Hay escritores que se pierden a sí mismos. No por falta de talento, sino exactamente al contrario: porque tienen demasiado. Francisco Umbral fue uno de los columnistas más brillantes del siglo XX español, un artificio de la lengua capaz de convertir cualquier trivialidad en literatura, pero esa misma facilidad, esa fluidez de quien siempre tiene algo que decir y siempre sabe cómo decirlo, le llevó a dilapidar energías en el periodismo diario, en la intriga palaciego-cultural, en el postureo madrileño. McEnroe no llegó a ser el gran tenista que pudo ser por perder demasiado tiempo jugando a los dobles. Umbral malgastó su talento en la trastienda del poder. Porque pudo haber sido, y lo es cuando se lo propone, no solo un novelista de primer orden, también un testigo insoslayable de nuestra Historia. No de la cotorreos, sino de los hechos que marcaron nuestro siglo. Leyenda del César Visionario es la prueba.
Porque de eso trata la novela, más que de Franco, de la guerra y de los intelectuales y su relación con el poder. De cómo siguen el rumbo del poder como los girasoles siguen al sol, siempre protegiéndose, siempre encontrando la justificación teórica para estar donde conviene estar. Umbral conoce ese mundo a la perfección, lo ha habitado, lo ha sufrido y lo ha ejercido. Su moralismo es el de quien no puede permitirse la inocencia, un moralismo cansado que roza el cinismo sin caer en él, porque debajo de todo ese escepticismo late todavía algo parecido a la indignación. Los intelectuales de la novela son figuras fascinantes en su mezquindad: sus veleidades, sus contradicciones, su manera de convertir la traición en pragmatismo y el oportunismo en vocación, están retratados con una precisión que solo puede venir del conocimiento íntimo de tales sujetos.
El estilo de Umbral es aquí torrencial e impresionista a un tiempo. Hay frases que funcionan como fogonazos, imágenes que iluminan un momento y lo fijan para siempre: un gesto en una sobremesa, la desgana de un verdugo, la luz sucia de un despacho ministerial. Esa capacidad para lo pequeño y lo concreto convive con una mirada que sabe también ensancharse hacia el contexto histórico, hacia la gran maquinaria del terror y la ideología que aplasta a los personajes. El tenebrismo de Umbral, aquí sí es nítida la influencia de Cela, su gusto por las zonas oscuras, por los claroscuros morales, encaja aquí con una naturalidad perfecta: no hay paleta más adecuada para retratar esos años que la de quien sabe pintar con sombras.
Uno de los aciertos más llamativos de la novela es el análisis de Franco. Umbral no cae en la caricatura ni en el retrato del monstruo unidimensional. Lo que emerge es algo más inquietante: un hombre de una frialdad y un pragmatismo casi sobrenaturales, alguien que nunca pierde de vista el objetivo y que mira la realidad sin la niebla de la ideología ni el calor de los afectos. El narrador se coloca exactamente en el momento de la incertidumbre histórica, prescindiendo sabiamente de lo que ocurrió después: los personajes no saben que Franco durará cuarenta años, no saben nada de lo que viene. Esa elección narrativa, esa renuncia al conocimiento retrospectivo, le devuelve a la historia su textura original de riesgo y de miedo.
Leyenda del César Visionario es, en definitiva, una reflexión importante sobre el papel de los intelectuales en la guerra, sobre cómo la cultura puede ponerse al servicio de una dictadura y encontrar palabras hermosas para hacerlo. Una novela que Umbral debería haber escrito más veces. Cuando se atrevía con la novela larga y con la materia histórica, cuando abandonaba la columna y sus intrigas, se descubría que hay detrás de todo ese ruido había un escritor de extraordinaria envergadura.
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Autor: Francisco Umbral. Título: Leyenda del César Visionario. Editorial: Amarillo. Venta: Todos tus libros.


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