por qué su persistente postergación hasta el actual semi-olvido? Como en aquel famoso cuento de Edgard Allan Poe —La carta robada—, la respuesta al enigma puede hallarse en el lugar más sencillo, a la vista de todos, en la portada del volumen, en el propio título. Una sola palabra, un único concepto, le sirve magistralmente a Fuster para dictaminar el asunto, si entendemos por tal la esencia de la trayectoria vital y profesional de Gaziel: Insobornable. Aquí está la clave de todo. Bien es verdad que es necesario añadir algunas palabras aclaratorias.
Que Gaziel fue un periodista, un autor y una persona insobornable queda claro a lo largo de las algo menos de trescientas páginas que constituyen este volumen. Pero podríamos decir en términos paradójicos que ser insobornable también tiene un precio, y bastante alto. Gaziel entendió tal carácter o actitud como una disposición crítica con tirios y troyanos o, vale decir, contra conservadores y revolucionarios, contra las elites españolas (políticas e intelectuales), pero también contra la clase política catalana. El resultado de ese talante, como era previsible, fue ganarse el recelo primero y la animadversión después, de los más diversos sectores. Nadie podía decir claramente de Gaziel que era uno de los nuestros. Al contrario, era el ajeno, el extraño, cuando no el renegado o el traidor. Demasiado nacionalista (catalán) para unos, botifler para otros. Subversivo para los franquistas, servil y cobarde para la izquierda.
Como bien puede suponerse, en una sociedad tan polarizada como le tocó vivir, primero con la dictadura de Primo, luego con la República, después con la guerra civil y finalmente bajo el franquismo, una conducta como la de Gaziel resultaba tan sospechosa como incomprendida, desatando en todos los bandos en liza una animadversión que se traducía en repudio y persecución. No siempre fue así. Hubo un tiempo —breve— en que Gaziel se sintió en sintonía con el mundo. Eso fue al comienzo, en su juventud, hasta que estalló la Gran Guerra, acontecimiento que le catapultó al éxito como reportero pero que —¡otra paradoja más!— dinamitó su mundo, convertido en mundo de ayer, irrecuperable. El paralelismo con Stefan Zweig es inevitable.
Aun así, los veinte años siguientes (grosso modo), como director —primero de hecho y luego de derecho— de La Vanguardia, cimentaron su prestigio y consolidaron sus opiniones y directrices, cada vez más influyentes. Fue también, en cierto modo, pese a sus múltiples reservas ideológicas y personales, una etapa de oro, al menos como periodista. Todo acabó hecho añicos con la sublevación del 36. Huyó de la Barcelona revolucionaria, en la que su vida corría peligro, para buscar refugio en su amada París, y luego fue dando tumbos por diversos países de la América hispana, para volver a la capital francesa hasta el estallido de la guerra mundial. Cuando regresa a España en 1940, le encausa la justicia franquista, de la que sale relativamente bien parado gracias a la intervención de algunos amigos influyentes.
A partir de esa fecha y hasta su muerte en 1964, el Gaziel periodista se transforma en Gaziel escritor en lengua catalana. No puede dejar ya de ser Gaziel, un seudónimo que le acompañará como una sombra, pero es sobre todo de nuevo Agustí Calvet, el autor desengañado de Meditacions en el desert (1946-1953), un dietario demoledor de la vida cultural y del exilio interior bajo el franquismo. Es también el autor que mira hacia atrás, no tanto con ira como con simple nostalgia, en esas bellísimas memorias que publica bajo el título de Tots els camins duen a Roma: història d’un destí (1883-1914). Obsérvese, porque no puede ser más significativo en relación con lo dicho anteriormente, que esas memorias terminan el año en que se desencadena la hecatombe.
Dice Fuster en sus páginas iniciales que no ha escrito esta biografía con el ánimo de defender a Calvet de sus detractores, pero tampoco para unirse al club de sus fieles admiradores. Se trata de un propósito encomiable por cuanto revela un ánimo de objetividad o, al menos, distanciamiento que el lector adulto, el que piensa por sí mismo, sin consignas ni apriorismos, no puede menos que agradecer. Pero lo más importante es que ese objetivo se cumple y nos permite acceder a un personaje con sus luces y sus sombras. Si volvemos al principio, un personaje insobornable, es verdad, pero que no supo encontrar su acomodo ideológico en la época convulsa que le tocó vivir. Fue coherente consigo mismo en cuanto burgués ilustrado y conservador, pero su crítica a diestro y siniestro, a menudo desenfocada, a veces hasta injusta, nos dibuja un hombre que —última paradoja— a fuer de intelectual, más que interpretar o entender el torbellino de su tiempo, se encontró engullido por él.
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Autor: Francisco Fuster. Título: Insobornable. Vida de Gaziel. Editorial: Galaxia Gutenberg. Venta: Todos tus libros.


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