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Jorge Dezcallar: “No habrá seguridad para Israel sin justicia para los palestinos”

Jorge Dezcallar: “No habrá seguridad para Israel sin justicia para los palestinos”

El 26 de marzo Jorge Dezcallar, embajador de España, diplomático de amplísima trayectoria, presentó en Madrid su nueva novela, Pez Negro (La Esfera de los Libros). Se trata de su tercera novela de espías, protagonizada por su personaje Asís, que ya había actuado en Espía accidental y Operación Falsa Bandera. En Pez Negro tiene una gran importancia el conflicto entre israelíes y palestinos.

Jorge Dezcallar demuestra sus profundos conocimientos de geopolítica y los utiliza para elaborar su novela, pero siempre al servicio de su trama y de su historia.

El que fuera embajador español en Marruecos, Washington y el Vaticano, así como director del Centro Nacional de Inteligencia, afianza con Pez Negro una carrera literaria que ya cuenta con varios títulos de diversos géneros: las memorias de El anticuario de Teherán y Valió la pena, los ensayos de geopolítica de Abrazar el mundo y El fin de una era: Ucrania, la guerra que lo acelera todo, y las novelas citadas.

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Pez Negro es una novela extensa, de más de cuatrocientas páginas. Se le ve muy a gusto en su condición de novelista. ¿Disfrutó escribiéndola?

—Mucho. Escribir es un ejercicio muy autista pero que también da muchas satisfacciones

—¿Por qué le dio tantas satisfacciones escribir esta novela?

—Porque la ficción es mucho más absorbente, libre y difícil que el ensayo. Y también más personal y divertida. Tu imaginación vuela como un pájaro, no hay ataduras. Cuando te sumerges en ella, te abraza, te rodea y ocupa todo tu tiempo.

—Ha conseguido aplicar muy bien sus conocimientos de geopolítica, y del mundo actual en general, al género novelesco. ¿Le costó trabajo hacerlo?

"Como todo el mundo, soy fruto de mi experiencia vital, yo y mi circunstancia, que se dice"

—No. Como todo el mundo, soy fruto de mi experiencia vital, yo y mi circunstancia, que se dice. La periodista y corresponsal Anna Bosch, una buena amiga que me acompañó en la presentación del libro, lo definió como “ensayo novelado”, que me parece una inteligente definición. Y Matías Vallés me dijo al presentar mi primera novela, Espía accidental, que tiene como trasfondo la mala relación entre Israel e Irán, que recomendaba que mis novelas se estudiaran en las universidades de Relaciones Internacionales porque era una forma divertida de aprender política internacional.

—¿Qué opina de ambos comentarios?

—Ambos son inteligentes y halagüeños. Si no hubiera sido diplomático cuarenta años, si no hubiera sido director general para asuntos de África y de Oriente Medio en el ministerio de Asuntos Exteriores durante ocho años y si no hubiera dirigido el Centro Nacional de Inteligencia no podría escribir como lo hago. De eso no tengo la menor duda.

—¿Qué cree que es lo fundamental para escribir una buena novela?

—En mi caso sigo el consejo que el editor londinense le dio en los años cuarenta a Wilbur Smith cuando a los 19 años se le presentó desde Rhodesia con una novela: “Joven, tiene usted buena pluma pero escriba de lo que sabe”. Y él regresó a África y escribió una novela sobre la caza de leones que tuvo un éxito inmediato. Lo cuenta en su autobiografía, On Leopard’s Rock. Yo me lo aplico y escribo con el telón de fondo del mundo que conozco bien: Oriente Medio para Espía accidental (el problema entre Israel e Irán), África del Norte para Operación Falsa Bandera (el conflicto del Sahara Occidental) y otra vez el inagotable Oriente Medio para Pez Negro (el conflicto árabe-israelí).

—¿Cuáles cree que son las claves de estas novelas?

—Una ficción creíble sobre un trasfondo real.

