Inicio > Blogs > Ruritania > La narrativa del mago

La narrativa del mago

La narrativa del mago

Una vez un mago me contó un secreto del que nunca había oído hablar. Me dijo que dentro de un buen juego de magia no había un único truco, sino dos.

El primero es que el todos conocemos: el truco que creemos que estamos viendo, pero que, en realidad, somos incapaces de ver. Parece que lo tenemos delante, porque el mago nos guía a través de él y nos dice lo que va a hacer. Voy a adivinar tu carta, vas a elegirla de entre este montón, voy colocar el mazo de esta manera, y después voy a hacer esto otro, y lo voy a hacer despacio, para que lo veas bien, y es imposible que yo adivine tu carta.

Entonces, el mago hace todo lo que ha dicho, paso por paso, justo delante de nosotros, y nos ofrece la carta, y la miramos con detenimiento, y la escondemos. Dejamos la carta cuando ha dicho que la dejemos, donde nosotros queramos. Observamos sus movimientos, sus pausas, sus supuestos intentos para frenar el ritmo. Se nos dibuja una sonrisa cuando se burla de nuestra concentración. Sabemos que nos va a engañar, pero nos resistimos. Y todo avanza, exactamente como el mago había explicado, hasta que, de repente, aparece nuestra carta y el aire se detiene. Porque es esa. Exactamente esa.

"Entonces nunca. No hay explicación, porque el mago ha cubierto sus huellas durante el primer truco"

Ahí empieza el segundo truco. Nuestra cabeza da marcha atrás. Rebobina a toda velocidad para buscar lo que no ha visto. Tiene que haber sido en algún momento. Tiene que haber sido cuando ha girado la baraja después de recibir mi carta, pero no ha podido ser ahí, porque yo le estaba mirando, fijamente, y no pudo cambiar la carta de sitio. Tuvo que ser antes. Eso es: antes de darme la carta. Pero es imposible que la conociera antes de dármela. ¿O no? Tal vez tenía la baraja preparada. Pero ¿cuándo la ha preparado? Ha sacado el mazo delante de mí y me ha dicho todo lo que iba a hacer. Paso por paso. Me ha dejado elegir la carta; la que yo quisiera. No puede haber sido eso. Entonces, ¿cuándo?

Entonces nunca. No hay explicación, porque el mago ha cubierto sus huellas durante el primer truco; el que creíamos que podíamos ver. Porque había otro truco detrás de ese; uno que ni creíamos ver ni sabíamos que existía. El segundo truco estaba ahí, todo el tiempo, esperando a que llegara el final. Esperando a que nuestra cabeza rebobinara, para volver a sorprenderla. Jugando con el pasado. Y ahora ya no hay más pasado que el que el mago ha sembrado en nuestra mente. Ahora ya no hay pistas. Ahora la única respuesta posible es la magia, porque no queda otra.

Es una historia que me encanta. La utilicé una vez en una de aquellas cándidas presentaciones de libros en las que uno hace lo que puede para convencer a la gente para que lea lo que uno ha escrito. Intenta hacer magia.

La usé porque había un mago en mi novela pero, también, porque la historia de los dos trucos me parecía una buena metáfora para otra cosa. Para la vida.

Porque a todos nos ha ocurrido algo parecido a lo que le ocurre al tipo al que le hacen el juego de magia, pero sin tener un mago delante. Nos ha sucedido en una puesta de sol, o en una tarde con un café en la mano, o en un viaje largo en el que ya no nos quedaba nada que hacer más que divagar, cuando la cabeza se ponía a rebobinar y buscaba el truco a nuestra propia vida; la respuesta a las preguntas más nimias de todas: al cómo he llegado hasta aquí, cómo he terminado por tener esta vida, cómo es que tengo esta pareja.

"Tratamos de asumir un control sobre aquel hálito de oportunidad en el que nos lanzamos a hacer lo que hicimos"

Todos hemos querido pensar que hemos ido tomando decisiones y eligiendo nuestro camino. Todos hemos creído que la vida nos hacía el primer truco de magia, el que nos mostraba el mazo, y todos hemos pensado que elegíamos nuestra carta de entre el montón que teníamos delante. Pero es solo al final —en uno de estos finales—, cuando echamos la vista atrás y rebuscamos entre los momentos que pudieron ser de una manera y acabaron siendo de otra. Todos, al recorrer los caminos inversos, acabamos por llegar a instantes en los que fuimos a aquel lugar y no fuimos a aquel otro. Los giros en los que algo impidió que hiciéramos algo y no lo hicimos y, al pensarlo, comprendemos que aquellas pequeñas cosas tuvieron muy poca importancia en aquel tiempo, pero una importancia tremenda a largo plazo. Revisamos nuestra supuesta historia de decisiones y descubrimos que, por muy atrás que queramos buscar, siempre habrá un pequeño resquicio de azar que no obligará a darnos cuenta de que, en realidad, hubo una decisión que nunca tomamos. Hubo un futuro en el que nos subimos sin saberlo porque no pudimos comprender que lo estábamos haciendo. Hubo un doble truco de la vida que no pudimos ver porque era imposible verlo, que nos trajo hasta aquí después de una motivación que no pareció guiada por nadie.

Tratamos de atarlo a un destino, siempre, porque necesitamos hacerlo. Tratamos de asumir un control sobre aquel hálito de oportunidad en el que nos lanzamos a hacer lo que hicimos, pero, a poco que seamos sinceros con nosotros mismos, entendemos que pudo haber un solo detalle que pudo haberlo cambiado todo, y que ahora nos habría colocado en un lugar diferente, con una pareja diferente o un tejido existencial entero, en general, diferente. Incluso siendo, nosotros mismos, diferentes. Es así de cierto y así de rotundo. Así de difícil de explicar. Y cuando algo no se puede explicar, ya solo nos queda la magia.

5/5 (1 Puntuación. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios