La escritora asturiana Carolina Sarmiento ha imaginado un Planeta en busca de su propia supervivencia en Las fronteras (Siruela), una novela que se mueve entre la distopía y la utopía, dos mundos a los que separa, según la autora, una línea “muy fina”.
El libro empieza con un “Tratado de desocupación” que rige la mitad del planeta vaciado, unas reglas que incluyen no tener hijos, no cazar ni usar recursos naturales y que obligan a los afectados a desplazarse a la otra mitad del Planeta para que en la que dejan libre la naturaleza se lama las heridas. Escribir ese tratado inventado, con “su lenguaje del BOE”, fue para la autora “un reto” y “un contrapunto” en una novela cargada de prosa poética. “Todos hemos oído frases como que los humanos merecemos la extinción. Si a eso le añadimos los argumentos científicos sobre la irreversibilidad del cambio climático, nos lleva a poder imaginar esta aventura distópica sobre una mitad del Planeta sin humanos”.
El protagonista es uno de los hombres encargados de hacer cumplir ese tratado que, para la autora, sería irrealizable por “utópico”. “¿Seríamos capaces de ponernos todos los gobiernos de acuerdo para esa solución? Yo creo que no“.
Pese a lo global del tema de la novela, se trata de una “historia muy local” y “con un único protagonista”. Una historia alejada de convencionalismos que además se desarrolla en una cuenta atrás, una jornada decisiva para el personaje y para la especie humana. A diferencia de otras distopías escritas o fílmicas sobre el fin del mundo, Las fronteras no se centra en robots ni en inteligencias artificiales, sino que apuesta por “dejar hablar” a la naturaleza. “Esta novela no tiene un sustento tecnológico sino orgánico. La naturaleza me inspira. No solo para escribir. Me gusta estar ahí, conectar con todo aquello que habla de donde venimos. Es un personaje importante en esta y otras historias que he escrito”.
La del libro no es una naturaleza edulcorada y bucólica, sino agreste, dura, propia del norte de Europa. Pese a la agencia destructora del ser humano que se sobrentiende en el punto de partida de la novela, Las fronteras lanza un mensaje de reivindicación del potencial del ser humano para el amor y los cuidados. “Si algo dejaremos bueno en la tierra son los cuidados“, explica Sarmiento, quien también ha querido homenajear virtudes y tradiciones como la oralidad y el folclore.
Pese a la bofetada de realidad que espeta el escrito, Sarmiento deja claro que su novela “no es alegato de nada. Es una aventura, un thriller, pero con bases que parten de una realidad, de un mundo que ha llegado al colapso absoluto. Estamos en ese momento que es una transición hacia lo desconocido, que es lo que supone muchas veces atravesar una frontera. Tenemos que redefinirnos. Estamos todos en la búsqueda de una identidad individual y colectiva“. Para Sarmiento, el mundo ahora mismo “no está para utopías” sino que “tenemos todos la sensación de estar viviendo en una distopía, un momento de incertidumbre que nos tiene a todos un poco perdidos. La humanidad tiene que decidir cuál es su lugar en el mundo”.




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