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Una putadita más

Se celebra la reunión trimestral de la ACAAODV (Asociación de Compañías Aéreas y Aeropuertos para la Optimización del Desasosiego de Viajeros): café, bollería y un grupo de responsables del asunto.

—Hemos progresado —dice el director general—: colas, retrasos, cancelaciones… Pero aún hay viajeros que conservan restos de dignidad. Y eso es intolerable.

(Murmullos de aprobación. Habla la responsable de Sevicias Aeroportuarias).

—Propongo más ambigüedad informativa. Las pantallas todavía anuncian puertas de embarque con una antelación razonable. Es un error. Sugiero que las asignemos tarde, mal y cambiándolas varias veces. Nada genera más cohesión social que un grupo de personas corriendo por un pasillo largo.

—Excelente, Chonín. Y podríamos añadir urinarios y WC sin indicación masculina o femenina. El pasajero duda de sí mismo. Eso es oro puro.

—Y también —interviene el jefe de Paneles Parpadeantes— puertas de embarque fantasma, que aparecen en la pantalla, pero no existen físicamente.

(Risas y algún aplauso. El responsable de Seguridad Aleatoria levanta la mano).

—En los controles ya imponemos niveles notables de estrés, pero podemos mejorar. Sugiero que las normas sobre líquidos cambien sin previo aviso: lunes, cien mililitros; martes, noventa; miércoles, solo si el recipiente es azul.

—¿Y si hacemos que cada segurata aplique su propio criterio? —apunta alguien—. Uno deja pasar la colonia, el siguiente la confisca y el pasajero entra en una espiral de duda existencial mientras camina descalzo.

—De puta madre —asiente el director—. El caos personalizado. Me gusta.

El representante de Aerolíneas de Bajo Coste interviene, ufano.

—Nosotros cobramos por todo: equipaje, asiento, prioridad… Pero podemos ir más allá. Propongo cobrar por el aire respirado a bordo. Inhalas, pagas. Y podemos ofrecer oxígeno premium a precio de champaña.

(Carcajadas de felicidad. Interviene el responsable de Confort Inexistente).

—Sugiero eliminar los asientos en las zonas de embarque, o reservarlos todos para inválidos e impedidos. Y los demás, que se jodan.

—Buenísimo —dice el director.

—Hemos desarrollado una aplicación que promete facilitar la vida al pasajero —explica el jefe de TT (Tecnología Tocapelotas)—, pero la idea es que se bloquee justo cuando piden el código de embarque. Que exija actualizaciones constantes y conexión a una red WiFi que nunca conecta.

—¿Y la WiFi del aeropuerto? —pregunta alguien.

—Para ésa reservamos un acceso que exija introducir un correo electrónico, meter el código de un mensaje que nunca llega, dar la fecha de tu primera comunión y aceptar condiciones de veinte páginas.

—Recuperemos el factor humano —propone el delegado sindical de Azafatas, Azafatos y Azafates—: el empleado que mira al pasajero con indiferencia, responde con monosílabos y señala hacia ninguna parte. La desidia artesanal tiene su puntito.

—Cojonudo —concede el presidente.

—Propongo —dice el Jefe de Factura y Tú Verás— que las dimensiones permitidas para el equipaje de mano varíen según la aerolínea, el día de la semana, el signo zodiacal del pasajero y el estado psicológico del personal que controla.

—No olvidemos el desembarque —recuerda alguien—. Propongo que el avión se detenga en el quinto coño, que el autobús tarde en llegar y, cuando llegue, que ya venga lleno de otro avión.

—¿Y las cintas de equipaje? —pregunta el presidente.

—Hagamos que la maleta tarde una hora más en salir; y cuando por fin el pasajero la ve llegar, que nunca sea la suya. O que salga por otra cinta sin avisar. Y a ser posible, abierta.

(Se suceden más propuestas: retrasos anunciados cuando los pasajeros ya están en el finger, megafonía incomprensible, autobuses que recorren kilómetros por las pistas mientras el avión espera a diez metros. Al fin interviene el comisario jefe de Flujos y Reflujos).

—Yo tengo una idea para los pasaportes: además de lectores automáticos que no funcionen y un policía por cada seis mil viajeros, introduzcamos controles aleatorios. El pasajero pasa uno, luego otro y otro… Como un hámster en la rueda. Y si además pedimos un certificado que nadie sepa dónde conseguir, lo petamos.

(Risas. Juas, juas, juas. Aplausos. Un brindis con café frío).

____________

Publicado el 22 de mayo de 2026 en XL Semanal.

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Juan A.
Juan A.
12 ddís hace

La lectura de hoy me inspira algunas palabras y algunas se las apunto como sigue:

1.- Clientes. Estimado P.-R., clientes, supongo que quería decir Ud., en lugar de pasajeros. Ya hace un tiempo que trató ese asunto en este lugar: ahora todo somos clientes, se extinguieron los pasajeros y demás tratos cordiales.

2.- Azafata. Esa hermosa palabra que nos recuerda cómo el lenguaje se puede reinventar a las nuevas realidades.

3.- Burocracia. Me ha recordado aquel pasaje de Las doce pruebas de Astérix, cuando andan buscando un formulario concreto frente a funcionarios esperpénticos.

