Manuel García (Huéscar, 1966), poeta, narrador, traductor, músico y editor, podría ser encuadrado, desde el punto de vista de las categorizaciones generacionales, en la zona más joven (y tardía) de la oleada de escritores que comenzaron a publicar con la transición y en la nueva realidad democrática. Sus primeros libros aparecieron en la década de los noventa y su trayectoria ha evolucionado y madurado en un espacio lateral de nuestro panorama poético (algo parecido a como en la generación del 68 o de los novísimos ocurrió con Carvajal, Colinas o Juan Luis Panero, entre otros). Se publica ahora Siete maneras de matar un pájaro, una muestra de su obra poética en la que Francisco Javier Irazoki, además de acometer la selección, incorpora un prólogo breve y preciso. La frase que este nos deja en el fragmento final del mismo es básica a la hora de acercarnos a la obra de Manuel García y a su poética: “A menudo elegíaco, siempre ético, Manuel García esquiva la pobreza de los sectarismos”. En esa dirección, se advierte en el libro la evolución de su poesía y se pueden transitar los diversos ámbitos a los que en ella alude con un estilo y dicción identificables pero difícilmente encuadrable en alguna de las corrientes o tendencias que despuntaron en la poesía joven de las dos últimas décadas del siglo XX.
La madurez poética de Manuel García se apunta a partir de Cronología del mal (2002), un libro en el que el soporte histórico, incluso cultural (que no culturalista) actúa como señuelo para situar las raíces de las verdades existenciales de hoy con referencias diversas, desde Francisco de Medrano, hasta Antonio Machado, pasando por el Lazarillo o Fernando de Rojas, y como pórtico de La mirada de Ulises (2006), un glosario, en rigurosos sonetos, que tiene como telón de fondo Versos y oraciones del caminante de León Felipe, poeta olvidado incluso en el magma de recuperaciones de las últimas levas generacionales, especialmente la del propio Manuel García, de quienes comienzan a publica sus libros en la década de los noventa.
Lo conversacional, con aposento en la realidad cotidiana y en la cercanía, domina en los poemas de Manuel de cordura (2007), una meditación en la que el tiempo, la tierra, de nuevo la naturaleza, y las zonas, tan inquietantes como habituales, de nuestra experiencia cobran una densidad melancólica que acabará concretándose en Poemas para perros, un libro del mismo año que el anterior en el que respira la desolación y cierto pesimismo: el del poeta que contempla los momentos apacibles y su reverso oscuro. Destaco una pieza ilustrativa de esa deriva: “Contra las tardes de domingo”, en la que lo cotidiano queda clavado en la incertidumbre: “Por eso odio esa luz / que parece de pueblo mientras vuelven los otros / de sus playas, sus coches y sus niños, sus chalés, sus parcelas y sus viajes / de lo que llaman vida, a otra existencia oscura / a la que llegan tarde”.
La música, no ajena a la labor artística de Manuel García (“me gustaría escribir música y no palabras”, nos dice), ocupa buena parte de los poemas de la antología, pero se adueña de la casi totalidad de los que proceden de su poemario La sexta cuerda (2014), ya instalado en la plena madurez estética y marcado por una suerte de lucidez oscura. Eso es lo que tiñe Es conveniente pasear al perro (2017), en cuyos poemas se detiene en recrear, con un fondo crítico, algunas marginaciones que vienen de la dictadura como el Emilio Prados opacado por la figura de Cernuda (“Nadie cuida / la lápida, / ni jóvenes recitan / versos suyos ni el canon de la moda / ha salvado sus libros”), el oportunismo de quienes negaron a este último en los años duros y lo recuperan tardíamente, las huellas de Vallejo o de Blas de Otero, y otros escenarios proclives a la censura o el abandono a la luz del arte (El Etna, los palacios abandonados). Su poesía, a partir de 2018, busca, de un lado, las zonas sombrías de la cultura y de la realidad: las razzias contra los libros en distintas etapas históricas, en Mejor la destrucción (2018), en la que destaca una elegía a Rafael de Cózar, muerto al intentar salvar su biblioteca de las llamas. De otro, viaja a los orígenes: Prado negro (2021), su último libro, es una inmersión de doble cara. En la naturaleza y sus lugares propicios, y en la memoria, sobre todo la de la infancia, en una suerte de vuelta a los olores, a las vibraciones emocionales y a los escenarios de una niñez rural, crueldades y culpa (de ahí el título de la antología) sobre animales incluidas. A ese respecto destacaría dos poemas en prosa: “Cuaderno de otoño” y “Niños de pueblo”.
La envoltura del conjunto de su obra (la opción formal) es, cuando del verso se trata, de factura clásica: ritmo, precisión métrica y estrófica incluso en el verso en apariencia libre. Sus referencias parten de una tradición versicular que se sustenta en los ritmos endecasílabos y en una dicción sobria pero no despojada ni carente de imágenes. Un poeta valioso, extraño y original, en un panorama demasiadas veces tendente a lo previsible.
—————————————
Autor: Manuel García. Título: Siete maneras de matar un pájaro (Antología poética 1995 – 2005). Editorial: Hiperión. Venta: Todos tus libros.


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: