Portada: Olga Orozco.
Este viernes, dentro de la sección No son todos los que están, presentamos la quinta lista de cinco grandes poetas de Argentina cuya obra bien podría ser considerada como clásica o influyente en las generaciones actuales de poetas de su país. Pasen y lean. Estos son los que están esta semana, y los que no, ya llegarán.
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ARIEL DELGADO
Ariel Delgado fue un poeta nacido en Morón, Buenos Aires, en 1985. A los primeros meses de vida se trasladó con su abuela a Paraná, Entre Ríos, donde pasó la mayor parte de su vida. Cursó estudios de profesorado en Lengua y Literatura. Publicó La pequeña verruga (Colección Chapita, Bs. As., 2009), El último clásico (Ese es otro que bien baila, Paraná, 2010; Gigante, Paraná, 2012). Con Julián Bejarano crearon al “poeta entrerriano” Román Sangoy, bajo cuyo nombre publicaron Pillín (Ese es otro que bien baila, 2010) y Las chicas de barrio son mejores cuando te lastiman (Gigante, 2012). Poemas suyos forman parte de la antología 30.30: Poesía argentina del siglo XXI (ES, EMR y CCPE/AECID, Rosario, 2013). Se suicidó en 2011, a la edad de 25 años. La editorial Neutrinos publicó su obra reunida en 2022 bajo el título de Poesía.
La pileta del fondo de mi casa
La pileta del fondo de mi casa
sigue armada, lejos
quedó la primavera, el verano
el calor sofocante
que nos llevaba a tirarnos
de cabeza al agua fresca.
Lejos quedaron las ganas
de llenarla, de estar mojados
pensando en playas
y mujeres hermosas.
Pero sigue armada
en el fondo, resiste
entre hojas secas,
agua sucia verde,
resiste en el viento del invierno,
a veces, alguna tormenta
la limpia y me ahorra
el trabajo que debería hacer.
De vez en cuando, mi abuela se acuerda
y me dice: Ariel, cuándo vas
a desarmar esa pileta?
Mañana, nona, mañana.

C. E. Feiling.
C. E. FEILING
Carlos Eduardo Antonio «Charlie» Feiling, más conocido como C. E. Feiling, fue un escritor, periodista, crítico literario, docente y traductor argentino nacido en Rosario en 1961. Murió prematuramente a los 36 años, habiendo publicado únicamente tres novelas, cada una de ellas realizada en base a un género literario en específico: El agua electrizada (1992, policial), Un poeta nacional (1993, aventuras) y El mal menor (1996, terror), además de un libro de poemas, Amor a Roma (1995).
31
Del gramático Zeus desaprueba,
la cólera de Homero nos lo prueba.
A fin de mes (con suerte) la nodriza
una parte de paga le requisa;
no desdeña después el torpe intento
de pedirle además un 10%
—se parece, por último, la suma
a flores de papel sobre una tumba.
Consigue un padre amante, no tacaño,
que prometa pagarte a fin de año,
y al undécimo mes, sobre la fecha,
ya «por otro mejor» verás que te echa.
Tener casa y comida son tus penas;
él bromea a tu costa tras la cena.
*
32
Sustantivo y gramático declinan.
Hoy yo vendo los libros de mi ruina,
a Calímaco y Píndaro y los otros.
Soy un «mal caso», pobre como pocos.
Doroteo me deja sin trabajo
y luego me calumnia por lo bajo.
Ayúdame, Theon, pues ya no hay
entre pobreza y yo sino una &.
***
JACOBO FIJMAN
Jacobo Fijman fue un poeta argentino nacido en Orhei, Besarabia, actual Moldavia, en 1898. Formó parte de la vanguardia literaria del grupo Martín Fierro, donde se vinculó con Jorge Luis Borges y Oliverio Girondo. Desarrolló varios oficios irregulares, y a partir de 1921 comenzó a padecer crisis mentales. Cada vez más cercano al misticismo, se convirtió al catolicismo en 1930, y colaboró en varias revistas religiosas antes de ser internado definitivamente afectado de psicosis delirante en 1942. Moriría aún internado en Buenos Aires en 1970.
Canto del cisne
Demencia:
el camino más alto y más desierto.
Oficios de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.
Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!
***
OLGA OROZCO
Olga Orozco fue una poeta nacida en Toay, provincia de La Pampa, en 1920. Su infancia y adolescencia transcurrieron en Bahía Blanca. Se la ubica entre las autoras más notables de la llamada “generación del 40” y está considerada como una figura fundamental de la poesía argentina. Colaboró en numerosas publicaciones, Reseña, Correo literario, A Partir de Cero, Espiga, Claudia y La Nación. En ocasiones utilizaba seudónimos, particularmente cuando escribía horóscopos y predicciones zodiacales. Su obra destacó por configurar un universo personal, cargado de elementos místicos, sugerentes y profundos. Su poesía estaba influenciada por los poetas franceses que admiraba, Arthur Rimbaud y Charles Baudelaire. Justamente, y a semejanza del autor de Las flores del mal, le dedicó un poemario a su gata, Cantos a Berenice (1977 y Ediciones en Danza 2015) En 1980 recibió el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes y en 1988 el Premio Nacional de Poesía. En 1998 obtuvo uno los máximos galardones literarios concedidos en América Latina, el Premio Juan Rulfo. Sus últimos libros publicados en vida fueron Con esta boca, en este mundo (1994) y las antologías Olga Orozco (Fondo Nacional de las Artes, 1996) y Eclipses y fulgores (Lumen, Barcelona, 1998). Murió en Buenos Aires en 1999.
El adiós
La sentencia era como esos calcos en que el relieve del amor
deja un vacío semejante a sus culpas.
Me arrojaron al mundo en mi ataúd de hielo.
Una tierra sin nombre todavía corrió sobre este rostro
con que habito en la desconocida:
era la tierra del castigo.
Era la hora en que comienzo a despertar entre los muertos
con la evidencia de un anillo roto,
un vestido de momia desprendido de las vendas del cielo
y un espejo de sal donde puede leerse mi destino.
El porvenir no es nada más que mirar hacia atrás.
Debajo de esas nubes desgarradas
hay una casa en llamas
en donde los amantes trasmutaban en oro de eternidad el resplandor de un día,
o tomaban las apariencias de ladrones de pájaros
aprisionando entre los hilos del ocio las metamorfosis de sus propias imágenes.
Hay una luz dorada que hiere hasta las lágrimas;
hay un lecho también
como una barca invadida por el follaje del deseo
-unas hojas carnosas que exhalan el perfume de los más largos viajes-.
Y había siempre y nunca
como ahora vueltos de pronto boca abajo.
Corazón repudiado,
animal aterido en uno de los dos costados de tu sangre,
ignorabas entonces que tendrías la forma de un retablo de la creación hecho pedazos,
que alguna vez la noche del adiós te nombraría en voz muy baja
como nombra la soledad a sus testigos,
o como llaman aquellos que se van a los que nunca vuelven.
Ahora, de espaldas contra el muro que custodia el guardián de todo nacimiento,
sólo te quedan las apariciones,
el fantasma de un tiempo que gritará contigo en el estanque muerto de algún sueño,
cuando él duerme, tan lejos en su adiós.
Un soborno de plumas para una ley de fuego.

Alfonsina Storni.
ALFONSINA STORNI
Alfonsina Carolina Storni fue una poeta argentina nacida en Sala Capriasca, Suiza, en 1892. Vinculada con el modernismo, está considerada como una de las voces más importantes y emblemáticas de la literatura latinoamericana del siglo XX. Desde joven, Storni mostró un profundo interés por la literatura y la poesía, y desde temprana edad comenzó a escribir. Su obra se caracteriza por una fuerte carga emocional y un compromiso con temas sociales y de género, especialmente en relación con la situación de la mujer en la sociedad patriarcal. A lo largo de su vida, Storni enfrentó múltiples adversidades, incluyendo problemas de salud (luchó contra un cáncer de mama) y la crítica social por su postura feminista. En 1938 se suicidó arrojándose al mar en Mar del Plata.
Voy a dormir
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, aéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...
*
Versos a la tristeza de Buenos Aires
Tristes calles derechas, agrisadas e iguales,
Por donde asoma, a veces, un pedazo de cielo,
Sus fachadas oscuras y el asfalto del suelo
Me apagaron los tibios sueños primaverales.
Cuánto vagué por ellas, distraída, empapada
En el vaho grisáceo, lento, que las decora.
De su monotonía mi alma padece ahora.
—¡Alfonsina!— No llames. Ya no respondo a nada.
Si en una de tus casas, Buenos Aires, me muero
Viendo en días de otoño tu ciclo prisionero
No me será sorpresa la lápida pesada.
Que entre tus calles rectas, untadas de su río
Apagado, brumoso, desolante y sombrío,
Cuando vagué por ellas, ya estaba yo enterrada.


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