4.- Declive. Hace un siglo quien podía permitirse viajar lejos iba en tren o en barco. Descuide, no padezca por las molestias de los vuelos, en unos añitos la aviación dejará de ser este ocio de masas y volverá a ser infrecuente y exclusiva. El agotamiento de los recursos: o lo planificamos o lo padeceremos.

A ustedes, ¿qué palabras les evoca el asunto de hoy?
Gracias una semana más y un saludo.

ResPublicae
ResPublicae
12 ddís hace
Responder a  Juan A.

La P de Pasajeros me lleva a otra P; la de Pringados.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
12 ddís hace
Responder a  Juan A.

Juan A., me ha encantado su comentario. Sobre todo lo de Astérix y las doce pruebas. Porque sí, en el fondo, todos somos un poco Astérix enfrentándonos a la ventanilla equivocada, con la misma mezcla de estoicismo e incredulidad. Y me ha hecho gracia también que recupere la palabra «azafata», que ya casi nadie usa. Toda una declaración de principios.

basurillas
basurillas
12 ddís hace

Parece mentira que toda una carísima estructura burocrática, creada para la supuesta protección del usuario del tranporte aéreo, no sea capaz de impedir todo el catálogo de claúsulas y prácticas abusivas de las líneas aéreas y, lo que es peor, de las infraestructuras aeroportuarias. Así es; ni los organismos de la Unión Europea, ni las oficinas municipales de información y protección del consumidor, ni los servicios de consumo de las comunidades autónomas, ni el ministerio de transportes (ni dentro de él Aviación Civil), ni las juntas arbitrales, ni las asociaciones de consumidores subvencionadas por la administración, son capaces de torcer la voluntad de unas compañias o entes empeñados en amargar la vida de la ciudadanía cuando quieren realizar un desplazamiento en avión como viajeros.
Las políticas de liberalización, competencia y supuesta reducción del precio del pasaje han supuesto un deterioro de los servicios que, hace sólo unas décadas, estaban razonablemente supervisados y regulados uniformemente desde el punto de vista de los viajeros.
Estoy seguro que este comentario semanal de don Arturo, aún llevado al paroxismo, el absurdo, la burla y la ironía, se basa en sus experiencias personales como pasajero de líneas aéreas.
Vuelos que duran menos que los trámites y esperas previos al embarque; dimensiones y pesos de elementos transportados sometidos al coste o sobrecoste arbitrario que quiera imponer la compañia transportista de marras; servicios que son facturados y que deberían incluirse gratuitamente en el servicio contratado; chequeos que a veces atentan contra la intimidad de las personas y que bordean el rídículo y la pantomima; claúsulas de exención o limitación de la responsabilidad de las empresas en determinados aspectos que dejan al usuario expuesto a penurias, abusos o cobros indebidos; situaciones grotescas y esperas o retrasos infernales antes, durante o posteriores al servicio contratado; etc, etc y etc…
Sí, volar puede llegar a ser toda una experiencia.

Javier
Javier
12 ddís hace
Responder a  basurillas

No es que sean incapaces de impedir prácticas abusivas, es que los gobiernos están conchabados con los que practican los abusos…

basurillas
basurillas
12 ddís hace
Responder a  Javier

Y si no son los gobiernos en pleno al menos determinados miembros del mismo. Que curiosamente al cabo del tiempo acaban, con carácter vitalicio y muy bien remunerados, en los consejos de administración de las empresas abusadoras. Lo que se viene llamando usualmente “puertas giratorias”

Amanda Itzas
Amanda Itzas
12 ddís hace
Responder a  basurillas

Ángel, tu comentario es un complemento perfecto al artículo de don Arturo. Sobre todo me ha gustado cuando dices que las políticas de liberalización y competencia han supuesto un deterioro de los servicios que antes estaban razonablemente supervisados. Ahí está la clave de todo. Se liberaliza el beneficio, pero el maltrato al viajero sigue regulado, o desregulado, según se mire.

Un placer leerte, comme d’habitude.

basurillas
basurillas
12 ddís hace
Responder a  Amanda Itzas

Buenas tardes Vera. Está perfectamente regulada la ilegalidad del maltrato al usuario tanto en las normativas europeas, estatales y de las comunidades autónomas en matería de protección al consumidor, en concreto en el apartado de prácticas y claúsulas abusivas. Pero claro, para sancionar a grandes empresas, como son las que estamos tratando en estos comentarios, hace falta arrojo, decisión técnica y política,en especial la segunda, objetividad ejemplar y unos medios, especialmente humanos, a la altura de las cuestiones planteadas en las infracciones, y paciencia para continuar con procedimientos farragosos y complicados y, normalmente, cuestionados y ralentizados por equipos jurídicos amplios, metódicos y muy expertos y fogueados. Es raro que se den siempre en una administración todas esas facultades, habilidades, decisiones y claridad de ideas.
Lo que nunca he entendido es el motivo de que no figuren en las normas, creo, o al menos no se hayan ejercitado esas potestades, como posible sancion ante infracciones muy graves, reiteradas, intencionadas y extendidas a la generalidad de los consumidores y usuarios, el limitar en el tiempo o eliminar definitivamente la licencia o autorización para seguir operando en el tráfico jurídico o en los mercados a las empresas infractoras. La mayoría de las veces las multas económicas, por muy altas que sean ya han sido amortizadas ampliamente por las empresas, con los beneficios obtenidos por las infracciones.
Un placer también conocer, como habitualmente, tu meditada opinión y tus conclusiones y dudas y preguntad sobre los temas. Un abrazo.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
12 ddís hace
Responder a  basurillas

¡Buenas y calurosas noches, Ángel!