—¿A qué novelistas lee o admira especialmente?

—A muchos: Benito Pérez Galdós, Llorenç Villalonga, John le Carré, Somerset Maugham, Pierre Loti, Eça de Queiroz, Kurt Vonnegut, Daniel Silva, Javier Cercas, Alexandre Dumas, Mario Vargas Llosa, Mia Couto, Arturo Pérez-Reverte… He intentado leer Dubliners tres veces y lo he dejado por imposible…

—Pez Negro es su tercera novela de espías. ¿Nota una progresión en ellas, de calidad o de otro tipo?

"Yo comienzo una novela con muy poco y luego la novela se va escribiendo sola"

—Creo que no soy yo quien puede contestar a esa pregunta. De todas formas yo comienzo una novela con muy poco y luego la novela se va escribiendo sola. Por ejemplo, cuando empecé a escribir Pez Negro solo tenía clara la escena del barco y del individuo que tira por la borda el teléfono con el que el protagonista acababa de fotografiar a su mujer… No tenía ni idea de qué iba a pasar luego… y salieron más de cuatrocientas páginas. Pero quizás sí que se aprende algo, porque me siento más suelto y con más confianza que al principio.

—¿Qué ha aprendido entonces con esta experiencia de escritor en general y de novelista en particular?

—A tener algo de paciencia —mi mujer se reirá cuando lea esto—. Hay días que te estancas y es muy frustrante. No puedes parar de pensar en lo que podría o debería suceder. Mientras estás en la cama o mientras paseas al perro. Y a veces no lo encuentras.

—¿Cuánto tiempo tardó en escribir esta novela?

—Un año. Lo difícil es tener la idea inicial. Luego ya todo corre solo. Yo escribo muy rápido y luego, cuando ya está escrito, releo y corrijo. En efecto, lo más difícil es tener la idea inicial, la que te permite empezar. Y eso no es nada fácil. La que te da vueltas y vueltas en la cabeza hasta que no puedes más y empiezas a ponerla sobre el papel. Supongo que por eso Lobo Antunes decía que escribir es escuchar con fuerza.

—¿Qué fue lo más fácil de hacer?

—Los que tienen más experiencia que yo dicen que los personajes crecen solos, y eso, al menos en mi caso, es muy cierto. Tú crees que el protagonista va a ser uno, pero ese personaje pierde fuerza y en cambio aparece otro que llena el espacio. Por ejemplo, con Pez Negro yo quería hacer una novela de espionaje pero con una historia de amor en el centro entre una israelí judía y un israelí palestino. Y esa historia existe, pero el terrorista se la acabó comiendo.

—¿Le resulta difícil en sus novelas dar voz a personas como Putin o Netanyahu, convertirlos en personajes?

"He estado en cárceles, o en los campamentos de refugiados, y en los territorios ocupados por Israel"

—No, eso es lo más fácil, porque he estado con ellos, o si no precisamente con ellos, con muchos otros como ellos. He estado con ellos, los he visto actuar, los he conocido y sé cómo hablan y lo que piensan. Tenga en cuenta que he estado en los palacios de todos los reyes y sultanes y presidentes y primeros ministros de todos los países de Oriente Medio y África del Norte. Y también de otros lugares. Pero también he estado en cárceles, o en los campamentos de refugiados, y en los territorios ocupados por Israel. Por eso el trasfondo es muy real, y eso hace más creíble la ficción.

—¿Cree que ellos se podrían molestar por esto, y por lo que usted pone en su boca?

—Espero que no, y en todo caso les pido perdón al principio del libro. Pero creo que si ellos se encontraran en la situación en la que yo les pongo dirían algo muy parecido a lo que yo les hago decir.

—¿Cómo será el siguiente libro, si se puede decir?

