A pesar de descender directamente de la progenie de Zeus, soberano del Olimpo, Heracles (el Hércules romano) tuvo una vida desdichada. Fue fruto de una infidelidad del crónida, y la esposa de éste, Hera, lo persiguió con saña. Con tanta que lo enloqueció hasta que acabó matando a su propia familia. Como expiación, Euristeo, monarca de la Argólida, le encomendó diez trabajos (acabarían siendo doce) que pusieran a prueba su condición heroica. El primero consistió en dar muerte al León de Nemea, una fiera invulnerable que devastaba la región. El siguiente, en abatir a la Hidra de Lerna… En mi ignorancia, pensaba que Nemea, Lerna, Cerinea o Erimanto (otros escenarios de las hazañas heracleas) eran enclaves tan legendarios como el lugar de la Mancha donde moraba don Quijote.
Que Nemea era un lugar concreto lo descubrí gracias a Pedro Olalla. Corrían los primeros años del siglo XXI. Había vuelto por tercera vez a Atenas y, con alma y estómago henchidos tras una comida en una taberna al pie de la Acrópolis, me llamó la atención un voluminoso y llamativo libro expuesto en un escaparate de la calle Hadrianou: ΜΥΘΟΛΟΓΙΚΟΣ ΑΤΛΑΣ ΤΗΣ ΕΛΛΑΔΑΣ, de un tal Πέδρο Ολάγια. ¡Atlas Mitológico de Grecia! Se me hicieron los ojos chiribitas: aunaba mi pasión por la Hélade con mi devoción por su mitología. Más adelante lo encontré también en español y descubrí que el autor no era griego, como había supuesto, sino español: asturiano, más concretamente. Me hice con él en cuanto pisé suelo español. Desde entonces lo puse en un altar y lo hojeaba con fruición, fabulando mil itinerarios por sus parajes. Lo recomendaba encarecidamente a quienes sentían correr en sus venas el amor por lo heleno, pero al poco acabó descatalogado y muy difícil de adquirir.
La vida a veces me sonríe, radiante: pude conocer personalmente a Pedro y gozar de su hospitalidad en su hogar ateniense. Nos agasajó con unos quesos deliciosos y unos exquisitos pistachos de Egina regados con vino, precisamente, de Nemea. Fue ahí cuando corroboré que Nemea no era sólo un mito, sino una localización, amén de una afamada denominación vinícola. Nos recomendó también visitar las ruinas de la Antigua Nemea. Allí vivimos una experiencia casi mística. Abrazar las impresionantes columnas dóricas del templo de Zeus y recorrer el pasadizo por el que transitaban los atletas antes de correr en su estadio son de esas vivencias que te igualan a los dioses.
Con su Atlas como faro, tuve el privilegio de disfrutar otros espacios que me dejaron honda huella. Olalla había acudido a todos los mitógrafos conocidos y consultado las fuentes clásicas, con especial hincapié en la Descripción de Grecia de Pausanias, autor del siglo II, antes de hollar montañas, valles, santuarios, grutas y ruinas buscando con su cámara y su cuaderno de notas los vestigios de los mitos en el paisaje.
Durante bastantes años, el Atlas Mitológico fue casi imposible de conseguir, hasta que por fin hoy, 17 de marzo de 2026, se pone remedio a este mal: ve la luz, de la mano de Eclecta Editorial, su nuevo Atlas Mitológico de Grecia, con prólogo de Mario Agudo, eximio divulgador del helenismo, que se une al que el añorado Javier Reverte escribiera para la primigenia edición. Con motivo de este feliz evento, charlamos con el autor, que recibe a Zenda en su casa de Atenas, poco antes de embarcarse hacia España, donde emprenderá una gira para presentar su nueva criatura.
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—¡Kalimera, Pedro! Hace más de tres décadas elegiste Grecia como tu hogar. Desde entonces te has convertido en paladín del helenismo, en un quijote asturiano que se bate, con la lanza y la adarga de su verbo, en pro de la enorme deuda que Occidente tiene con la Hélade. ¿Por qué es de justicia seguir guerreando por esta causa —que muchos dan ya por amortizada— en un mundo utilitarista, inmediato y egoístamente materialista? A tu juicio, ¿qué de Grecia deberíamos preservar, pese a quien pese?