Quería agradecerte esta clase magistral de derecho del consumo. Lo que más me ha llamado la atención es que, aunque las multas parezcan enormes, las empresas ya las han cubierto con los beneficios que han obtenido por las infracciones. ¡Una verdad como una catedral y que nos da que pensar! También me ha parecido muy acertado lo de que hace falta valentía, decisión política y los recursos humanos adecuados. Aunque, jo, por desgracia, no siempre se dan las tres cosas a la vez.

Ya puestos a hablar de verdades incómodas, te he comentado hace un ratillo donde te hablaba de Nietzsche y de lo humano que eres. Por si no lo has visto, te invito a que le eches un vistazo cuando tengas un momento, sin prisas.

Carolus
Carolus
12 ddís hace
Responder a  basurillas

No achaque usted la reducción del precio a la falta de atención y de servicios q merecen los viajeros. Tod@s tenemos derechos, no solo los ricos de pasajes caros.

basurillas
basurillas
11 ddís hace
Responder a  Carolus

Buenos días. Lo que usted denomina pasajes caros eran con anterioridad los que se denominaban clase turista, es decir la escala más baja y barata del pasaje y que comprendía sin pagos adicionales consumiciones y/o refrigerios y comidas en cabina, revistas, prensa, música y proyecciones con “casquitos”, etc. La cuestión no es que hayan, supuestamente, abaratado el precio del pasaje eliminando esas exquisiteces de lujo asiático; es que, de rondón, han bajado o eliminado, salvo pago adicional en las cantidades que considere, incluso de cuantía abusiva, cada compañía -normalmente de “bajo (supuesto) coste”- prestaciones que eran inalienables e inseparables del billete, como bultos de equipaje en bodega con determinado y suficiente peso y dimensiones; bultos de mano en cabina; billete y tarjeta de embarque en formato papel, y muchas otras cosas similares. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a renunciar como derechos de pasajero por una supuesta rebaja del precio? ¿Renunciaría usted a viajar sentado en un viaje de dos horas de duración incluso en despegues y aterrizajes por una supuesta reducción del precio? ¿O permitiría usted que le cobraran un plus por la utilización de los aseos del avión? Pues si la respuesta, como espero, es que No, preparese a luchar por sus derechos pues esas cosas entran ya en los planes de futuro de esas maravillosas compañias de “bajo coste”. Un saludo.

Pepe Cuervo
Pepe Cuervo
12 ddís hace

Bueno, si te saltas la frontera o llegas en patera, no hace falta despelotarse, para pasar un arco detector, cosas de la vida moderna y de nuestros amados políticos. De la documentación, en todo caso, hablamos otro día.

Javier
Javier
12 ddís hace

La revolución no ocurre mientras la masa tiene algo que perder, algo de lo que quejarse, que no sean las cada vez más limitadas condiciones vitales de la mayoría.
Hoy es el aeropuerto, como es su caso, ayer fueron las restricciones por el Covid, ¿se acuerda?, cientos de ciudadanos indignados en la populosa calle Núñez de Balboa, del castizo barrio madrileño de Salamanca, palo de golf en ristre, reclamando libertad de movimientos; mañana puede ser cualquier otra nimiedad, importante en el fondo, vista por el potencial sufriente pagador de impuestos de la clase media con miras, como una imposición más del estado opresor y tragaldabas que le toca sufrir.
Esto es un árbol, otro más, puesto ahí para que no pueda ver el bosque, de la precariedad de los servicios públicos, de un estado cada vez más ineficiente, y de una inoperancia cada vez más generalizada, para que vaya acostumbrandose a ellos.
Nuestros ejemplares políticos, se congratulan por los récords batidos por nuestra industria turística. La demanda aumenta, pero, los servicios son los mismos, consecuencia: caos en aeropuertos, estaciones de tren, de autobús, sumados a los habituales caos de un país caótico, de por si.
En resumen: paga usted más impuestos que nunca, el gobierno recauda más que nunca, las compañías aéreas ganan más que nunca, pero….
Peor están en la República Centroafricana, piénselo, consuélese pensándolo.
Saludos y paciencia….o revolución.
Va a ser, que será más bien paciencia….

Amanda Itzas
Amanda Itzas
12 ddís hace
Responder a  Javier

Javier, gracias por su comentario. Me ha hecho pensar eso de que la revolución no ocurre mientras la masa tiene algo que perder. Quizá por eso, como bien dice, al final ganará la paciencia. O peor aún, la costumbre, que es la forma más silenciosa de derrota.

Irene
Irene
12 ddís hace
Responder a  Amanda Itzas

La resignación es lo que gana, estimada Amanda, la pura resignación, el cansancio y la impotencia.

basurillas
basurillas
12 ddís hace
Responder a  Irene

Buenas tardes. Sí doña Irene, la resignación y el mal ejemplo de los y las que, gobernando, a derecha e izquierda, hacen perder la moral y la voluntad de lucha a la ciudadanía ante las ilegalidades y conductas reprobables.

