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¡Dime que me publicas!

En el acceso al manuscrito no publicado hay un encanto semejante al que encierra la literatura epistolar: la atracción del texto que recaería en un lector ajeno. En el caso de la carta, bien es sabido que la mayoría de las publicadas se conciben explícitamente para serlo; sin embargo, el encanto de su lectura reside en el goce de la intimidad. El manuscrito no publicado, por su parte, resulta íntimo en tanto encierra en sí mismo la ocasión de una tragedia: en un momento dado alguien lo convirtió en eso, en solo texto, en mero manuscrito, y no en el regalo de la «obra publicada». Este hecho, que no por recurrente es menos traumático, ocupa un espacio propio en la literatura que reflexiona sobre el circuito de publicación, referido por la propia obra ―en términos bourdieanos― como campo literario. Es en este marco en el que se inserta El arte de rechazar manuscritos, ensayo breve de Constantino Bértolo, publicado por Debate en la colección Endebate en enero de este mismo año.

La obra viene acompañada de un subtítulo revelador: «¡Miénteme! ¡Dime que me publicas!» que, en contraste con su título original, parece contraponer a los dos agentes prioritarios en la historia del manuscrito no publicado: su autor y el que, en hora más feliz, hubiera sido su editor. No obstante, se halla Constantino Bértolo en ambos polos de este diálogo fallido. Es autor de obra propia que discurre con frecuencia por el género del ensayo (es de interés otro ensayo breve, El sentido del rencor, 2018) y que ha recaído en varias ocasiones en el ensayo sobre el papel del editor, la lectura o la crítica (La cena de los notables, 2008; Una poética editorial, 2022; Espía en un país enemigo: Una crítica para jóvenes, 2025). Al tiempo, ha sido ampliamente reconocido por su labor como editor al frente del sello Debate y como fundador y director de la colección Caballo de Troya, desde donde ha impulsado la publicación de voces jóvenes. Su faceta como crítico literario y su formación filológica terminan de conformar la riqueza de una mirada que se asoma al fenómeno del encontronazo entre el texto y el editor, considerando ―así lo refleja la estructuración de la obra― el papel del público, los modos de edición, las fórmulas de lectura editorial o la intervención de la tecnología en el mercado del libro.

"Esta doble presencia del editor como creador y parte constituye uno de los ejes centrales del ensayo y permite comprender el rechazo como un acto inscrito entre la voluntad individual y la lógica del universo literario"

El escritor, que pasa sus horas en soledad e inmerso en la zozobra, culmina el texto, pero no su labor, y decide enviarlo al editor por vías diversas —también sobre ello escribe Bértolo—. Es esta última figura la que adquiere mayor peso en el transcurso del ensayo, y ello responde a una idea fundamental: es el editor quien convierte el texto —o el mero manuscrito— en obra publicada, a través de la aceptación, el diálogo con el autor, la revisión o reformulación y su inserción en la maquinaria editorial. La llave de este proceso es, en última instancia, el editor, y esa convicción vertebra el ensayo. El arte de rechazar manuscritos se configura así como algo más que un repertorio de anécdotas sobre grandes autores rechazados, libros que no vieron la luz o editores perversos convertidos en caricatura histórica. Bértolo reflexiona sobre la «enfermedad del escritor», la literatura entendida como un violento acto de irrupción comunicativa y las distintas facetas del editor: lector, revisor, trabajador —con mención a los másteres de edición—, redactor de correos electrónicos (que, estos sí, han alcanzado la fortuna de publicarse) y, en definitiva, agente de un campo, el de la publicación literaria, que lo excede pero que al mismo tiempo configura activamente. Esta doble presencia del editor como creador y parte constituye uno de los ejes centrales del ensayo y permite comprender el rechazo como un acto inscrito entre la voluntad individual y la lógica del universo literario. Solo en las páginas finales se articula la respuesta que se propone frente al trauma del rechazo, con gesto radicalmente llano y por completo honesto, como el rechazo mismo.

