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Consuelo Triviño y cien perfiles novelescos de mujer

Consuelo Triviño y cien perfiles novelescos de mujer

Cien personajes femeninos e incluso más protagonizan la monografía en la que Consuelo Triviño Anzola (Bogotá, 1956), después de un extenso estudio preliminar sobre muy diversas cuestiones relativas a la mujer y sus vínculos con la escritura, sintetiza, disecciona, comenta y valora cien novelas en cuyos títulos, salvo en muy pocos, aparecen sendos nombres de mujeres. Autora de cinco novelas, tres de ellas varias veces reeditadas, y todas con muy buenas valoraciones críticas, así como de media docena de libros de relatos, a la escritora colombiana le debemos también una biografía del polifacético político y escritor cubano José Martí y otra de Miguel de Cervantes; diversos estudios centrados en escritores capitales de las letras hispanoamericanas como, entre otros, los colombianos José María Vargas Vila y Germán Arciniegas y el mexicano Carlos Fuentes; un ensayo sobre el publicista y dramaturgo catalán Pompeu Gener, y otro que cabe en la categoría de obras de pensamiento, y que realizó en coautoría, titulado La mujer en el origen del hombre. Como editora filológica, cuenta en su haber con algunas ediciones de especial interés tanto de poesía, en concreto de la dominicana Salomé Ureña, como de obras en prosa, acreditándolo su edición del que se tiene como el relato novelístico inaugural de las letras colombianas. Aludo a la novela de carácter histórico que elaboró el político y escritor Juan José Nieto con el título de Yngermina o la hija de Calamar, obra aparecida en Jamaica en 1844 durante su exilio en la isla.

"Reúne Triviño Ansola una gama de resúmenes, de análisis, de comentarios y de valoraciones a vueltas de un centenar de escritos novelescos protagonizados por mujeres"

El contenido del libro Cien novelas con nombre de mujer se reparte en dos extensas secciones diferenciadas pero que se imbrican entre sí por ser interdependientes la una de la otra. La primera consiste en un amplio estudio preliminar que se asienta en una perspectiva de género y que consta de dos apartados. En el inicial se dilucidan distintas cuestiones relativas al binomio mujer y ficción, por ejemplo las problemáticas autoriales; los deslindes entre el par de conceptos y términos “escritura de mujeres” y “escritura femenina”, los cuales entiende Triviño Anzola que metodológicamente no le resulta factible singularizarlos; y la conciencia de la mujer y su expresión mediante el recurso literario del monólogo interior.

En el apartado segundo se van considerando una variedad de tipologías de mujer diferentes que se ofrecen en las novelas que para su estudio ha seleccionado la autora. Van desde la mujer entendida como ideal de una nación hasta las que pueden suscitar fantasías andróginas, y entre una y otra clase se distinguen esas que enumero, quizá sin agotar el muestrario: la mujer virtuosa, la trabajadora, la institutriz o doncella, la pionera, la estigmatizada, la adúltera, la prostituta, la vampira o demoníaca, las que tienen los respectivos estados civiles de soltera, de casada, de viuda, la recluida en un convento, la involucrada en la quiebra de tabúes, la inserta en los acontecimientos históricos, la que transgrede estereotipos y la mujer que es espejo de otra mujer.

"En Cien novelas con nombre de mujer ha acompasado Triviño Anzola distintos quehaceres, así los de lectora, de divulgadora, de investigadora, de crítica literaria, de teórica de la literatura y de novelista"

En las antípodas del prontuario, y sin reducirse ni atenerse a los requisitos e imponderables de la guía didáctica, en la segunda parte de Cien novelas con nombre de mujer reúne Triviño Ansola, como dije un poco más arriba, una gama de resúmenes, de análisis, de comentarios, y de valoraciones a vueltas de un centenar de escritos novelescos protagonizados por mujeres en novelas que llevan nombre de mujer, o que no lo llevan expresamente, aunque remiten a un personaje femenino. Esas narraciones hacen referencia a una gama de autores y autoras de diferentes siglos, épocas, territorios, países y continentes, de idiomas y de hablas, de autorrepresentaciones, de tradiciones culturales, de estéticas, de discursos y técnicas creativas, de temas y asuntos, de contextos y encrucijadas históricas, de sectores sociales, de cortesanías de lustre diverso, de condicionantes muy distintos, de engaños y desengaños, de estrategias de seducción femenina y de dominación y hasta de maltrato y violencia masculinas, de patologías, de cambios de roles, de situaciones insólitas y experiencias traumáticas, no pocas veces límite, como por ejemplo las que acaban en suicidio, cuando no en reclusiones conventuales convertidas en refugio, alcanzando en ambos supuestos tasas notoriamente subidas. También concurren en varias novelas distintas etnias, distintos tipos de colonizaciones, así como de comportamientos ideológicos, bélicos y éticos con respecto a los pueblos originarios, constituyendo muchos de estos relatos sendos hitos en las respectivas literaturas nacionales.

Un surtido de novelas tan amplio, dispuesto en orden cronológico, y que abarca desde el último tercio del siglo XVII, con una sola representación, hasta finales del XX, con cuarenta y dos, dota al libro de un gran atractivo para quien lo lee, pues nuestra mente ha de procesar de manera continuada numerosas tramas, variados modos narrativos de autores y autoras, con predominio numérico de los primeros, sobre todo hasta fines del XIX, y muy distintas significaciones. En ese proceso vamos recibiendo un caudal de información bien ingente que también se convertirá en poso formativo, en muchos casos en virtud de la cantidad de lagunas propias que esta monografía contribuye a subsanar, puesto que, y hablo por mí, he de decir que de una porción de las novelas tan interesantes estudiadas no tuve nunca idea de que se hubiesen escrito.                         

"Culminando la pirámide del saber bien entendido, ha de subrayarse la función de divulgadora que asume Triviño Anzola en el libro"

En Cien novelas con nombre de mujer ha acompasado Triviño Anzola distintos quehaceres, así los de lectora, de divulgadora, de investigadora, de crítica literaria, de teórica de la literatura y de novelista. Empecemos por el de lectora, mejor dicho de lectora ávida e irredenta y afanada en leer desde siempre, porque acredita en su libro haberse leído muy seguramente y de pe a pa todas y cada una de las novelas comentadas, dando por descontado que ha releído, acaso más de una vez, algunas de ellas. Es más: no me arriesgo nada si afirmo que se habrá leído sin la menor duda muchísimas más novelas que aquí no estudia, si se tiene presente que ha seleccionado entre sus múltiples lecturas un elenco no exhaustivo de la novelística protagonizada por mujeres, así como de aquellas narraciones a las que se puso un título con un nombre de mujer o con una alusión ad hoc sin onomasiología explícita. La autora no deja de informarnos sobre hondas implicaciones personales en distintas lecturas y en diferentes épocas de su vida, desde el llanto que le produjo en su primera juventud la lectura de la novela romántica María de Jorge Isaacs hasta la rabia impotente que le causaría leer el sacrificio de la protagonista de Afrodita de Pierre Loüis o la melancolía, casi análoga a la del autor, Valery Larbaud, al leer su novela Fermina Márquez.      

Culminando la pirámide del saber bien entendido, ha de subrayarse la función de divulgadora que asume Triviño Anzola en el libro. La evidencian hechos como los siguientes: se explica con una claridad meridiana, utiliza estrategias incentivadoras de la lectura, entre ellas y sobre todo las de formular interrogantes retóricos, o proponer preguntas inquietantes que deja en el aire, o que enseguida responde; y sin darse las más mínimas ínfulas, no hace ninguna ostensión de los conocimientos eruditos en los que apoya sus comentarios, y que la sección bibliografía final acredita, sección esta reveladora de una exigente puesta al día, toda vez que alguna de sus entradas data inclusive de una fecha bien próxima al año en que ha salido el libro que le comento.   

"Como teórica de la literatura, resulta bien de agradecer que nos recuerde Triviño Anzola nociones que demasiadas veces simplemente se ignoran o bien se olvidan"

Como estudiosa, investigadora y crítica literaria, aunque también teórica de la literatura, nos ofrece Triviño Anzola unas apreciaciones precisas, sagaces que a partir de este momento no podrán obviar quienes aspiren a conocer mejor las novelas analizadas, entre otras razones porque en no pocas oportunidades aquellas novelas de renombre  que creíamos conocer de sobra nos las presenta con una mirada nueva capaz de sacar a relucir claves y perspectivas impensadas. Y hay más puntos que deben resaltarse, porque se ocupa también de novelas olvidadas, de algunas de las cuales ni siquiera se hace mención en historias de la literatura del país concernido. En ciertos casos el hecho mismo de haber elegido y comentado esas novelas ha de considerarse un rescate, y aún una reivindicación que tal vez habría de conducir a ciertas remodelaciones de canonicidades, pues en más de un supuesto alguno de estos relatos debiera resituarse, desde la marginalidad canónica en que se halla, en la parrilla de salida de su posible ingreso en el canon.

Como teórica de la literatura, resulta bien de agradecer que nos recuerde Triviño Anzola nociones que demasiadas veces simplemente se ignoran o bien se olvidan, como por ejemplo estas dos que aduce y reproduzco: “Las subjetividades de distinto género deben surgir del texto, de la sustancia que constituye la materia de los personajes, teniendo en cuenta siempre que el narrador o la narradora es también un personaje.” (36). Y a propósito del carácter canónico de la novela María de Jorge Isaacs en virtud de su alto índice de recepción, anoto la advertencia de que “La historia de la literatura es también la historia de la lectura.” (43).

Finalmente subrayo que Consuelo Triviño Anzola también se ha implicado en su libro como creadora de ficciones narrativas. No solo porque introduce registros creativos propios en sus comentarios, sino porque sus análisis y valoraciones las realiza a partir de una experiencia novelística avezada en destrezas cuya idoneidad en los autores y autoras sabe calibrar desde un ángulo muy personal, sin los límites que impone quien solo investiga, pero nunca se involucró antes en los desafíos de la invención y de la elaboración de relatos. En alguna medida su Cien novelas con nombre de mujer nos importa asimismo porque nos acerca más a la novelista que ella misma es, explicándonos cómo fue creciendo como narradora merced a la lectura de novelas, y de algunas en especial que la fascinaron. Y además nos participa su planteamiento autorial con esta información tan valiosa por orientativa: “Como autora, jamás me he planteado trabajar por una escritura ´específicamente femenina o feminista´. A la hora de emprender un proyecto literario, el mayor reto que se me presenta es la construcción de una voz narrativa, sea esta femenina o masculina, o aceptar que la voz masculina sea pretendidamente neutra.” (36).

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Autor: Consuelo Triviño Anzola. Título: Cien novelas con nombre de mujer. Editorial: Cátedra. Venta: Todos tus libros.

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