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¿Cómo se escribe un poema?

¿Cómo se escribe un poema?

Sin brújula ni mapa, aunque investido de un don o éxtasis divino, el poeta escribe. Bien lo sabían Homero y Hesíodo, cuyos poemas se abren con una invocación a las Musas. O tal vez no, y sea la escritura poética un acto mucho más prosaico. A lo largo del año 2024 en Barcelona el poeta Misael Ruiz conversó con quince poetas en un ciclo de entrevistas con el fin de indagar en sus procesos creativos. El resultado es este inspirador libro Poetas en construcción, publicado por Animal Sospechoso (2026), en el que los poetas Neus Aguado, José Ángel Cilleruelo, Laura Giordani, Cristina Grisolía, Rodolfo Häsler, Álvaro Hernando, Tere Irastortza, Antonio Méndez Rubio, Corina Oproae, Mónica Picorel, Miriam Reyes, Juan Pablo Roa, Misael Ruiz, Teresa Shaw y Marina Tapia revisan y observan la intimidad de su escritura, cómo se propicia el estado mental y físico del que emana el poema.

Poetas en construcción no es un manual de escritura poética ni un tratado teórico, tampoco una antología poética, sino un ejercicio de pensar la poesía desde la praxis de su origen, que documenta y registra la experiencia individual de cada uno de los poetas entrevistados en el silencio de la creación. Por ello, su testimonio deja al descubierto ese reverso oculto. Y, aunque no es una muestra exhaustiva de cómo convive el poeta con su escritura, es significativa dada la heterogeneidad de los poetas. La reflexión en torno al hecho poético no es destino cerrado y quizá aquí radique una de las aportaciones más necesarias de esta obra: la imposibilidad de acotar un proceso homogéneo que, sin embargo, trasluce conexiones sólo visibles en un volumen como éste. A pesar de partir de un diálogo, el planteamiento de la edición no ha sido el de una entrevista, al obviarse las preguntas, sino que, después del poema inicial que guía en cierta medida las reflexiones, cada poeta disecciona sus procesos. Esta articulación permite que, al no explicitarse las preguntas —aunque puedan inferirse—, el lector quede sin la directriz exacta de aquello a lo que responde el poeta. De este modo, toda la atención recae en su palabra y el lector se ve obligado a participar activamente en la conversación. Tras cada reflexión aparece una selección de poemas publicados o inéditos, algunos de temática metapoética, aunque no todos. Las notas biobibliográficas y la procedencia de los poemas quedan en conjunto al final para no interferir en la lectura.

"Muchos de los poetas indican el indisoluble vínculo entre el poema, su pensamiento, y el cuerpo, pues parece residir en él antes de ser escrito"

Aún con la ausencia de esas preguntas, se pueden rastrear algunos de los ejes que este ciclo pretendía explorar, en concreto cómo, dónde y cuándo llega el poema, la existencia de la inspiración, la importancia de la oralidad y del ritmo, la organización del libro o la titulación de los poemas, los primeros lectores, influencias y el peso de la tradición, el proceso de corrección, la ficcionalización del yo, la metaescritura o el propio lenguaje poético, entre otros.

Entre todas estas cuestiones, algunas resultan cuanto menos curiosas, por ejemplo, la controvertida relación entre el acto poético y la manida inspiración. Al respecto Rodolfo Häsler afirma: “Inspiración me suena a algo incluso negativo, devalúa al poema (…). Veo más aceptable hablar de atención, lentitud, afinamiento de la emoción”; tampoco José Ángel Cilleruelo la defiende al asegurar que el poema es el resultado de un trabajo. No obstante, sí existe cierta unanimidad en que el poema de alguna manera llega. La descripción de este momento varía de unos a otros, aunque, en general, se manifiesta por medio de una palabra o imagen que, como simiente, convoca al poema; para Tere Irastortza sucede cuando una idea, una palabra, una ocurrencia la detiene en medio de cualquier tarea o para Cristina Grisolía: “En muchas ocasiones, mis poemas parten de una palabra, de su sonoridad, incluso de la extrañeza que esta me produce desnuda de contexto”, un poema que se escribe cuando quiere, según Neus Aguado, en una conexión con algo indefinible e inexplicable, en la que hay mucho de inconsciente, tal y como Laura Giordani señala. Este momento inicial no se describe únicamente en términos mentales o intuitivos, sino también corporales. Para Antonio Méndez Rubio la inspiración es “una cierta disponibilidad o espontaneidad que arranca de la situación cotidiana, parecida a la del aire que cruza porque sí el cuerpo (… es así como se forma un ritmo corporal”, y es que muchos de los poetas indican el indisoluble vínculo entre el poema, su pensamiento, y el cuerpo, pues parece residir en él antes de ser escrito: “Para mí hay algo casi físico en esto. Es una sensación contundente, una certeza de que ese texto, que antes no existía, ha cobrado vida, como si se tratase de dar a luz a una criatura”, asegura Corina Oproae y, en la misma línea, Cristina Grisolía: “La sensación de que el poema pasa por mi cuerpo, que las palabras son percibidas por él”; algo semejante ocurre para Marina Tapia, es lo corporal quien engendra lo poético: “Yo llego a la escritura a través de lo sensorial; es decir, al sentir los olores, al tocar distintas texturas…”. Sin embargo, un mismo poeta puede llegar al poema de distintas formas, así lo expone Teresa Shaw:

 “En cuanto a cómo nace el poema, no siempre es igual. Pero la mayor parte de las veces hay algo que me impele a escribir, quizás una imagen, incluso una palabra, pero casi nunca sé lo que saldrá de allí, el lenguaje, las palabras me guían y desvían casi siempre de la primera intención”.