Irene
Irene
11 ddís hace
Responder a  basurillas

Muy cierto señor B., ya hace tiempo que perdí toda esperanza en encontrar en la clase política actual un mínimo de decencia, honestidad, dignidad,… Esas virtudes que hoy, si las nombras, pareciera que eres de otra época. En fin, al menos consuela leerles a ustedes, aunque falte el estimado señor R. Espero que esté bien.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
12 ddís hace
Responder a  Irene

Irene, gracias por su comentario. Y sí, la resignación gana casi siempre, pero mientras haya alguien que la señale (como hace usted ahora, o como hace don Arturo con sus artículos), me parece que aún no ha ganado del todo.

Irene
Irene
11 ddís hace
Responder a  Amanda Itzas

Muchas gracias, Amanda, no lo había visto así y sí que es cierto que la resignación total será un estado ya de “ni sentir, ni padecer”, y yo aún me indigno por muchas cosas. He de reconocer por ejemplo con tristeza que, desde el accidente de Adamuz, me niego a coger el tren, por miedo. No me fío de los que tienen que garantizar nuestra seguridad. Un placer leerla, Amanda, un saludo

Última edición 11 ddís hace por Irene
Amanda Itzas
Amanda Itzas
10 ddís hace
Responder a  Irene

Agradezco sus amables palabras, Irene.

Me ha gustado constatar que conserva su capacidad de indignación, lo cual evidencia su vitalidad. Entiendo, también, su reticencia a utilizar el tren, especialmente tras el trágico accidente de Adamuz. Es comprensible que la confianza en quienes tienen la responsabilidad de garantizar nuestra seguridad se vea seriamente comprometida y está claro que su restablecimiento requiere un esfuerzo más que considerable.

Ha sido un placer leer su comentario. Espero que continúe participando en esta magnífica ágora que es Zenda, ya que es gratificante encontrarse con personas que, como usted misma expresa, aún sienten y padecen.

Cordialmente.

Jaime Ramírez Morales
Jaime Ramírez Morales
12 ddís hace

Don Arturo, es usted un grandísimo articulista, y aún recuerdo otro artículo que escribió hace tiempo en el que decía que si hay un accidente en el avión -pues los aviones se caen- le gustaría ir rodeado de gente que no gritase. Yo, si coincidéramos en un vuelo y con su permiso, podría ser su compañero de asiento y le doy mi palabra de honor de que me quedaría mutis total esperando la muerte.

Enrique Reverté
12 ddís hace

Y que finalmente el destino de los pasajeros sea la capital de Borduria.

basurillas
basurillas
11 ddís hace
Responder a  Enrique Reverté

Buenos días. Con todos mis respetos preferiría que, de aquí a poco, el destino fuera Syldavia. Por cosa del exceso de control, nada más.

Julen
Julen
12 ddís hace

Ahora me explico para qué sirven las encuestas de valoración, que por cierto no existen.

basurillas
basurillas
12 ddís hace
Responder a  Julen

Buenas tardes. No debe caer en la trampa. No se llaman encuestas de valoración, se llaman (y ahí está el truco) encuestas de satisfacción. Se da por hecho que usted está satisfecho aunque sea en grado mínimo. Normalmente no le dan la oportunidad de puntuar con cero, normalmente de uno a cinco o a diez. No las conteste y que quienes se la plantean se busquen la vida contratando a encuestadores y a una socióloga o sociólogo. Les está usted haciendo el trabajo que ellos deberían hacer o pagar por ello. Un saludo.

Raulmanny
Raulmanny
12 ddís hace

Si tienes que viajar en coach (economy) ya que los precios de la clase de negocios o de la primera clase son astronomicos: Te sentiras como los pobres negros en su travesia a America en un barco negrero.

basurillas
basurillas
12 ddís hace
Responder a  Raulmanny

Cierto, pero las cadenas las cobran aparte, por el acicate de lujo para los sadomasos; y con azafatos y azafatas vestidos a lo Hugo Boss en 1943, dando cachetes cada quince minutos de vuelo. Hay pasajeros que disfrutarían una enormidad…

Aguijón
Aguijón
12 ddís hace

Permítame que recuerde una historia que oí de tiempos pasados, tiempos dónde tras una autarquía, más impuesta que buscada, se decidió soñar con sueños de grandeza, grandeza española.

