Contar latidos como quien cuenta almendras o monedas: lo acotado de un tiempo, una existencia; pero también como quien cuenta un cuento, un cuento recuento que nunca se acaba mientras la vida siga renovando en sus células lo inmortal de lo cuántico: su utopía de eternidad. Abrir las siete puertas de la vida y la muerte, compartir lo evocado, lo hermoso y lo temido, descender a las nubes, ascender a lo hondo, entregar la palabra como un don recibido que busca cumplimiento en la memoria del lector.
Un libro de poemas nada es si no es un espejo, un dintel, una caja llena de canicas o botones que alguien agita. Un encuentro. Porque en cada poema suenan juntos Los latidos contados de quien escribió y los de quien ahora lee dando razón de ser a la escritura.
Zenda comparte cinco poemas de Los latidos contados, de Federico Gallego Ripoll (Mahalta).
***
Jan Yunis
De nuevo fue preciso dejar que las palabras,
girando sobre el eje de la enseña,
descalzaran su ruta hacia el abismo.
Sin faja ni aderezos,
las palabras matriz, elementales,
no hubieron de encubrir ninguna lágrima:
conteniendo la ira
regresaron al ser los cimientos del mundo.
Los profetas erraban inventando lenguajes,
disponían las ruines fronteras del nosotros
pulimentando espejos,
infectando los ríos que marcaban el límite
Se echó a temblar el mar
tras palparse el estómago vacío.
Los amigos del héroe barnizaban el podio
y teñían con sangre la seda criminal de sus banderas.
Una vez más, otra vez más, sin prisas,
mi madre nos tomaba de la mano para iniciar la marcha:
volvíamos a no ser de patria alguna.
***
Las personas corrientes
Hurtar en el café
las propinas dejadas en las mesas,
unos céntimos,
unas monedas blandas,
un poco de ceniza de cuando
se podía fumar,
una caricia apenas sugerida,
el hueco de alguien
que no acudió a una cita,
alguna lágrima,
una conversación interrumpida,
toser, carraspear,
creer que un sorbo de cerveza
nos puede suavizar la memoria quemada.
De eso vivo,
con eso escribo mis poemas,
con lo que sin saberlo
van dejando olvidado sobre los veladores
las personas corrientes que sostienen mi mundo.
***
Vivir en precario
El nada que yo tengo lo comparto
contigo. Es lo mejor que soy:
soy lo que callas.
El silencio es siempre epifanía,
gozo en el mundo.
Hay vientos y montañas en el silencio, y ríos.
Hay silencio en el canto de los pájaros,
y en la profundidad de las raíces
(de las que crece el mundo).
Pero es un don escaso y hemos de estar atentos.
Hace años
que el Gobierno no sube por decreto
el mínimo nivel imprescindible
de silencio.
Cuando cae la noche
acudo a la asamblea de los que se alimentan
con las sobras del día,
buscamos el silencio entre los desperdicios
del ruido de los otros.
Ardua labor, difícil:
lo cierto es que la gente calla poco.
Vivimos en precario (de silencio).
A veces vuelvo a casa con las manos vacías.
***
Autorretrato en cámara oscura
A Vicente Gallego
Quien camina hacia su interior no yerra.
Pisar la rama, beber
la tierra, latir
como si el fuego destilara
el sonido líquido de la quietud,
y nos perteneciera.
Intentar ser
lo que nadie compraría nunca:
el silencio invisible,
la puerta que conduce al canto
del ave,
lo oscuro del ladrido del perro abandonado,
el tacto que el amor creyó su nombre,
la indecisión del agua
pretendiéndose abrazo
justo en el instante previo
a estrellarse
contra la roca.
Lo que nadie compraría nunca:
la miel del fondo,
donde la luz florece solidaria
para los peces ciegos.
***
No sé si todos
Hay días en que me despierto
con siete dedos en cada mano, y días
en que me despierto con un único brazo,
y días
en que tengo la cabeza abierta por su centro y se alza
desde ella un arbusto frondoso, y días
en que no atinan los pájaros que me trazan por dentro
a hallar mi boca o mis oídos para salir al aire,
y días en que tu sonrisa tiene
siete cerraduras y ninguna llave,
y días
en que han ardido las lindes de mi campo
y todo es mar o fuego sin frontera difusa.
No sé si todos, pero yo
hay días en que tengo los ojos llenos de respuestas
y días
en que no sé frenar mi decapitación tras la pregunta.
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Autor: Federico Gallego Ripoll. Título: Los latidos contados. Editorial: Mahalta. Venta: Todos tus libros.
BIO
Federico Gallego Ripoll (Manzanares, 1953). Poeta que procura devolver, en palabras que miran y tocan, las dudas y sabores que la vida le regala. Como cuando niño, se sigue sorprendiendo de que vuelen los pájaros, y su noción de trascendencia se afianza en un tímido deseo de regresar, si acaso, en árbol. Desde 1981, publica poesía que ha recibido a veces premios notables, y ha sido antologada y traducida en Italia y Portugal, editada en braille, y estudiada en alguna universidad norteamericana. Entre sus veintidós libros: Quién, la realidad, Escrito en No, Las travesías, Jardín botánico y, claro, Los poetas invisibles (y otros poemas). Los latidos contados guardan y ofrecen la obra de los últimos cinco años.


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