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5 poemas de Ereignis, de Carmen Palomo Pinel

5 poemas de Ereignis, de Carmen Palomo Pinel

Hete aquí un libro que piensa la poesía como acontecimiento: el instante en que la palabra no solo nombra, sino que hace existir lo nombrado, celebrando la enigmática coincidencia entre el decir y el ser, entre el lector y la voz que le convoca. Desde esa intuición, los poemas exploran la relación entre lenguaje, realidad y misterio.

En Zenda reproducimos cinco poemas de Ereignis (José Manuel Lara), de Carmen Palomo Pinel.

***

Cantar de gesta

Ceder el último pedazo, acordarse
de llamar, sonreír con los ojos:
esas son las batallas decisivas
de la Historia.

***

Lección de historia universal

Hemos logrado tantas cosas.

Hemos domado el fuego, alcanzado la luna.

Hemos auscultado el mundo con nuestros ojos merodeadores, con las videntes manos. Le hemos puesto gasas y catéteres de expectativas y un bypass a la germinación.

Hemos hecho poemas para irrigar la tierra baldía (con tres heridas, tres, y cuatro columnas de cieno que chapotean las aguas podridas, porque a pesar de saber que en tierra en humo en polvo en sombra en nada, y a pesar de y de, la más honda verdad es la alegría).

Metódicamente hemos dudado, y hemos deconstruido y falsado, y también sido falsos. Polinómicamente hemos descompuesto e igualado, y ajustado las fórmulas, los moles, buscado la fusión (con todo) y la fisión (de todo). Entendido. Ignorado. Destruido.

Hemos creído que el nombre de Dios habitaba en las montañas.

Hemos hecho música. Y silencio. Y 4’33’’, John Cage, música que es silencio (porque todo silencio es el eco de una polifonía, o su sombra).

Hasta milagros hemos hecho: pan y vino.

Y hemos hecho la guerra, el ruido, nos hemos roto, no entraba suficiente luz ni suficiente aire, teníamos que rompernos, el dolor truena y nosotros –antes silbos y flautas traveseras– queríamos, errábamos, ya no sabemos nada, pero cuánto lloramos, pero cuánto volvemos a matar.

Hemos mirado a las estrellas como añorando un útero.

Hemos querido enterrar a nuestros muertos, confiando en que lo bello no es inútil.

Todo esto que hemos hecho, y lo que vendrá siempre, no han sido sino modos, más torpes o acertados, de implorar el amor.

***

Superpoderes de la función poética

Crear una

distancia,

un

(quasar, alebrije, rendición)

extrañamiento

buscando la palabra no esperada,
que permite
amasar la rareza que brota del lenguaje
disolviendo la acedia.

Entregarnos un mundo medido, y aún ignoto.
Recrear la manzana, el río, la morrena,
al nombrarlos satélite, bucéfalo, designio.

En lo inventado,
renovar nuestros votos de amor a lo real.

Mantenernos con vida.

***

Carta a todas las cosas de este mundo

Queridas cosas:

Quiero pediros perdón una por una.

Cogeros suavemente,
acariciaros hasta que os durmáis
con descuido y verdor en mi regazo.

Perdón, porque mi corazón no puede conteneros.
Es pequeño para vuestra furia y vuestro brillo.

No puede salvaros de la consumición, ni está en su poder
la pervivencia de la luz que os nutre.

Yo os amo, os amo tanto, pero no soy el Dios
que pueda rescataros.

Mi forma de amor es consumirme con vosotras, en vosotras.
Ser vuestra hermana en la fragilidad. Decirme en ella.

Llevo gracias y lilas en la frente por vuestra mansedumbre,
que es escuela admirable.
He plegado mi sonrisa al mandato de ser, según vuestra enseñanza.

Os doy las gracias. Me despido. Adiós.
Nuestro tiempo es un óbolo que rueda hacia la noche.

Espero reencontraros
allá donde el destello no perezca.

***

Constante gravitacional

Las hojas en otoño.
La sustancia más densa en la disolución.
La traición del amigo.
La lluvia torrencial.
Los colosos gemelos el 11 de septiembre.

Los amantes infieles.
Los envases de plástico viniéndoseme encima
al abrir la alacena. El alcoholismo.
La prevaricación
del magistrado que se decía impoluto.

El dolor persistente de crecer.
La inocencia perdida.

La manzana de Newton.
La canica rodando sobre un plano inclinado.
Don Quijote en el suelo tras embestir molinos.

La aguja desplomada al arder Notre Dame
y Marco Junio Bruto en los idus de marzo
escuchando de César

tu quoque, fili mi?

El viaducto Morandi.
Un meteorito.

Judas.
Tú. Yo.

Tú y yo.

Todo lo que ha caído
lleva en sí la noticia de lo alto.

—————————————

Autora: Carmen Palomo Pinel. Título: Ereignis. Editorial: Vandalia/Fundación José Manuel Lara. Venta: Todos tus libros.

BIO

Carmen Palomo Pinel (Madrid, 1980) es profesora de Derecho Romano en la Universidad San Pablo-CEU. Compagina su labor investigadora y docente con la escritura poética. Como poeta es autora de los libros Glosas al fuego (2016, I Premio Internacional de Poesía Francisco de Aldana), Las costuras del hambre (2019, II Premio Esdrújula), Un silencio habitado (2021, accésit VIII Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador), DIDO (2021, XXXII Premio Nacional de poesía José Hierro), Madre de cenizas (2022, I Premio Gravitaciones), En tu espalda el desierto (2023, XLI Premio Leonor de Poesía), Ser mirada (2024, Premio Ciutat de València – Juan Gil-Albert) y Ramas de mirto en la ciudad eterna (2024, accésit Premio Jaime Gil de Biedma; Premio Ciudad de Churriana y de la Crítica de Madrid 2025). Muestras de su obra aparecen recogidas en diversas revistas y antologías.

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