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7 poetas contemporáneos argentinos (V)

7 poetas contemporáneos argentinos (V)

Portada: Marina Yuszczuk. Foto: Anita Bugni.

Este viernes, dentro de la sección No son todos los que están, presentamos la quinta lista de siete poetas contemporáneos de Argentina que complementa a la publicada hace unas semanas de cinco grandes poetas del mismo país. Pasen y lean. Estos son los que están esta semana, y los que no, ya llegarán.

***

GABRIELA BEJERMAN

Gabriela Bejerman es una escritora y cantante nacida en Buenos Aires en 1973. Creó la revista Nunca, nunca quisiera irme a casa (1997-2001). Fue Gaby Bex y editó un disco, Mandona (2007). Tradujo a Jane Bowles para Eterna Cadencia (2012) y dirigió Campo Cascada (2014), obra teatral inspirada en esa autora. Desarrolló su obra poética en torno a la galería de arte Belleza y Felicidad y publicó su primer libro, Alga (1999, Siesta). También es autora de otros títulos, como Crin (Belleza y Felicidad, 2001), Pendeja (Eloísa Cartonera, 2003), Ubre (Vox, 2012) y Querida (Eloísa Cartonera 2014, y Caleta Olivia, 2017, edición aumentada), además de los libros de narrativa Presente perfecto (Interzona, 2004), Linaje (Mansalva, 2009) y Heroína (Mansalva, 2014). Da talleres de escritura.

Al calor de un secreto

Algunos ancianos dan un paso a través del calor,
en el subte hay graffitis que advierten sobre el rapto de ovnis,
propuestas de citas escritas en la pared.
tengo en mis manos un montón de poemas de mujeres
Y el enorme secreto de un amor casi ajeno.
Nunca imaginé, al invitarte a nadar conmigo,
que estaríamos enamoradas del mismo hombre. Aún.
¿El anciano recuerda un gran amor
al tiempo que da un difícil paso en medio del calor
que ayer nos acercó? Y yo,
¿podré esconder tu historia del amigo que amé?
Vuelvo a casa con la boca inquieta.
Saber tu secreto es adorarte también.

Nadia Sol Caramella. Foto: Alejandro Palomba.

NADIA SOL CARAMELLA 

Nadia Sol Caramella es una poeta, editora, docente y gestora cultural nacida en Buenos Aires, Argentina, en 1986. Publicó La maleza del jardín (Elemento Disruptivo, 2021), Técnicas de supervivencia (Promesa Editorial, Argentina; 2020. Liliputienses, España; 2021. Granuja Editorial, México; 2022), Lo que el silencio puede darnos (Editorial Mutanta, 2020), La orfandad de las flores (Alma de Goma ediciones, 2020), Federación de cazadoras (Ausencia editora, 2017), Tiempos de Caza (Subpoesía, 2017) y Temporada de ciervos en el bosque (La Fuerza Suave, 2015). Dirige desde hace 14 años Escrituras Indie, medio de difusión de arte y literatura, edita en Difusión A/terna Ediciones, editorial de plaquetas de nueva literatura latinoamericana. Como gestora cultural produjo ciclos audiovisuales de poesía, ferias de publicaciones y eventos literarios en distintas ciudades de Latinoamérica.

ningún poema
puede salvarnos
pero puede decir:
los domingos por las noches
soy especialista en la ausencia
puedo diseccionarla
analizar sus partes
y verla multiplicarse
por toda la casa

*

la encontré en un rincón
detrás de la puerta
era chiquita, oscura y deforme
temblaba a pesar del calor
daba pequeños saltos
y emitía un quejido intermitente
la tomé en mis manos
y la solté en el jardín
junto a los malvones
ahora la soledad crece en el barro
bajo la lluvia del domingo
como las otras flores

*

la maleza fluye
sobre el río
como en la zanja del barrio
no hay diferencias
la belleza
también puede ser horrible

*
para curarme
me dieron quimioterapia
y sané
una parte de mí
el resto sigue atado
a lo que se termina