—No lo sé. No tengo ninguna idea, por el momento, para una nueva novela, y quizás me decante por un texto sobre geopolítica que me anda rondando la cabeza. Estamos al final de la era geopolítica que comenzó en 1945, y eso da mucho juego. Ya en 2024 lo veía venir y escribí El final de una era: Ucrania, la guerra que lo acelera todo (La Esfera de los Libros), y solo ahora algunos parecen caer del guindo. Pero no estoy decidido. Por ahora me limito a disfrutar con la publicación de Pez Negro.

—¿Cree que hay un fin posible en el conflicto entre Israel y Palestina?

—Este no es un conflicto étnico o religioso o político. Es mucho más simple, es un conflicto por la tierra, e israelíes y palestinos parecen incapaces de compartirla. Y no ahora sino siempre: recuerde que David era israelí y Goliat era palestino. Esto viene de muy atrás.

—¿Cómo puede llegar ese fin?

"Un director del Mossad me dijo un día que los palestinos no le preocupaban, que su problema existencial era Irán"

—Estoy convencido de que no habrá seguridad para Israel sin justicia para los palestinos. Un director del Mossad me dijo un día que los palestinos no le preocupaban, que su problema existencial era Irán y que a los palestinos bastaba con darles un capón de vez en cuando (mow the grass) para que no molestaran. Los terribles atentados terroristas de Hamas del 7 de octubre de 2023 demuestran lo equivocado que estaba. Son crisis periódicas que siempre se cierran mal. Si tienes diez terroristas y matas dos… te quedan veinte. Y eso es lo que va a volver a pasar ahora otra vez. Es solo cuestión de tiempo.

—¿Cuál cree que es la razón  más profunda del conflicto entre Israel y Palestina?

—La tierra. Y el no haber sabido Israel actuar durante los últimos 80 años de forma que pudiera ser aceptado en la región geográfica a la que pertenece. Ha ignorado el sabio consejo que Talleyrand le daba a Napoleón cuando le decía que ¡con las bayonetas se puede hacer todo… todo, salvo sentarse sobre ellas!, que es lo que Israel ha hecho aprovechando su poderío militar. Claro que tampoco los palestinos han ayudado con sus dudas, sus miedos, su corrupción… Abba Eban dijo que nunca perdían la ocasión de perder una ocasión… y es verdad.

—Ha llegado al poder Trump. ¿Puede favorecer el final de este conflicto?

—No me lo parece. Es el presidente estadounidense más pro-israelí de la Historia, como ha dicho el propio Netanyahu. Pero me parece más un pirómano que otra cosa. Las dos guerras contra Irán, la expansión de los asentamientos en Cisjordania (limpieza étnica), la destrucción de Gaza donde el propio Tribunal Internacional de Justicia ve indicios de genocidio, la actual ocupación del sur del Líbano o del monte Hermón en Siria hacen a Israel más temido y más odiado en la zona. La hegemonía israelí levanta muchas suspicacias y rechazo en Turquía, Arabia Saudita, o el mismo Irán.

—¿Cómo podría Trump favorecer el final del conflicto?

—Trump podría ayudar a poner fin al conflicto si obligara a Israel a compartir la tierra y a vivir junto a un Estado Palestino, algo que los israelíes no desean porque no se fían de lo que creen que sería un núcleo de irredentismo —en eso probablemente no se equivocan—, y que además hacen imposible con su continua expansión de los asentamientos y ocupación de la tierra palestina.

—¿Acabarán algún día las guerras, o esto más bien es un cuento de hadas?

"En Oriente Medio hay muchos conflictos: entre palestinos e israelíes, entre fundamentalistas y laicos, entre turcos y kurdos, entre sunnitas y chiítas"

—En Oriente Medio hay muchos conflictos: entre palestinos e israelíes, entre fundamentalistas y laicos, entre turcos y kurdos, entre progresistas y conservadores, entre sunnitas y chiítas… La ocupación extranjera primero (imperio Otomano, Acuerdo Sykes-Picot, creación del Estado de Israel), el fracaso de los procesos de modernización y finalmente la injerencia de las grandes potencias han complicado el problema

—¿Por qué existen las guerras?

