Llega a las librerías un nuevo volumen de la colección que aspira a convertirse en una referencia de la poesía catalana y castellana del siglo XXI: ReVersos. Siguiendo su tradición de publicar en un solo volumen reflexiones líricas y antologías de dos autores distintos (uno en cada idioma), ahora acoge los trabajos de Gemma Gorga y José María Micó.
En este making of la directora de la colección, Noemí Montetes-Mairal, da las claves sobre La crecida del día / Terra ignota (Edicions UB), de José María Micó y Gemma Gorga. Además, publicamos una muestra de sus respectivos poemas.
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Al inicio del texto de reflexión poética que prologa su antología lírica, un escrito que Gemma Gorga decidió titular “Això era i no era” (Esto era y no era), la poeta indica: “A l’u li cal el dos” (el uno precisa el dos). Se trata de una afirmación acertadísima para definir no solo este volumen, Terra ignota / La crecida del día, sino, y muy probablemente también, el sentido de la Colección ReVersos, en que este libro se incluye. Porque ningún poeta está solo. Porque ningún poeta escribe desde la nada, usando una tabula rasa. Porque incluso los autores vanguardistas, para poder comenzar de cero, debían deshacerse de todo lo anterior a sí mismos, cuanto habían conocido y leído con anterioridad. Porque para deshacerse de ello era preciso conocerlo. No se puede negar lo que se ignora. La no memoria no existe. De la misma manera que —siguiendo la famosa máxima de Wordsworth— el niño es el padre del hombre, todos somos hijos de cuanto hemos leído, vivido, visto, experimentado, sufrido.
Y sí, el uno precisa el dos. Y el dos precisa el lienzo de todas las palabras, y de la memoria. Una memoria que, para José María Micó, consiste en los trazos de una sombra, tal y como ha optado, él, por titular su antología poética en este libro. “Los trazos de una sombra” proviene de un verso incluido en una de sus composiciones más citadas, que también es una de las que él más estima: “Caleidoscopio”. Un verso que, de alguna manera, evoca, justamente, la pervivencia de la memoria:
¿Qué hay detrás de la luz?
Más luz, más pura. (…)
El dibujo sin trazos de una sombra
hecha de claridad donde estuvieron
y todavía están
las personas que amaste,
las que tocaste sin amor un día
y sus perdidos nombres que ahora el vidrio
multiplica en reflejos.
Porque, como diría el poeta José Caballero Bonald, somos el tiempo que nos queda, pero también el tiempo que hemos sido, el que ha impreso su presencia en nuestro rostro. Y también somos cuando nos rebelamos, cuando decidimos huir de los caminos trillados. No puede lograrse nada nuevo si se camino por el mismo lugar por el que lo han hecho antes todos los demás. No es este el caso de Gemma Gorga ni de José María Micó: ni lo hacen, ni lo han hecho nunca. Por eso ostentan tanto valor: su poesía, pero también ellos, sin duda. Porque evitan los caminos trillados.
Al final de su reflexión teórica, Gemma Gorga lo recuerda, y lo reivindica (la traducción del catalán de los textos de Gorga es mía):
Un breve desplazamiento en la mirada tiene consecuencias incalculables. Mover la cámara solo unos centímetros nos permite apreciar la realidad bajo un prisma inusitado. Descolocarse como una manera de recolocarse (…) acercarse a las cosas indirectamente, de manera sesgada, logra efectos inusitados. Hablar de poesía de manera oblicua ayuda a desviar los puntos ciegos. Por eso, de vez en cuando, disfruto manejando las palabras como si fueran pinceles:
PIGMENTOS
Mezclar dos adjetivos.
Deshacerlos con el pincel.
—amarillo cadmio
con azul de Prusia—
hasta ajustar la tonalidad
expresiva.Hallar el verde,
hallar el verbo.
