Es indudable que el éxito cosechado en 1863 por Julio Verne con su primera novela, Cinco semanas en globo, no fue fruto del azar. Fue, más bien, la fascinación del público al descubrir a un autor novel que, con el tiempo, se convertiría —solo por detrás de Agatha Christie— en el segundo escritor más traducido del mundo.
El fulgurante éxito del escritor francés se explica, en gran parte, por la elección de una temática que, en el siglo XIX, estaba en plena eclosión: los viajes de intrépidos y valientes exploradores, liderados por científicos aventureros que buscaban inscribir sus nombres con letras de oro en sociedades geográficas y naturalistas, alcanzando un prestigio largamente anhelado.
En aquella época, los gobiernos europeos dirigían su mirada hacia el continente africano, considerado “desconocido”, pues sus mapas se caracterizaban por multitud de espacios en blanco y, según la mentalidad colonial de la época, estaba habitado por tribus calificadas de salvajes. África, desde hacía siglos, solo era fuente de mano de obra esclava, condenada a trabajos forzados lejos de su tierra y sometida al látigo de amos desprovistos de piedad. Este contexto histórico añade relevancia a la imaginación de Verne: sus aventuras tratan de explicar a sus lectores un continente ignoto con el rigor imperante en la época, así como con emoción y respeto.
De la mano de su editor, Pierre-Jules Hetzel, Verne transformó el éxito de su primera novela en un camino hacia la fama y la consagración literaria. Es considerado el auténtico padre de la ciencia ficción, gracias a su capacidad para imaginar avances científicos y convertirlos en ficciones verosímiles mediante una prosa clara y precisa. Así, los lectores podían asimilar y creer que lo narrado —a veces sorprendente o futurista— era posible, y con el tiempo, muchos de sus inventos y predicciones se materializaron.
Verne no solo estaba al corriente y dominaba las modernas teorías científicas, al mismo tiempo, era un lingüista sobresaliente y un gran comunicador. Supo fundir conocimientos tecnológicos, naturaleza y personajes humanos, inaugurando un territorio literario que aún hoy fascina. Su mayor virtud fue encandilar a generaciones de lectores con aventuras memorables, en las que la locura por explorar y descubrir lo desconocido se combina con valor, talento, audacia y un toque del romanticismo viajero imperante en la época.
La idea de este viaje por parte de los protagonistas, según cuenta el autor, es encontrar las fuentes del Nilo y recorrer la ruta de los descubridores de su nacimiento, los tenientes Burton y Spake —aventura descrita por Candice Millard en su libro El río de los dioses, analizado en Zenda—, uniendo las exploraciones realizadas por estos en el África Oriental con las realizadas por Barth en las regiones del Sahara y el Chad.
Prólogo
Como es habitual en la serie Historias para navegantes de libros de aventuras de Zenda-Edhasa, se incluye el prólogo del académico, escritor y periodista Arturo Pérez Reverte. En él, reflexiona sobre Cuando el cielo aún era inocente, un tiempo alejado de artefactos y contaminaciones modernas, lleno de belleza que inspiró a Verne. Pérez Reverte destaca cómo un autor que nunca fue viajero real sí fue un navegante de la imaginación, capaz de concebir un artefacto volador —el globo aerostático— y gobernarlo con maestría literaria. Su admiración por Verne subraya que el mundo puede ser tan maravilloso como nuestra capacidad de soñar e imaginarlo.

Mapa creado por IA por @miguelmolinaalonso.
Ruta y aventura de Cinco semanas en globo
Para dotar de verosimilitud a sus descripciones, Verne estudió y se documentó a fondo con crónicas basadas en exploraciones y descubrimientos de la época. Incluso dispuso de un atlas que recogía los recorridos efectuados por reconocidos exploradores, herramienta que le permitió fijar posiciones y marcar direcciones con notable precisión.