—Porque fracasa la diplomacia. Las guerras eran históricamente la forma de ejecutar el derecho (Grocio) y solo se prohíben en el siglo XX. Cuando EEUU hizo la guerra a México es porque no le pagaba unas deudas. Le atacó y se quedó con la mitad del país a cambio de condonarle la deuda. Nadie considera a Napoleón un criminal de guerra, que lo fue. Pero es que entonces el concepto no existía. El Pacto Briand-Kellogg en 1928 fue el primer intento de prohibir las guerras; no consiguió evitar la Segunda Guerra Mundial, pero la idea la recogieron las Naciones Unidas, que otorgan al Consejo de Seguridad el monopolio del uso de la fuerza con la única excepción de la legítima defensa (artículo 51 de la Carta). Pero las grandes potencias no lo respetan, como muestran Rusia en Ucrania y EEUU en Irak o Irán…

—¿Qué papel juega la ética en el Derecho Internacional, en la política internacional?

—Hoy está en el aire. El orden internacional de 1945, el que ahora acaba, se basó en los valores de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, unos valores que se inspiran en el humanismo cristiano, la filosofía griega, el Derecho romano, el Renacimiento, la Ilustración… Muchos países (China, India, Indonesia…) no se reconocen en ellos porque no tuvieron todo eso; su trayectoria cultural ha sido muy diferente. Hoy sería imposible adoptar por consenso, como se hizo en 1948, la Declaración Universal de Derechos Humanos. No habría unanimidad al respecto. Y es que en 1948 la ONU tenía 53 miembros occidentales, y hoy tiene 193 de las más variadas procedencias culturales.

—En sus anteriores libros de geopolítica decía que íbamos a un nuevo orden mundial. ¿No le parece que dicho orden puede ser más bien un “desorden”?

—Así puede ser. Lech Wałęsa decía que con un acuario se puede hacer una buena sopa de pescado, pero no a la inversa, y Antonio Gramsci ha dicho que cuando un mundo muere y otro se debate entre los dolores del parto y no acaba de nacer nos encontramos en “la época de los monstruos”.

—¿Cómo sería, o cómo es, ese nuevo “orden”?

—A corto plazo creo más bien en un desorden. Pero para contestar a su pregunta, supongo que pasaremos de un multilateralismo cooperativo a una multipolaridad competitiva con dos grandes “hegemones” (EEUU y China) y otros grandes países o grupos de países como India, la UE, Brasil… en constante pugna, con tensiones, desconfianzas, barreras comerciales… Un mundo poco simpático.

—¿Cree que Estados Unidos acabará invadiendo, o anexionándose, o comprando quizá, Groenlandia?

—Si yo fuera danés no me fiaría ni un pelo. Lo ha dicho la primera ministra danesa. Trump “quiere” Groenlandia, aunque podría desplegar allí todas las tropas que quisiera al amparo de los actuales acuerdos defensivos. Pero la “quiere” y puede que incluso diera el paso para compensar con un éxito rápido los sinsabores que le están dando ahora mismo los ayatolás de Irán. Espero que no lo haga. Y lo mismo podría hacer con Cuba. Peones de otras batallas.

—¿Qué propósitos tiene Trump en su política exterior? ¿Qué quiere?

"El resultado de enajenarse a los amigos puede acabar con unos Estados Unidos más débiles y aislados"

—Defiende una política nacionalista de America First y de MAGA (Make America Great Again), o sea todo aquello que haga a su país más seguro, más fuerte y más próspero. Y los demás, que se arreglen. Y todo ello con una política transaccional de suma cero que le hace rechazar las organizaciones internacionales y las alianzas defensivas. El resultado de enajenarse a los amigos puede acabar con unos Estados Unidos más débiles y aislados. Es lo que sucede, sin ir más lejos, con el debilitamiento de la relación trasatlántica.

—¿Trump sabe lo que hace?