*
quiero arrancarle unas palabras a esto que siento
guardarte en un cuadrito y ocultarte
aniquilar mi costado fan de vos
buscar en los vidrios rotos de la estación
una cara distinta menos cruel y transparente
mi sangre es una sombra proyectada
en una calle arbolada
y tu voz
un oso polar buscando su presa
en la oscuridad
palpando en silencio
el próximo abismo
un ciervo tembloroso
muerto de miedo, muerto de frío
a quien empujar al mundo
“arrojate a la vida”
tu voz me empuja
y me desarma
las sombras de los árboles
y mi sangre en las calles de Ramos
el oeste se te parece en la distancia
me decís:
“hacemos el amor con la intensidad para un hijo”
y no importa que seamos mujeres
nos clavamos como imanes
a una heladera vacía
que no pudimos llenar
si quiera de buenas intenciones
mi amor
tus hijos ya no serán míos

***

RODOLFO EDWARDS 

Rodolfo Edwards es un poeta y crítico nacido en el barrio porteño de La Boca, Buenos Aires, en 1962. Es licenciado en Letras, especializado en literatura argentina y latinoamericana. Editó las revistas La Mineta y La Novia de Tyson y participó de la redacción de 18 Whiskys, dirigida por José Villa y en la que también colaboraron Fabián Casas, Darío Rojo, Daniel Durand, Eduardo Ainbinder y otros poetas de la llamada Generación del 90. Publicó poemarios y ensayos. En 2007 dirigió la Clínica de Escritura de Poesía para autores jóvenes en el Centro Cultural Ricardo Rojas, dependiente de la Universidad de Buenos Aires. Colabora en programas de radio y en suplementos culturales de diarios y revistas de Buenos Aires.

El subte “A” (plaza mayor – primera junta)

esa señora que muerde
tristemente su galletita
y encima en el andén
te meten esa maldita música melancólica
te hacen sentir un personaje
de película alemana de posguerra
estoy encerrado en un ropero
lleno de trajes con las personas puestas

*

La negrita

todos mis versos
los escribiste vos
negrita
yo simplemente los pasé a máquina
y a veces dictaminé prisión en suspenso
para algún adjetivo
que después apareció
acá o acullá
entre adverbios de modo de tiempo y de lugar
ese adjetivo
se parece a remolinos de tu pelo
al ciclón que hay en mi alma
al vientito que sopla afuera
haciendo flamear
el pabellón nacional
banderas de remate
la memoria mala
todos mis versos
los escribiste vos
negrita
los que escribí antes de conocerte
fueron hechos por un acto de videncia
los que escribí después
por un acto de inocencia
¿cómo es eso de andar haciendo
barquitos de papel con cartitas de amor
y echarlos a navegar
en un charquito de agüita podrida?
todos mis versos
los escribiste vos
negrita
y yo creía que la ciudad
era un parque de diversiones gigantesco
los autos
autitos chocadores
donde moría mil veces Julio Sosa
mientras yo bajaba cauteloso
de renglón en renglón
hacia el vacío

LUCIANA MAXIT 

Luciana Maxit es una poeta nacida en la localidad de Mar de Ajó, provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1992. Se formó en los talleres de las poetas Ana Claudia Díaz y Celeste Diéguez. Publicó Creo que oigo el mar (Ed. Tiempo Azul, 2022) y Un dios a tu medida (HD Ediciones, 2024). Con su obra El interurbano (2024) obtuvo el segundo premio de la primera edición del Concurso de poesía bonaerense Néstor Perlongher, organizado por el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires. Forma parte de la organización del festival de poesía Mar Adentro.

mi cuerpo es una iglesia caótica
llena de culpa y vino
llevo en los hombros
la belleza de la gente que se rinde
que se deja caer de rodillas
ante lo terrible de la vida doméstica
habito la política de la nostalgia
hablo su argot con elegancia
rezo el rosal con mis dedos de espina
un ave maría por los chacales hambrientos
un dios te salve por la fibra de la tristeza
un gloria por lo que llega demasiado tarde
rezo por las cosas que me dan miedo
me invento algunos santos
para no sentirme sola.

