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Destejer el lenguaje

Destejer el lenguaje

Cuando las metáforas se enredan en el lenguaje cotidiano, uno para de prestarles atención, de preguntarse acerca de su origen, de su verdadero significado. Yo misma acabo de emplear una. El lenguaje se enreda. Al hablar se pierde el hilo, o se tira de uno para llegar a la conclusión deseada. De quien es astuto decimos que “hila fino”. Las historias se desarrollan a lo largo de una trama tejida con esmero, y los sucesos importantes se concentran en sus nudos. Si “texto” y “tejer” comparten la raíz latina texere no es fruto del azar, ni un capricho del lenguaje. Los puntos son un alfabeto. Los puntos se entretejen (otra metáfora, es casi imposible evitarlo) y juntos, uno detrás de otro, cuentan una historia.

Hubo un tiempo en el que las historias se narraban en voz alta, al resguardo de un círculo. Alguien ejercitaba la memoria, que es la red de la imaginación, y mientras tanto el resto del círculo hacía clic clic clic. Un entrechocar de agujas. El arquetipo fundacional del narrador no es un rapsoda, ni un juglar. El origen de la narración es un círculo de tejedoras.

Y quien narra, teje, y cuando se teje, se narra.

"Una ola oscura y encrespada rompe contra el acantilado. Acercas la nariz a las páginas de Punto de araña: huele a sal, a madera carcomida por la humedad, a pescado y a monte"

Esta es la puntada (no pienso parar) inicial a partir de la cual se desarrolla la primera novela de la escritora gallega Nerea Pallares: Punto de araña, publicada en Libros del Asteroide después de que su versión original en gallego ganase el Premio García Barros en 2025. Una magnífica fantasía teñida de terror, pero bien remendada a la realidad actual.

Las arañas tejen, los personajes mitológicos (Aracne, las Moiras, Ariadna, Penélope…) tejen y las mujeres tejen. Siempre lo han hecho. “Nada ha conseguido impedir que las mujeres se sigan reuniendo para tejer juntas”, escribe Pallares. Porque tejer nunca es solo tejer. Es un acto de comunión, de expresión y de resistencia. Las mujeres siempre han tejido al resguardo de la casa (mientras los hombres tomaban la palabra en la esfera pública) y por eso nunca se les ha prestado demasiada atención, pero ¿qué pasaría si un día las mujeres dejasen de tejer?

Una ola oscura y encrespada rompe contra el acantilado. Acercas la nariz a las páginas de Punto de araña: huele a sal, a madera carcomida por la humedad, a pescado y a monte. Estamos en el fin de la tierra. Estamos en la Costa da Morte, y estos pueblos congelados en el tiempo siempre han estado vigilados por sus señoras. Tres arañas, tres ancianas vestidas de encaje negro (Navia, Briana y Otile) que aguardan durante generaciones a que las mujeres las llamen. Porque su existencia en las sombras y su poder se transmiten de abuela a madre y a hija. Igual que el oficio de redeira o de mariscadora, igual que la técnica del palillo (de origen mítico y por tanto desconocido) que da forma al encaje de bolillos. Los más pudientes comen los percebes y se visten con mantones exquisitos. Los hombres comercian y cuentan los billetes. Y mientras tanto, las manos de las mujeres se arrugan en la falta de reconocimiento y derechos laborales básicos.

"Qué sucede cuando las que lo sostienen todo deciden dejar de sostener. Qué sucede cuando, en vez de tejer, cogen la trama que sostiene a los demás pero que a ellas las atrapa y empiezan a destejerla"

Suceden varias cosas casi al mismo tiempo, y Pallares, que como buena araña ha tejido su novela con hilos muy prietos (ni uno deja suelto) y de distintas texturas y colores (porque no es nada sencilla la técnica del narrador coral que emplea), exige del lector atención a las voces, a las imágenes, al ir y venir del tiempo de la narración. Camariñas, un pueblo pintoresco en la costa más salvaje de Galicia. El mar escupe el cadáver de una adolescente del pueblo, acribillada por piratas modernos. Su madre y las demás mujeres del pueblo gritan ¡basta! y suben en procesión a la montaña para invocar a las arañas ancestrales. A la vez llega al pueblo Ari, una joven que va a hacerse cargo del museo del encaje, con un pasado disuelto en la niebla y una extraña sensación de familiaridad.

Qué sucede cuando las que lo sostienen todo deciden dejar de sostener. Qué sucede cuando, en vez de tejer, cogen la trama que sostiene a los demás pero que a ellas las atrapa y empiezan a destejerla. Hasta aquí hemos llegado. Los barcos chocan y se hunden. Los palillos dejan de producir. Las bocas se enmudecen porque las cuerdas vocales han olvidado el lenguaje.

Y si son ellas (y si somos nosotras) las que dan forma al mundo.

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Autora: Nerea Pallares. Título: Punto de araña. Editorial: Libros del Asteroide. Venta: Todos tus libros.

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