Y de qué manera, casi mágica, los versos de José María Micó se ajustan perfectamente a las reflexiones y el anterior poema, “Pigmentos”, de Gemma Gorga. El uno, sin duda, precisa del dos:
Todo eso es ahora
un pozo de colores,
un humo encajonado que adormece.
En su fondo hay más luz, como brotada
del vaho del fervor, que hoy solo es vaho,
el extraño matiz de otra pureza,
una lámina más, detrás de todo.Hasta el cristal es aire, y en el aire
verás, roto en pedazos,
el último color, el que te abrasa.
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POEMAS DE JOSÉ MARÍA MICÓ
POÉTICA
Mis hijos dicen que mi mejor logro
es el risotto con limón. De nada
me ha servido con ellos tanto verso,
mío o de Dante,
ni los libros de estudios sobre Góngora,
los honores, los premios, los viajes,
la trabajosa cátedra,
los discos, los conciertos, los abrazos
con Sabina, Serrat y Paco Ibáñez,
las conferencias en la March…
Ellos me aprecian como cocinero
y tal vez como padre,
que son mis prestaciones más corrientes.
En realidad no hay cosa más sencilla:
los tienes sin pensar y se hacen solos,
casi como este arroz, para el que bastan
dos ingredientes más.
Ni siquiera la sal es necesaria.
Después de rehogar la cebolleta,
se tuesta unos instantes el arroz,
se le incorpora el jugo de un limón,
se va añadiendo y removiendo el caldo
y a los veinte minutos,
amalgamado con la ralladura
de ese mismo limón y, si se quiere,
algo de parmesano,
está para comérselo.
No hay más secreto que seguir las reglas
con pasión rutinaria:
así se oficia un rito cotidiano
que puede ser el último.
Lo mismo que el poema, destinado
a unos pocos hambrientos que nos quieren.
*
MENSAJE
No hay más felicidad que la buscada.
La que se encuentra acaba en el hallazgo
y su fuego se apaga dulcemente.
Es un nuevo tesoro, deslucido
como un reloj parado,
como un vaso vacío,
como un juguete roto,
como un traje raído,
un instante que muere mientras dura.
Después de mil derrotas, la última victoria
se encierra en la ilusión, no en la conquista.
El hombre más feliz es el que espera
ese viejo tesoro sumergido,
ese solo que promete
un día no vivido,
una guitarra nueva,
un sueño sin olvido…
El hombre más feliz es el que espera.
*
CALEIDOSCOPIO
¿Qué hay detrás de la luz?
Más luz, más pura.
Hasta el cristal es aire. El aire, nada
que se pueda tocar, nada que pese,
cargado solo de un fulgor que encierra
todo lo que has vivido.
Nada que pueda verse.
El dibujo sin trazos de una sombra
hecha de claridad donde estuvieron
y todavía están
las personas que amaste,
las que tocaste sin amor un día
y sus perdidos nombres que ahora el vidrio
multiplica en reflejos. Todos tienen
la misma forma, porque iguales fueron.
En su desnuda masa, despojada
del ser y del vivir, de los perfiles
que contemplaste un día,
se hacinan sus vestidos, su saliva,
sus urgentes palabras de deseo
y los días de sangre de tu madre
cuando aún no eras tú ni ella era nada.
Todo eso es ahora
un pozo de colores,
un humo encajonado que adormece.
En su fondo hay más luz, como brotada
del vaho del fervor, que hoy solo es vaho,
el extraño matiz de otra pureza,
una lámina más, detrás de todo.
Hasta el cristal es aire, y en el aire
verás, roto en pedazos,
el último color, el que te abrasa.
BIO
José María Micó (Barcelona, 1961) es poeta, traductor y músico. Su obra poética, en la que destacan los libros La espera (1992), Camino de ronda (1998), La sangre de los fósiles (2005) y Caleidoscopio (2013), ha merecido premios como el Hiperión y el Generación del 27 y está reunida en Primeras voluntades (2020). Además, es autor de numerosos estudios filológicos y ha traducido a grandes autores antiguos como Dante, Ausiàs March, Ariosto y Tasso, labor por la que ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Traducción en España y en Italia.