—No estoy seguro. Él mismo se jacta de ser imprevisible (unpredictable).

—¿Qué le diría a Netanyahu?

—Que sin justicia para los palestinos podrá imponerse por la fuerza una y otra vez, pero no tendrá ni la paz ni la seguridad que su pueblo merece.

—¿Qué le diría a Trump?

—Que se rodeara de gente que sabe, de “adultos en la habitación”, y no de yes-men que le ríen todas las gracias y solo le dicen lo que desea oír. Por eso se mete en guerras tan absurdas como la de Irán, que nos va a salir muy cara a todos. Con diplomáticos y militares experimentados a su lado nunca se hubiera metido, o nos hubiera metido a todos, en el actual conflicto con Irán.

—¿Es más fácil escribir una novela como Pez Negro que un ensayo como Abrazar el mundo, o sus memorias, Valió la pena?

"Creí que era mi deber conmigo, con mi familia, con el Centro que tuve el honor de dirigir, y con el país, contar con sinceridad cómo viví yo los terribles atentados del 11-M"

—Son cosas muy diferentes. Valió la pena lo escribí con las tripas (y la cabeza) cuando vi que algunos políticos se inventaban cosas para salvar su imagen. Creí que era mi deber conmigo, con mi familia, con el Centro que tuve el honor de dirigir, y con el país, contar con sinceridad cómo viví yo los terribles atentados del 11-M, sin por ello escribir todo un libro sobre el CNI, que no me parecía conveniente. Abrazar el mundo me exigió mucho tiempo y trabajo de investigación y recogida de información.

—¿Cree que es más fácil la ficción que la no ficción?

—Es mucho más difícil la ficción.

—¿Cuál cree que es su experiencia más valiosa para escribir estos libros en esta etapa de su vida?

—Los años no hacen sabios sino únicamente viejos. Pero dan experiencia, y eso y la propia memoria de países y situaciones vividas, de gente que has conocido, ayuda mucho.

—¿Para escribir esta novela ha tenido que documentarse mucho, o más bien ha utilizado conocimientos previos?

—He utilizado mi vida, no he necesitado ninguna información exterior. Salvo quizás enterarme bien de cómo fue el terrible asalto de Hamas a la fiesta rave con la que se inicia la novela. Todo lo demás fue saliendo poco a poco de mi cabeza a medida que escribía y la novela avanzaba.

—¿Cómo ha utilizado esos conocimientos previos?

—Recordando e imaginando mientras paseaba a Maktub, mi Rhodesian ridgeback, que escuchaba sin comprender algunos soliloquios míos mientras buscaba solución a alguna situación de la novela.

—¿Usted ve una coherencia en los conflictos que nos preocupan actualmente? ¿Hay un sentido que los una, por decirlo de algún modo? ¿Están relacionados? ¿Cómo lo estarían?

"Hoy el Derecho Internacional es despreciado por los poderosos, que le anteponen sus sacrosantos intereses de seguridad nacional"

—Tienen en común el hecho de estar todos motivados por el desmadre que trae el final de una era geopolítica, y el aflojamiento de las reglas que la sustentaban y de las organizaciones internacionales que constituían su entramado interno. Hoy el Derecho Internacional es despreciado por los poderosos, que le anteponen sus sacrosantos intereses de seguridad nacional. Esos son los nexos de unión entre los conflictos que sufrimos.

—¿Cuando era diplomático en activo llegó a pensar que en el futuro se dedicaría a escribir estos libros?

—No. Pero siempre fui lector compulsivo. Recuerdo que mi primer jefe en el ministerio de Asuntos Exteriores, el embajador José Aragonés, me decía a mis veinticinco años: “Tendrás que leer muchos periódicos en tu vida, porque tu profesión te exigirá estar bien informado, pero nunca dejes de leer a los clásicos, porque te ayudarán a hablar y a escribir bien”.

—Un gran consejo.