El aviador aviado

Escuchando a su vecina trajinar por la cocina le preguntó a la mujer:
-¿Qué tienes para comer?
-Adivina adivinanza…
Le contestó Esperanza, para estupor de Javier que, según su testimonio, lo que rima con Logroño es lo que le dio a entender.
Sorprendido por los hechos, un tanto rocambolescos, se dirigió este piloto, caliente como una moto, con su maleta al portal, para coger allí el coche que dejó aparcado anoche al regresar a su hogar.
Después de días de asueto, con el uniforme puesto, apareció en Barajas para cubrir una baja de un piloto veterano que, aunque terminó el verano, se lesionó una rodilla sufriendo una pesadilla creyendo que iba a esquiar. Y, al salir la cosa mal, Javier le sustituía para hacer lo que él hacía. Tras el vuelo inaugural de Madrid a Buenos Aires haciendo escala en Natal, que por su buena acogida se hizo cada diez días y luego fue semanal.
Viaje de 36 horas, parando en Villa Cisneros, Natal y Río de Janeiro, con otros dos comandantes, el adjunto navegante, médico y tres azafatas, altas, esbeltas y guapas. Estrenaba así Javier los vuelos continentales esos días otoñales a bordo de un DC 3. Perdón, era un DC 4 si queremos ser exactos. Las que sí eran sólo 3 eran las tres azafatas que aparte de hablar inglés, como el saber nunca es falta, dominan también francés, español y portugués, y una estudiaba griego, como descubrió Javier. Dos de ellas españolas, de Madrid y Barcelona, y las dos bastante monas. La otra era brasileña, y era clamor en la peña cómo estaba la mulata moviéndose en la hojalata de dicho cuatrimotor.
Al llegar a su destino, en territorio argentino, se fueron para el hotel, al descanso merecido pues el viaje había ido como la seda de Argel. Pronto descubrió Javier que médico y navegante, solteros ambos los dos, de una manera intrigante comparten habitación, y que los dos comandantes con las chicas españolas se encuentran muy pronto a solas cada cual en su rincón.
Se extraña, siendo novato, que se quede el mejor plato para su disposición, pues la bella brasileña, sola en la ciudad porteña, es objetivo a su alcance y, aprovechando esa chance, entabla conversación.
Aldamira, así se llama esta carioca de Río, está presta pronto al lío y lo hace de buena gana. Y, ya en la habitación, se desfoga el copiloto acariciando la opción, con la pasión de un devoto, de asaltar Maracaná siendo aún estadio ignoto.
Menudo “maracanazo” fue el chasco que se llevó cuando descubrió el carajo que tenía el arrendajo después de que le besó. Pues tras esas piernas largas y ese pecho artificial, que entonces era relleno en el sostén nada más, Adalmira era Adalmiro ¡ay la Virgen del Pilar!
-¡Por favor no seas crío! No te vayas a ti a pasar lo que le pasó a ese tío que antes que tú fue a probar.
Le espetó el Adalmiro y contó cómo había sido:
El anterior comandante avanzó más adelante embistiendo por detrás, y, tras perforarle el recto, cuando se volvió al derecho se asustó por el aspecto que la situación tomó, y, dando un salto gatuno en momento inoportuno, estrellaba su rodilla contra la dura mesilla, de ahí que se lesionó. Le contó que, por supuesto, nada trascendió de esto y por eso es la historia del esquí del gilipollas.
También preguntó Javier cómo había conseguido pasar desapercibido diciendo que era mujer. Y contestó Adalmiro que por ser él extranjero, y cobrar menos dinero, fue contratado en Río sin comprobar ciertamente si era una chica decente o un tipejo sombrío. Y, como él se sentía hembra desde chiquilla, es fácil disimular, e incluso hasta ligar, con los pardillos que piensan en un buen plato de almejas y les sirven calamar.
Así acabó la velada en la noche bonaerense, Javier no recuerda nada y Adalmira está ausente
Tras regresar a Madrid volvió a rutas comerciales por los cielos nacionales y alguna vez a París. Y degustó con deleite, untando bien el aceite, la fabulosa pitanza que su vecina, Esperanza, le solía cocinar y que ya no tomó a chanza.

Moraleja:
Toma de Javier consejo, porque más vale conejo, de cazuela nacional, que la langosta especial que sirven en los hoteles a los ingenuos noveles en esto de degustar cocina internacional.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
12 ddís hace
Responder a  Aguijón

Aguijón, me quito el sombrero. Ha escrito usted un romance digno de los que se cantaban en las plazas, con su moraleja y todo. Lo de «les sirven calamar» es de una precisión cómica que ya la quisieran muchos autodenominados poetas de hoy en día, que más que escribir poemas escriben microrrelatos (insulsos y de buen rollito) con palabras guays para venderlos como si fueran poemas.

Un saludo.

Aguijón
Aguijón
12 ddís hace
Responder a  Amanda Itzas

Muchas gracias, me alegro que le guste. De la supuesta “poesía” que hacen ahora … bueno mejor dejarlo así, a veces soy excesivamente crítico.
Saludos

John P. Herra
John P. Herra
11 ddís hace
Responder a  Aguijón

¡Lo que me he reído, amigo Aguijón!

Aguijón
Aguijón
10 ddís hace
Responder a  John P. Herra

De eso se trata.
Saludos amigo.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
12 ddís hace

Otro de los artículos de don Arturo que me han puesto una gran sonrisa. Todo lo que cuenta, por disparatado que parezca, es verdad. Y ahí reside la genialidad de esta pieza. Esta no es una sátira, es una crónica. Una crónica de lo que nos hemos resignado a aceptar como normal cuando NO lo es. Y además, una crónica escrita con precisión y sin dejarse ni una línea de más.

Cada intervención de esa reunión de cínicos, me temo, es un dardo que nos refleja. La ambigüedad informativa, las puertas fantasma, el oxígeno premium, la desidia artesanal… Todo es reconocible. Todo lo hemos sufrido, pero nadie lo había enumerado con tanto humor negro y tanta verdad.