La ruta detallada del viaje del Victoria, así se llamaba el globo, que llevó a los tres protagonistas a través de:
- Partida: Salida desde la isla de Zanzíbar (Tanzania).
- Costa y montañas: Mrima, Uzaramo y las Montañas Rubeho/Usagara.
- Interior: País de Ugogo y Kazeh (actual Tabora).
- Grandes lagos: Lago Victoria (orilla meridional).
- Exploración: Norte hacia Gondokoro, siguiendo el curso del Nilo.
- Travesía: Atravesando la “Terra incógnita”, las míticas Montañas de la Luna y la zona del Lago Chad, sobrevuelan Tombuctú.
- Destino final: Paso sobre el desierto del Sáhara, el río Níger y rescate en el río Senegal, cerca de las cataratas de Güina.
A lo largo del viaje, los exploradores enfrentan situaciones increíbles: son confundidos con “hijos de la Luna”; sufren tormentas eléctricas; son remolcados por un elefante; atraviesan la imaginaria línea del ecuador; alcanzan el Nilo; se enfrentan a tribus hostiles; se libran de ser devorados por caníbales; padecen espejismos y sed en el Sáhara; se les agota el agua imprescindible para producir el hidrógeno necesario para los ascensos y descensos del globo, con el consiguiente peligro de caer abruptamente al suelo; son incluso atacados por nubes de millones de langostas y bandadas de pájaros depredadores.
Muchos de estos episodios, a pesar del tiempo transcurrido desde su escritura, resultan sorprendentemente atractivos y reflejan el conocimiento que Verne tenía de la geografía y la etnografía africanas.
Legado y valores
Julio Verne no solo ofrece un relato de aventuras; transmite la grandeza de una historia que late en cada página. Hay valor, épica, amistad, conocimiento, sabiduría, prudencia, arrojo y respeto. Captó, en su tiempo, el interés del hombre común —un ciudadano con vida rutinaria— que podía, por primera vez, soñar con glorias y actos heroicos de exploradores iluminados, y continúa, durante más de un siglo, fascinando a millones de lectores en todo el mundo.
Cinco semanas en globo es también una reflexión sobre ciencia y humanidades, donde confluyen el saber científico, el ingenio técnico y una lección constante de humanidad y valores personales. La novela rinde homenaje a los exploradores que dieron su vida persiguiendo sueños, muchos de ellos irrealizables, y que partieron llenos de ilusión sin lograr regresar, dejando solo memoria de su valor y gloria tardía.
No quiero despedirme sin afirmar que redescubrir la obra de Verne es un ejercicio de fascinación y nostalgia, un recordatorio de que la lectura permite imaginar sin límites, vivir aventuras y aprender de la ciencia, la naturaleza y los valores que hacen del descubrimiento una experiencia personal llena de épica y humanidad. Releer de adulto a Julio Verne es hacer un ejercicio de introspección muy enriquecedor: supone evocar un tiempo en el que me maravillaban sus historias y me asombraba su capacidad para la inventiva. No tiene precio recuperar aquellos momentos de lectura propios de una mente inocente y casi virgen. Sin embargo, hoy puedo decir que disfruto aún más de la riqueza literaria que aportan estos clásicos inmemoriales. Quizá por eso, más de siglo y medio después, seguimos elevándonos con el Victoria: porque, mientras existamos lectores capaces de mirar y ver ese “cielo aún inocente”, Verne seguirá susurrándonos, como un eco persistente en el firmamento de la imaginación, una sola palabra: Excélsior.
Como lector empedernido, me siento en la obligación de dar las gracias a Zenda-Edhasa por recuperar una obra tan evocadora, en la que el globo aerostático de Verne no solo atraviesa África, sino que atraviesa también el tiempo y el corazón de quien lo lee.
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Autor: Julio Verne. Título: Cinco semanas en globo. Traducción: Sáez de Juvera. Editorial: Zenda-Edhasa. Venta: Todos tus libros.


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