Como parte del dúo Marta y Micó acaba de grabar su quinto disco, Elegía y chachachá.
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POEMAS DE GEMMA GORGA (la traducción del catalán es de Noemí Montetes-Mairal)
PIEDRAS
Si la voz pudiera salir en las fotografías
como sale la sombra o la ternura –aunque sean
realidades más frágiles—, oiría
a mi padre una vez más explicándome que, antes
de coger una piedra, hay que hacerla rodar
con el pie o con una rama
para espantar los escorpiones,
que se esconden como espinas secas.
Nunca me preocupé. Porque tener seis años
era sencillo, tanto como morirse. En ambos casos
no había más secreto que el aire:
respirarlo, o no, como si el alma
se llenara de alvéolos diminutos
abriéndose y cerrándose.
El primer escorpión lo vi en el libro
de ciencias naturales,
atrapado por siempre entre las pinzas severas
del tiempo. Pero los libros, a veces,
no dicen toda la verdad,
como si no la supieran
o la hubieran olvidado camino de la imprenta.
Arácnido cuyo cuerpo se divide en abdomen
y cefalotórax. Nada decía
del sol ardiendo en la lengua, del miedo, de la espiga
atravesando el cuello. Yo no sabía entonces
que las palabras son icebergs inmensos
que bajo el agua helada
ocultan mucho más de lo que muestran.
Como la palabra escorpión.
Y ahora, mientras el teléfono insiste
–un grito agudo, de madrugada—,
mientras me levanto, enciendo la luz,
acerco la mano a su cuerpo blanco, de plástico,
que brilla como piedra al sol,
mientras lo descuelgo, y digo ¿sí?,
y alguien me dice que has muerto,
yo solo pienso en escorpiones, en aquello
que querías decirme cuando repetías
haz rodar las piedras, por favor, haz rodar las piedras.
*
NÚMERO 23
Levanto la persiana para que pueda entrar la luz.
Aparto la cortina para que pueda entrar la luz.
Cierro los ojos para que pueda entrar la luz.
*
POBLE-SEC
No era la abuela
quien perdía la memoria;
era la memoria quien, poco a poco,
perdía a la abuela,
la hacía insignificante, y la encogía
bajo la lente cóncava del frío.
Y ella, tan quieta y lisa
tras las contraventanas del balcón,
cincuenta metros cuadrados
para un insecto de ternura,
con las alas dañadas, si aún alas,
esperando
que alguien le abriera pronto
la ventana
o el poema.
*
AUTOBIOGRAFÍA
Después de decir, desdecirse.
Después de incluir, excluir.
Después de anotar, olvidar.
Después de sumar, restar.
Después de hacer, deshacer.
Después de amar.
Después.
Qué.
BIO
Gemma Gorga i López (Barcelona, 1968) es doctora en Filología Hispánica y escritora. Como poeta ha publicado Ocellania (1997), El desordre de les mans (2003), Instruments òptics (2005), Llibre dels minuts (2006), Diafragma (2012, con fotografías de J. Ramell), Mur (2015) y Viatge al centre (2020). Ha traducido a los poetas indios en inglés Dilip Chitre, Kamala Das y Arun Kolatkar, así como al poeta norteamericano Edward Hirsch. Es autora de los ensayos Indi visible (2018) y Hi ha un país on la boira (2021). Algunos de sus libros de poemas y de ensayos han sido traducidos al inglés, al italiano y al castellano. Es profesora de literatura en la Facultat de Filologia i Comunicació de la Universitat de Barcelona.
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Autores: Gemma Gorga y José María Micó. Títulos: Terra ignota / La crecida del día, “Llindar” / ”Umbral”. Editorial: Edicions UB, Col. ReVersos. Venta: Todos tus libros.



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