Sin embargo, como me gusta jugar a Sócrates y preguntar, me pregunto si no habrá algo que su texto no dice y que lo recorre de principio a fin. La soledad del pasajero. Porque en cada una de esas escenas absurdas, el viajero está solo. Solo frente al panel que miente, solo frente al segurata que cambia el criterio, solo frente a la aplicación que se bloquea. No hay solidaridad posible, no hay queja colectiva, solo una hilera de individuos aislados, cada uno con su pequeña dosis de indignación, pero sin capacidad de convertirla en otra cosa. Quizá por eso su artículo, además de hacerme sonreír, me ha dejado un poso amargo. Porque la burocracia absurda no es solo un inventario de incompetencias, es un mecanismo brutal de control. Y el pasajero que corre descalzo y sin colonia es también un ciudadano que aprende, sin darse cuenta, que la indignación se mastica en soledad.

Gracias por ponernos delante del espejo, don Arturo, aunque la imagen no sea siempre agradable.

Y ya que estamos, les pregunto a quienes lean esto. ¿Creen que esa soledad del pasajero es un efecto colateral o el objetivo mismo del sistema?

basurillas
basurillas
12 ddís hace
Responder a  Amanda Itzas

Buenas tardes Vera. Claramente es lo segundo. En todas las facetas de la vida en sociedad el sistema trata de conseguir siempre la sumisión del individuo, da lo mismo un régimen supuestamente democrático que otro dictatorial, lo único que cambia son las formas. Planteatelo cuando intentas hacer la “democrática” declaración anual del impuesto sobre la renta. No solamente te quiebras la cabeza y pagas (o ya has pagado) mucho más allá del diezmo medieval casi hasta la confiscación; tienes que acumular papeles, saber de claves, de informática y de un vocabulario diferente al usual. Y contratar tal vez a un experto que se sabe las triquiñuelas no para pagar menos, si no para no meter la pata y no ser sancionado. Hace 50 años esto no existía para la inmensa mayoría de las personas, pero había otras formas más burdas de presión.
Pues esto se repite en todas las actuaciones de la vida, y cada vez más y el control llega a facetas inimaginables. Y lo peor es que todas estas cosas sumadas te hacen profundamente infeliz. El sistema nunca te lo pone fácil y te hace perder lo más valioso: tu tiempo, tu vida, tu tranquilidad y tu paz. Yo cada noche, como poco, me cisco en el sistema y en mi mismo por formar parte de él. Y por no tener la valentía de decir ¡No! de una santa vez y que se caiga el cielo sobre mi cabeza o que salga el sol por Antequera.
Y no, no soy un puto robot, joder.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
12 ddís hace
Responder a  basurillas

Ángel, tu comentario me ha tocado la fibra sensible. Un magnífico comentario que me hace pensar y me reconforta a la vez. Me ha hecho reflexionar porque has puesto en palabras el tipo de verdad incómoda que todos intuimos, pero que muy pocos se atreven a expresar. Y a la vez, me ha dado un respiro saber que hay alguien que cada noche se cuestiona el sistema (y su propio papel en él) porque eso me hace sentir un poco menos sola en este mundo a veces tan absurdo. No eres un robot, Ángel, para nada, eres todo lo contrario. Como diría Nietzsche, «humano, demasiado humano».

Por cierto, ¿sabes algo de Ricarrob? Hace semanas que no aparece por aquí y me acuerdo mucho de él. Espero que esté bien y que vuelva pronto, que se le echa de menos.

basurillas
basurillas
12 ddís hace
Responder a  Amanda Itzas

También me he sentido muy acompañado por tu comentario tan sentido, y pensando que ese acompañamiento ante el mundo, a veces tan terrible y tenebroso, es la verdadera esencia de la Civilización; aquella, con mayúsculas, que las mujeres sintonizan tan adecuadamente desde el paleolítico y que comporta el esfuerzo de no dejar a nadie atrás, cuidando aún en las circunstancias más adversas; y que los hombres a veces no entendemos con nuestra rudeza.
Efectivamente puede que hayas dado en el clavo con lo de “demasiado humano”, pues en mi habita también, lo noto, algo de la personalidad y solidaridad del donante -hombre o mujer- de un hígado que me fue regalado en un trasplante, cuando yo estaba destinado a morir en un año o año y medio por una grave enfermedad hepática. Desde entonces celebro -hace ya diez años, menudo regalo inmenso- dos cumpleaños, el mío propio y el de mi donante en la fecha del trasplante. A veces me siento, como el Clin Eastwood de la película Deuda de sangre, no merecedor de ese regalo de vida. Hago lo que puedo…
Del querido amigo Ricarrob desconozco el motivo de su ausencia por aquí, y ya somos unas cuantas las personas que le extrañamos y le echamos de menos. Espero que se encuentre de viaje o de vacaciones, con agradable compañia y salud, y vuelva pronto para poder seguir disfrutando con él de esta suerte de género epistolar que nos traemos por aquí, al hilo de las lecciones de don Arturo.
Sin más, un saludo en la madrugada.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
11 ddís hace
Responder a  basurillas

¡Buenos y calurosos días, Ángel! Tu comentario me ha llegado al alma. Me ha conmovido la humanidad que transmites. Lo del trasplante, ¡ostras!, nunca me lo hubiera imaginado. Y te agradezco un montón que me lo hayas contado. Por cierto, no tienes ninguna obligación con nadie. Eres el guardián de un regalo increíble, y lo honras cada día con tu forma de ser. Celebro esos dos cumpleaños contigo, aunque sea virtualmente y en la distancia geográfica.