—Como dices, Arístides, llevo viviendo en Grecia más de treinta años, y más de cuarenta indagando en la huella de lo griego en la cultura universal. Quizá por eso me resulta imposible responder, de manera sucinta, a una pregunta como ésta. La impronta de lo griego es tan inmensa que, mucho más allá de lo evidente —lengua, filosofía, política, ciencia—, cala en la cultura universal hasta los estratos más profundos. Somos mucho más griegos de lo que percibimos de manera consciente. A estas alturas, si desapareciera lo que de griego hay en nosotros, se desmoronaría, a escala universal, la propia idea de civilización. Se vendrían abajo todas sus frágiles conquistas. Tal vez, esto pueda responder de forma epigramática a tu pregunta. Defender la herencia y la actitud nacida del contacto con lo griego es defender lo que nos hace humanos de forma más consciente y noble. Es defender el pensamiento, el cultivo, la ética, la voluntad y la empatía. Sin esto, ninguna sociedad puede ser rica, y ésa es una razón de peso para seguir luchando por la causa. Porque una sociedad es rica no cuando tiene bienes, sino cuando tiene valores. Cuando las personas, aunque puedan mentir, no mienten; aunque puedan abusar, no abusan; aunque puedan robar, no roban. Cuando son sensibles al sufrimiento ajeno y a la alegría compartida. Cuando saben comunicar para resolver problemas y organizarse para conseguir objetivos comunes. Cuando comprenden que lo prioritario es que los bienes y los derechos existan realmente para todos. Entonces, sólo entonces, una sociedad puede considerarse rica. Y huelga decir que, para conseguir esa riqueza, es imprescindible una actitud como la griega, que mueva a cultivar la conciencia en libertad.
—En 2001 vio la luz —primero en griego, si no me equivoco— tu esencial Atlas mitológico de Grecia. Para componerlo recorriste, armado de tu cámara fotográfica, tus libros y tus mapas, más de cien mil kilómetros siguiendo la huella que los mitos dejaron en el paisaje heleno; o, dicho a la inversa, los rastros que el paisaje griego dejó en su fascinante mitología. ¿Qué te arrastró a tan épica aventura? ¿Qué lecciones extrajiste de ella?
—Me movió una fuerza “telúrica”: la intensa sensación de estar sobre el terreno; la posibilidad de moverme por Grecia como por un jardín inmenso y de experimentar una emoción íntima e insólita al poner en contacto la carga cultural con la naturaleza. Estoy seguro de que esa prolongada experiencia hizo de mí alguien distinto al que era antes, aunque no sabría precisarlo bien. También saqué muy clara la lección de que los mitos griegos supieron integrar, en un solo relato, al ser humano, a la naturaleza y a la divinidad.
—Para documentarte bebiste de todas las fuentes en las que los mitógrafos dejaron sus visiones de los mitos recibidos de sus ancestros. Una tarea hercúlea, sin duda. ¿Qué te aportaron esas lecturas previas cuando te plantaste ante los escenarios reales?
—Me aportaron, como te digo, la carga cultural que proyectar sobre el terreno: lo que dota de significado un determinado lugar es aquello que nosotros podamos proyectar sobre él. Sin esas lecturas, sin esas imágenes mentales previas, mi contacto con todos esos sitios no hubiera producido la misma combustión.
—El 17 de marzo de este 2026 ve la luz el nuevo Atlas mitológico de Grecia. ¿Qué encontrará quien se adentre en sus páginas? Invita a los lectores de Zenda a sumergirse en el prodigioso mundo de la mitología griega a través de los espacios donde se desarrollaron los mitos.
—El Atlas mitológico de Grecia, ya en su formato original, era un instrumento de precisión para explorar la geografía de los mitos. Ahora —un cuarto de siglo después— su nuevo formato trata de aportar mayor información, mayor precisión y una herramienta de exploración del terreno más acorde con los tiempos actuales. En otras palabras, el nuevo libro ofrece al lector un relato unitario de todas las informaciones mitológicas dispersas por las obras antiguas, organizado y presentado sobre los escenarios reales de los mitos; contiene historias y referencias de más de novecientos personajes mitológicos; fotografías artísticas de los escenarios de los mitos, acompañadas de esos textos antiguos en los que se ha salvado su memoria; incluye índices y mapas que ubican más de seiscientos enclaves mitológicos con precisión GPS y referencia a su estado de conservación actual; tiene también un gran árbol genealógico que pone en relación todas las casas y linajes; da referencia puntual de las fuentes antiguas que recogen cada detalle de las historias; y aporta más de una tercera parte de contenido nuevo con respecto a la edición original. Creo sinceramente que quienes han disfrutado de la edición antigua valorarán aún más los aportes de la nueva.
—Por último, sé que esta primavera vas a hacer una gira por España presentando la obra. Estaremos al tanto para poder escucharte en directo. ¿Podrías adelantarnos cuáles serán los espacios y fechas aproximados para que nuestros lectores tengan la posibilidad de conocer tu nueva criatura a través de tu propio verbo?
—Sé que pasaré por Cataluña, Mallorca, Asturias, Madrid, Valencia, Murcia, Andalucía… y que habrá también actos y encuentros de temática distinta, que se irán anunciando en su momento. Le doy mucho valor a saber quiénes son los que aprecian lo que escribo.




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