La negativa implica el ejercicio de una facultad de juicio que el autor examina a lo largo de todo el ensayo, ponderando los múltiples factores susceptibles de intervención. Resulta asimismo de especial interés su reflexión sobre cuál sería el modelo ideal de evaluación: la intervención de un grupo de lectores, la decisión de un editor único o el peso de los informes editoriales. No obstante, el editor no actúa en abstracto. Sus funciones y márgenes de decisión varían según opere en una editorial pequeña o en un gran grupo, dentro de una línea convencional o en un catálogo alternativo, según los intereses que definan el proyecto editorial al que pertenece y al lector al que quiere dirigir la publicación, otro agente decisivo en el juicio literario. La reflexión se amplía así hasta incluir un asunto recurrente en el debate: la intervención de las redes de colaboración y las recomendaciones. El texto lo aborda en una doble dirección, atendiendo tanto a la práctica del editor como a la incidencia de estas dinámicas en las posibilidades reales de publicación.

"La muerte del diálogo y de la intermediación editorial puede ser fuente de un fenómeno utópico: una literatura con exclusiva mediación del mercado"

La necesidad de publicar se ha convertido en un ansia creciente y ampliamente compartida. Bértolo se hace eco de una realidad conocida en el mundo editorial: la avalancha constante de manuscritos. Este fenómeno —previsiblemente intensificado en los próximos años por el uso de las inteligencias artificiales en la producción textual— condiciona de manera decisiva los modos de gestión del rechazo y la aceptación. Su contraparte no es menos determinante: me refiero a la posibilidad de emplear esas mismas herramientas para evaluar manuscritos, experimento con el que el autor juega en su obra. A ello debe sumarse una posible reconfiguración del mundo editorial: en respuesta a la creciente demanda de publicación, han surgido formas alternativas que incluyen tanto la autoedición tradicional —esto es, a través de editoriales que prestan servicios de publicación— como la autoedición digital. La primera mantiene todavía una mínima escisión entre el proceso de creación y el de publicación de la obra; en el segundo caso, sin embargo, el proceso se diluye. La figura del editor puede así solaparse con la del escritor, que redacta el manuscrito, lo corrige, lo maqueta y lo publica de manera autónoma. Se convierte además en garante de su difusión y promoción, asumiendo funciones que tradicionalmente correspondían a instancias diferenciadas del proceso de creación y circulación literaria. Así, desaparece la posibilidad del rechazo, pero también el diálogo escritor-editor, pieza clave en el proceso de transformación del manuscrito al texto publicado, de la conversión del escritor en autor.

La muerte del diálogo y de la intermediación editorial puede ser fuente de un fenómeno utópico: una literatura con exclusiva mediación del mercado. Este asunto, que invita a la teorización de una suerte de Mort de l’editeur, constituye la coda de una obra que ejerce —con justos motivos— una defensa del prestigio de la publicación y, en especial, de la publicación en papel, custodia de una estima que, pese a todo, resiste.

La obra de Bértolo es el opuesto a su objeto de estudio: un manuscrito solicitado. Su aparente sencillez y lo oportuno de su brevedad enmascaran un sinnúmero de aristas que abren una conversación necesaria sobre el estado actual de las estructuras de publicación y sobre las transformaciones que hoy reconfiguran el mundo editorial. Así, y pese a su título, el texto amplía el foco del acto de rechazo a las condiciones materiales que estructuran el tránsito del manuscrito a la obra. Y aunque concluye con una serie de consejos dirigidos al «publicante», su verdadero alcance no reside en la prescripción, sino en la invitación a comprender la naturaleza del proceso editorial y a debatir sobre el complejo entramado que lo sostiene. Porque, como señala el propio autor, lejos de cualquier distopía, «Mejor, creo, aprendamos del presente».

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Autor: Constantino Bértolo. Título: El arte de rechazar manuscritos. Editorial: Debate. Venta: Todos tus libros.

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