—Nunca lo he olvidado y siempre se lo he agradecido. Ahora mismo estoy releyendo el Quijote. Luego otro jefe mío, esta vez en la Moncloa, Antonio Fournier, me enseñó a no irme por las ramas y a ser conciso y directo. Creo que desde entonces admiro a Paul Claudel cuando decía que para él el ideal de la escritura era la ostra contrayéndose bajo el zumo de limón.

—Muchos diplomáticos han sido escritores, y muy importantes algunos. ¿Por qué cree que esto ha sido así?

"Un diplomático no viaja sino que se asienta, y tiene la oportunidad de conocer otras culturas desde dentro, y eso también anima a darlas a conocer"

—Porque conocen mundo, entran en contacto con gentes diversas e interesantes, y eso hace las mentes más abiertas y tolerantes, algo que ya Cervantes sabía. Un diplomático no viaja sino que se  asienta, y tiene la oportunidad de conocer otras culturas desde dentro, y eso también anima a darlas a conocer, un poco lo que yo mismo me atreví a hacer con mi libro El anticuario de Teherán (Ediciones Península, 2018) con anécdotas de mi vida diplomática..

—¿Usted cree que la idea de los dos estados, de Israel y Palestina, tendrá éxito algún día?

—Quizás. Pero no con la actual política de Netanyahu, que la rechaza frontalmente, al igual que hacen hoy la gran mayoría de los ciudadanos judíos de Israel.

—¿Cómo cree que se podría realizar?

—Con mucha generosidad y con mucho realismo, cosas que hoy no existen ni se atisban en el horizonte.

—Siguiendo el lema de su libro, me gustaría preguntarle si algún día habrá justicia para los palestinos y por tanto seguridad para los israelíes.

—Tendrá que haberla… a menos que uno aniquile al otro o lo arroje al mar, como algunos parecen desear.

—¿Cómo puede hacerse esto realidad, que haya justicia para los palestinos y por tanto seguridad para los israelíes?

—De nuevo, con realismo y generosidad. La política es el arte de lo posible, pero a veces necesita poetas e idealistas que enseñen el camino a quienes están demasiado metidos en su estrecho mundo, y no son capaces de levantar la vista para ver el sol.

—¿Vivimos en un momento particularmente apasionante de la escena geopolítica, o siempre lo ha sido?

"Eso produce inseguridad, que se transforma en angustia y está en la base de los populismos que nos acechan"

—Este momento es particularmente interesante. Lenin decía que hay décadas en las que no ocurre nada y semanas en las que ocurren décadas, como ocurre ahora mismo. Arnold Toynbee decía también que el polvo que levanta el galope de los caballos de la Historia no nos deja ver con claridad lo que ocurre alrededor. Eso produce inseguridad, que se transforma en angustia y está en la base de los populismos que nos acechan.

—¿El mundo es un polvorín?

—¿Usted qué cree? Ucrania, Gaza, Líbano, Sudán, Irán, Congo, quizás Taiwán…

—¿Cómo podemos cuidarlo?

—En primer lugar evitando destruirlo, cuidando el nicho ecológico que nos sustenta, ese pequeño punto azul en la negrura del cosmos del que hablaba Carl Sagan. Y para ello necesitamos que las grandes potencias cooperen para enfrentar los problemas comunes que no se pueden combatir individualmente, desde el clima a las migraciones, desde la pobreza y las crecientes desigualdades a la proliferación nuclear, desde las pandemias al terrorismo internacional, la misma y necesaria regulación de la Inteligencia Artificial, o la protección de las cadenas de valor de nuestro mundo interconectado e interdependiente… son solo algunos ejemplos.

—Pero seguro que hay algo más, también esencial.

—Y luego respetando el Derecho Internacional, que hoy los grandes países desprecian y sustituyen por sus intereses de seguridad nacional. El orden internacional de 1945 está moribundo, y cuanto antes lo reformemos o lo sustituyamos por otro, antes pondremos fin a la era de anarquía que en otro caso le sucederá.

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