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A ras del pueblo: Miguel Hernández inédito

A ras del pueblo: Miguel Hernández inédito

Poco antes de concluir la guerra civil, Miguel Hernández había terminado su último libro, El hombre acecha, que no sería publicado en España hasta 1981. Desde entonces no ha dejado de crecer su figura y su obra, dentro y fuera de nuestras fronteras. Una de sus facetas más reveladoras sigue siendo su trabajo periodístico durante el conflicto. Se trata de una serie de escritos, apenas conocidos de manera fragmentaria, más como pares sueltos que como una verdadera extensión de la herida con la que Hernández sintió la guerra. No en vano, su trabajo como reportero del frente le costaría la vida. La presente edición, con estudio introductorio y notas de Joaquín Riera Ginestar, recupera más de treinta y cinco artículos inéditos del propio Hernández, e identifica, además, aquellos otros que el poeta de Orihuela había escrito bajo seudónimo. El resultado es la satisfacción de ver completada una obra, de una prosa inseparable de la poesía, pero también de abrir una ventana a la propia historia social de la guerra civil. Una oda al lenguaje, a las costumbres, a las vivencias populares que encarnaba el Ejercito de la Republica.

"Todo lo que escribe se convierte en un arma, un dique contra la propaganda enemiga que busca la desmoralización y la deserción de sus propias filas"

A diferencia de muchos otros que escribieron crónicas del frente, Jose María Pemán o Manuel Chaves Nogales, por citar solo dos ejemplos opuestos, Hernández sí que estuvo allí. Movilizado desde el golpe en Madrid por el Quinto Regimiento del Partido Comunista, Hernández vive casi toda la guerra en los frentes secundarios del interior. Entre julio de 1936 y diciembre de 1937, se mueve por ellos con bastante rapidez por los caminos de Andalucía oriental, donde asiste al asedio del santuario de la Virgen de la Cabeza. Después recorrerá la retaguardia extremeña, sobre todo, en torno a Castuera, para terminar en el frente de Aragón, donde su voz se proyecta más allá de las líneas a través de los altavoces del frente. Aquel “ruiseñor entre fusiles” mantiene su función entre las distintas publicaciones que el Comisariado de Guerra tiene distribuidos en todos los frentes. Un formato, el periodístico, que le permite desplegar su prosa humana para describir los horrores de la guerra, acusando directamente al enemigo y sus apoyos extranjeros, al tiempo que supervisar la línea ideológica del combatiente. Todo lo que escribe se convierte en un arma, un dique contra la propaganda enemiga que busca la desmoralización y la deserción de sus propias filas.

"Daba comienzo una etapa oscura e incierta para él y su familia. Una tragedia colectiva que pocos vivieron y lograron trasmitir como el propio Miguel Hernández"

Hernández narra la intrahistoria de la guerra: el sufrimiento de hombres como él, soldados campesinos, que en muchos casos eran la única fuente de sustento de su familia, desertores en potencia y combatientes desmotivados. Soldados improvisados, en alpargatas, inexpertos, sin apenas adiestramiento ni armamento. A pesar de todo, no puede encubrir las divisiones políticas, el abandono internacional y la inoperancia militar, que terminarán siendo determinantes para que, desde finales de 1937, la guerra empiece a estar perdida. Después de la batalla de Teruel, que se prolongó desde diciembre de 1937 a febrero de 1938, que parecía inicialmente a su favor, la ofensiva franquista sobre Aragón supuso la llegada de los rebeldes al Mediterráneo, dividiendo en dos la zona republicana. Para entonces Hernández prácticamente ya no escribe y queda adscrito a la Escuela de Oficiales de la localidad valenciana de Albalat dels Sorells.

Su labor en el comisariado desde el comienzo de la guerra le provocó un intenso estrés bélico, hasta el punto de que en la primavera de ese mismo año tuvo que ser ingresado varias semanas. Después pasó a zona de reposo en Benicàssim, donde coincidió por primera vez con Buero Vallejo. El descanso le sirvió de poco, pues ya padecía una enfermedad autoinmune con problemas respiratorios, situación agravada con la temprana muerte de su primer hijo, en octubre de ese mismo año, con la que Hernández cerraría definitivamente su actividad como informador de guerra. Daba comienzo una etapa oscura e incierta para él y su familia. Una tragedia colectiva que pocos vivieron y lograron transmitir como el propio Miguel Hernández, que entre otros muchos textos recuperados escribió este:

“El poeta es el soldado más herido en esta guerra de España.

Mi sangre no ha caído todavía en las trincheras, pero cae a diario hacia adentro, se está derramando desde hace más de un año hacia donde nadie la ve ni la escucha, si no gritara en medio de ella”.

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Autor: Miguel Hernández. Título: El hombre acecha al hombre. Editorial: Alianza. Venta: Todos tus libros.

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