Lo de las mujeres y el paleolítico me ha sacado una sonrisa. ¡Tienes toda la razón! Supongo que algo debimos de aprender en esas cuevas que aún nos acompaña.

En cuanto a Ricarrob, espero que esté genial, disfrutando de la vida, y que vuelva pronto. Aquí nos hace mucha falta y ¡jooo!, su ausencia se nota en exceso.

Un abrazo enorme.

John P. Herra
John P. Herra
11 ddís hace

Hay dos bares con terraza en el pueblo. La caña en el bar A vale 4 euros y en el bar B, sólo 2.

Pepito, Juanito y Jorgito tienen 14 euros semanales para cerveza y van todos los días a tomarse una caña al bar B.

El lunes, el bar B sirve la cerveza caliente. Pepito pregunta qué pasa, el dueño le dice que se ha estropeado el frío. Se la deja a medias. Juanito se queja, pero se la bebe. Jorgito observa en silencio, se levanta y se la deja entera.

El dueño del pide presupuesto para arreglar el frío. Le costaría un euro diario, que es más que lo que deja de ganar con la pérdida de un cliente.

El martes, la cerveza vuelve a estar caliente. Pepito vuelve a preguntar qué pasa, recibe la misma excusa e intenta sin éxito bebérsela, aunque, bueno, a él lo que le gusta es sentarse en la terraza con una cerveza. Juanito ya no se queja y se la bebe entera. Jorgito pasa por allí, ve el percal y ni se sienta.

El miércoles, lo mismo. Jorgito se sienta en el bar A y pide una cerveza, que le sirven a temperatura de nieve. Jorgito ha hecho cuentas y ha decidido que prefiere tomar una cerveza fría aunque valga el doble y sólo pueda, con su presupuesto, ir cada dos días. Pepito y Juanito lo miran y se entrecruza miradas. Jorgito los mira, resignado, y piensa: ‘Por culpa de estos gilipollas que pagan por la cerveza caliente, tengo que pagar 4 en el bar A y no 3 en el bar B, que sería lo que el dueño tendría que subir el precio si se quedara sin clientes y se viera obligado a reparar el frío’.

Aguijón
Aguijón
10 ddís hace
Responder a  John P. Herra

Pues sólo faltaba que el tío Donald le ponga aranceles a la cerveza y así ni el tío Gilito pueda pagarse una caña…
Por cierto, en verano hay que pedir caña porque la cerveza de botellín con el trajín de abrir y cerrar la cámara nunca está bien fría.
Saludos.

John P. Herra
John P. Herra
9 ddís hace
Responder a  Aguijón

Sí señor, siempre caña, y con la copa sacada de la cámara a los clientes habituales. El que sabe, Saba (lo digo también por el hostelero que sabe fidelizar clientela), y el que no, a aprender. Y quien no quiera aprender, cerveza caliente, que por lo visto también hay gente que le encanta.

Saludos.

basurillas
basurillas
10 ddís hace
Responder a  John P. Herra

Aplausos y más aplausos,. Magnífica lección de andar por casa de economía, de psicología del consumidor y de la posible fuerza de la unión de los consumidores. Ni Ralph Nader lo hubiera explicado mejor. Felicidades John y un grato saludo.

John P. Herra
John P. Herra
9 ddís hace
Responder a  basurillas

Gracias, amigo. No sé quién es el tal Nader, pero todos hemos tenido a alguien a nuestro lado que nos ha enseñado a adaptarnos y a aprender a que no nos tomen el pelo. A ésos, mi gratitud y cariño. Yo soy uno que no sale en el cuento: el Javierito que toma la cerveza fría por 0,47, porque se la toma en casa y ahorra los euros restantes.

No le he contado la segunda parte de la historia, y es la del concejal A, que se toma la cerveza fría gratis ¡en los dos bares!, y el concejal B, que pide que ambos establecimientos ofrezcan cerveza caliente para acabar con la desigualdad.

Por cierto, a mí lo que me ha parecido muy interesante son sus comentarios sobre el día a día del sector, y el cruce de mensajes de Amanda con usted, que no me he atrevido a aplaudir con otro mensaje por no interrumpir y distraerles. Muchas gracias a los dos.

basurillas
basurillas
9 ddís hace
Responder a  John P. Herra

Por mi parte usted nunca interrumpe, no se hable más de ello.

De la segunda parte de su historia, lo que es verdaderamente extraño, tal como van las cosas, es que ninguno de los dos concejales pida a los dueños de los bares un pequeño porcentaje de las ventas de las cañas, pensando taimada e ilusoriamente que su presencia en los establecimientos, tomando cerveza o posibilitándolo, es un acicate para que los vecinos consuman más allí, y eso tiene un precio. Conocen la condición humana, o creen conocerla y piensan que “dejar arrimarse al poder” tiene que cobrarse. Modo curioso de pensar pues son los propios vecinos consumidores quienes los eligen en las urnas. Los políticos, no todos pero si una buena parte, son tan soberbios y engreídos que dejan de tener claro quien verdaderamente ostenta la soberanía.

