Esta novela se adentra en la España de comienzos del siglo XIX y reconstruye una corte plagada de secretos, corruptelas y romances. Y en ese contexto imagina un romance entre Mariana de Waldstein y Liechtenstein, marquesa de Santa Cruz, y Luciano Bonaparte, hermano de Napoleón.
En este making of María José Rubio cuenta cómo escribió La marquesa y Bonaparte (Planeta).
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A lo largo de mis muchas investigaciones en temas históricos encontré, hace ya años, una referencia mínima y casi marginal a la historia de la marquesa de Santa Cruz, doña Mariana de Waldstein. Apenas unas líneas en estudios dispersos, acompañadas de comentarios que la reducían a anécdota: una aristócrata extranjera, bella, culta, de intensa vida sentimental, instalada en el Madrid ilustrado de finales del siglo XVIII. Sin embargo, algo en aquel personaje desentonaba. No era solo su origen vienés ni su sorprendente matrimonio con el marqués de Santa Cruz, don José Joaquín de Silva Bazán, mayordomo mayor de palacio, director de la Real Academia de Bellas Artes y una de las figuras más sólidas de la Ilustración española. Era la certeza de que tras aquellas menciones superficiales se ocultaba una historia mucho más compleja.
Mi primer impulso fue pensar en una biografía, pero pronto comprendí que aquel personaje no se dejaba atrapar en un solo género. La clave estaba en su última relación: la que mantuvo con Luciano Bonaparte, el primero de aquella familia napoleónica en pisar España, enviado a Madrid en un momento crítico para Europa. Ahí se abría una grieta histórica fascinante: un cruce explosivo entre amor, poder, diplomacia, arte y geoestrategia.
La investigación fue desde el inicio el eje vertebrador del proyecto. Archivos, bibliotecas y museos en Madrid, Toledo, París y Londres; correspondencias, memorias y despachos diplomáticos que permitían recomponer un tiempo convulso: la Europa posterior a la Revolución francesa, una España agotada bajo Carlos IV, un Napoleón aún no emperador pero ya dueño del tablero continental. De ese trabajo riguroso y paciente nació La marquesa y Bonaparte.
La novela se sitúa en diciembre de 1800, con la llegada de Luciano Bonaparte a Madrid como embajador. Su presencia actúa como una grieta en el Antiguo Régimen. En ese escenario inestable, Mariana emerge como una figura libre en un mundo que no admite la libertad femenina. Entre salones, palacios y tertulias donde la política se desliza entre abanicos y silencios, se desarrolla una intensa historia de política, diplomacia, intriga, espionaje, corrupción, guerra, arte… y amor, tan peligrosa como consciente, entre dos personajes que pertenecen y no pertenecen, que encajan mal en sus respectivos sistemas.
Pero La marquesa y Bonaparte no es solo una historia de amor. Es una novela sobre el poder y sus máscaras, sobre la corrupción elegante y sobre el arte entendido como botín y como lenguaje de dominio. El coleccionismo, los gabinetes secretos y la tensión entre belleza y moral ocupan un lugar central, junto a un Madrid que actúa como un personaje más: brillante y decadente, ilustrado y atrasado.
Entendí entonces que esta historia debía contarse como novela. Porque solo la novela permite explorar las zonas grises, aquello que no quedó fijado en los documentos pero los atraviesa. La marquesa y Bonaparte nace de esa convicción: que, a veces, para ser fiel a la Historia, es necesario recurrir a la literatura. Porque puede que lo que parezca más irreal sea, precisamente, lo que realmente ocurrió.
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Autor: María José Rubio. Título: La marquesa y Bonaparte. Editorial: Planeta. Venta: Todos tus libros.


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