En ese proceso de gestación la “observación y contemplación del mundo” es un trabajo que el poema refleja, así lo siente Álvaro Hernando; Miriam Reyes lo denomina “estado de atención” y Mónica Picorel “estado de observación de lo cotidiano” que provoca que la revelación o intuición pueda materializarse. Una manera de mirar con asombro. Para Rodolfo Häsler el poeta no es un ser especial, dotado de algún don —ni divino ni sobrenatural—, mas simplemente atento, “cultiva la mirada sobre lo que es humano, lo destaca y lo muestra a los demás para que ahí reconozcan algo”. Así sobreviene el poema. El impulso de escribir es descrito como una especie de “rapto”, una “sensación de inminencia”, una “vibración”, un “dictado”, en que el poeta la mayoría de las veces no sabe qué va a escribir, en este sentido Juan Pablo Roa asevera:

“Nunca sé exactamente lo que busco en el momento de la escritura, pero sí hay un modo, un sentido, un estado emocional o anímico en el que la expresión hace de antena parabólica que me ayuda, que habla desde mí para hilvanar un balbuceo casi ininteligible…”

En consecuencia, el poema sabe que habla, pero no de qué, como quien entra en un espacio desmesurado y desconocido para descubrirnos algo ignorado con la única orientación del lenguaje. Porque es el lenguaje y su tensión uno de los territorios donde el poema se revela en su desnudez. En este sentido, Misael Ruiz afirma: “Entiendo la poesía como un lenguaje extremo, un pensamiento sin límites”. Es en el lenguaje poético donde la lengua se libera de los corsés: “Al quebrar la sintaxis ordinaria, la poesía burla las aduanas identitarias para expandirnos”, expone Laura Giordani, y de modo similar Juan Pablo Roa describe:

El poema es ante todo una gran protesta en contra de la lengua, pues en origen la lengua, la sintaxis, la gramática no están diseñadas para hacer un poema; escribimos poemas a pesar de la lengua, a pesar de nosotros mismos desde un malestar que nos lleva a dinamitar toda regla que antecede el poema.”

Cuando el poema llega a la lengua, ésta ha de sostenerlo. Ahora bien, para José Ángel Cilleruelo: “El lenguaje está implicado en la esencia misma del poema, pero no es su germen. Cuando el texto nace del lenguaje y se apodera de él por completo, el poema se resiente”, cuestionando la reflexión lingüística en el propio poema. En cualquier caso, como apunta Corina Oproae, la escritura misma revela los entresijos del propio proceso creativo.

"Poetas en construcción es una obra original cuya capacidad para evocar, desvestir y desafiar la epifánica escritura poética es indiscutible"

Por todo ello, leer Poetas en construcción nos lleva a descubrir, a quienes escribimos (poesía), las conexiones o no en este proceso. Sólo destacaré, quizá por interés personal, la importancia de la intuición y del primer verso —así lo menciona Neus Aguado citando a Paul Valéry— en esta construcción poética. Así como las sugestivas aportaciones sobre la ficcionalización del ‘yo’ en la poesía, desdiciendo la siempre asentada idea de la poesía biográfica y aventurándose en otras propuestas para la presencia del poeta en su escritura. Desde este punto, Poetas en construcción nos desvela que las Musas son, cuanto menos, caprichosas. No tanto rituales y manías escriturales son recogidos, como los mecanismos conscientes (o no) que orientan este proceso, dejando expuestas las contradicciones entre lo que el poeta hace y lo que cree que hace. Aquí la inclusión de los poemas —y la consiguiente reflexión sobre alguno de ellos— viene a confirmar o desmentir, reflejados en la conclusión del poema, esos procedimientos, modos y estrategias.

Poetas en construcción es una obra original cuya capacidad para evocar, desvestir y desafiar la epifánica escritura poética es indiscutible. Es imposible simplificar la riqueza de matices aportada por cada una de estas voces en el complejo e íntimo acto de pensar ¿cómo se escribe un poema?

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Autor: Misael Ruiz (ed.). Título: Poetas en construcción. Editorial: Animal Sospechoso. Venta: Todos tus libros.

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Aguijón
Aguijón
57 minutos hace

Leer, releer y volver a leer a Antonio Machado, así se construye un poeta o una poetisa, sí, pronto entre nuestras “dirigentas” habrá una “presidenta” y no quedará una sola poetisa.