Ralph Nader, uno de mis héroes a nivel personal y profesional, es probablemente el mejor abogado de Norteamérica especializado en la defensa del consumidor y la seguridad de los trabajadores, en especial contra las grandes corporaciones. Un saludo.

John P. Herra
John P. Herra
9 ddís hace
Responder a  basurillas

Me ha abierto usted otra ventana. Voy a curiosear. Saludos.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
9 ddís hace
Responder a  John P. Herra

John, no interrumpes nunca. Al contrario, tus comentarios siempre suman y aportan un montón. Leerte es un placer y un aprendizaje. La próxima vez aplaude sin miedo, que aquí nadie sobra y tú aún menos.

John P. Herra
John P. Herra
9 ddís hace
Responder a  Amanda Itzas

Amanda, a veces prefiero callar y leerte, porque aprendo mucho. Lo que aportas es siempre interesante, pero aún más me asombra ese efecto mágico que causas al hacer que todo el mundo se sienta a gusto hablando contigo. Lo dijo Basurillas en otro comentario, y es cierto. Así que te leo y sonrío admirado.

Saludos.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
9 ddís hace
Responder a  John P. Herra

John, me has dejado sin palabras, ¡cosa que no es nada fácil! Lo de la magia me ha llegado al alma, ¡qué bonito!, aunque no creo que sea magia en el sentido literal. Es algo más sencillo, algo que heredé de mis padres. Mi madre, que nos dejó demasiado pronto por un cáncer cuando yo era adolescente, y mi padre, que sigue aquí. Ellos me enseñaron que la amabilidad no cuesta nada y que la vida te responde mejor cuando no escatimas en acciones y buenas palabras. El resto lo ponen las personas maravillosas con las que te encuentras en la vida, como tú.

Dice Shakespeare en The Passionate Pilgrim algo así como «I find wealth in my friends». Pues eso, yo aquí, contigo y con algunos más, me siento muy rica.

Un abrazo, John.

John P. Herra
John P. Herra
9 ddís hace
Responder a  Amanda Itzas

Gracias por compartir eso conmigo, Amanda. Siento lo mismo.

Otro abrazo.

Victor
Victor
10 ddís hace

– Prestémosle atención ahora a nuestro colega de la Argentina, que tiene unos interesantes aportes para hacer. ¡Tiene usted la palabra, caballero!
– Gracias. Para comenzar tengamos 72 sindicatos de trabajadores varios del aeropuerto. Cada uno hace una huelga un solo día al año, pero cada cual el suyo. Así que tenemos 72 días sin despegues. Más los atrasos de los días siguientes. (Ovación)
– ¿Y cómo hace usted para tener tal variedad de empleados aeroportuarios?
– En lugar del gremio de los pilotos, tiene uno de pilotos, otro de pilotas, y de copilotos y de copilotas. Algún copilote viene bien. Los que manejan el equipaje, el gremio de los que lo cogen con la mano derecha y los que lo cogen con la mano izquierda. Con perdón de la palabra…
Otro aporte al desasosiego son los ladrones de maletas, o sea los que desvalijan valijas, para darle un toque poético. Trabajan en el imperio misterioso que hay en las largas cintas transportadoras.
También fomentemos la mafia de los taxis que se reparten las víctimas (antes llamados pasajeros), a veces a punta de pistola. No se olviden de olvidarse de poner ni un tren, ni un subte (perdón, metro) o un ómnibus que permitan llegar en forma rápida, cómoda y económica al avión. Que el viaje hacia o desde el aeropuerto salga más caro que el avión.
Autoricemos líneas aéreas baratísimas, que no solo ahorren en comodidad sino en las revisaciones técnicas de los aviones. Estas últimas se pueden reemplazar por rezos colectivos e invocaciones a la divinidad antes de embarcar. ¡Qué importancia puede tener algún tren de aterrizaje que no baja o alguna llamarada que sale de las turbinas! De paso, un avión chatarra que se despista cierra el aeropuerto para todas las empresas.
Para los pasajeros – perdón, clientes – hambrientos por las demoras, y cautivos porque ya pasaron el control de seguridad, vendamos unos sándwiches berretas (perdón, cutres les dicen ustedes) al precio de restaurante siete estrellas.
– Y no sigo adelante, ¡que con esto ya tienen bastante, so pillos! (Aplausos, besos, ovación).

Última edición 10 ddís hace por Victor
basurillas
basurillas
10 ddís hace
Responder a  Victor

El argumento de no quejarse, porque podríamos estar peor no me convence. Le aplaudo el ingenio, la broma y la ironía, pero no el resultado. Por ejemplos similares en el mundo, incluso en España, se podría, y se hizo, militarizar el servicio de pilotos, controladores y demás protagonistas, y acabarse de raíz con tanta ineficiencia y cachoneo.

Rafa
Rafa
9 ddís hace

No podríamos al menos por un día quedarnos sin viajar y aprovechar para pensar un poco en lo que estamos viviendo y de paso dejar sin un duro a tanto desalmado que anda suelto con tanta elegancia y mejores palabras