*

el 11 de octubre plutón arranca directo en el grado 29 de capricornio por última vez

es domingo la hora marca las veinte quince
y no siento ganas de morir
esta es la superioridad estética y moral
de estar de vacaciones
me lo merezco
miro hablar a la astróloga rubia de tik tok
no hay signos de expresión en su cara hialurónica
dice con acento latino que por última vez
plutón cambia la posición en la que se encuentra desde hace décadas
años de transformación muerte y resurrección
dice que por fin me llegan las cosas buenas
mucho no entiendo supongo que es
una linda noticia
voy a creerle lo decido
soy una chica a merced de los astros
la nueva moda en la que quiero caer
porque el cura nuevo de la iglesia es polaco
y no entiendo nada del sermón en su acento
deslizo el dedo para que el estímulo cambie
aparece la cara del director de cine que estoy segura
se enamoraría de mí si me conociera
qué lástima
yo ya estoy enamorada de él
entro en trance al escucharlo hablar tan lento
mientras toma café del pico
de una botella de salsa de tomate
parece que en sus venas no tiene sangre tiene
melancolía
de una infancia que transcurre entre miami y Tucumán
con un padre que se gana la vida
cantando a la felicidad ajena
él dice que si fuera feliz no haría cine
si el mundo fuera un lugar feliz
no habría necesidad de crear ficciones
el entrevistador lo mira como si fuera un perro enfermo
lo interrumpe para decirle parecés
un poeta
un poeta es un explorador de grandes civilizaciones a las que no aniquilará
un poeta es una embarcación frágil en una ola en una tormenta en el medio del atlántico
un poeta es una herencia que nadie reclama
estimado entrevistador
un poeta no es ningún idiota
yo tampoco escribiría si fuera feliz
me dedicaría a otras cosas que sirvan para ganar plata
para irme de vacaciones a un lugar que quede lejos
para dormir mejor de noche
pensar menos
un mes sin pensar en nada tener
el cerebro liso
obsesionarme con cosas más mundanas
como los rulos del director de cine
que se parecen a los tuyos
vos tampoco te enamoraste de mí
qué lástima
es solamente un raspón
ya se te va a pasar me dice mi compañera de trabajo
mientras espero a que se baje de mi auto en la esquina de su casa
deberías probar con gente más normal me dice
yo me río
porque en realidad no me gusta la gente me gustan
los consumos culturales y los cigarrillos mentolados
los caramelos duros
los peores para la buena salud de los dientes
detesto todo lo que me da de comer
no soy mejor que nadie por conocer
las cosas raras que a vos te gustan
qué lindo sería romper la vidriera de la ilusión adolescente
armar un collar con los vidrios astillados
llevar el filo del sol reflejado en las clavículas
afuera no suena ninguna alarma
este alivio no me da de comer
igual lo mastico como un dulce chicle globo
voy a abrir una convocatoria para tratarme con cariño
no voy a detenerme a explicarte que hay
una profunda relación entre saber elegir y saber bailar y saber mentir
mentiría si dijera que las tres cosas se me dan bien. 

*** 

MARINA YUSZCZUK 

Marina Yuszczuk es una poeta, narradora, periodista y editora nacida en Quilmes, Argentina, en 1978. Tiene un doctorado en literatura de la Universidad Nacional de la Plata y participó del proyecto Cooperativa Editora El Calamar, con el que publicó Guía práctica de las mariposas en 2004. En 2011 recibió una beca nacional del Fondo Nacional de las Artes. Colabora como periodista y crítica de cine en el suplemento Las12 de Página 12 y la revista La Agenda, uno de los principales periódicos de Argentina. En 2021 se convirtió en la primera ganadora del Premio Nacional de Novela Sara Gallardo por su segunda novela, La sed (Blatt & Ríos, 2020), su primer libro publicado en Estados Unidos, un relato íntimo que sigue a dos mujeres sin nombre que se enfrentan al miedo, la soledad, la mortalidad, la homosexualidad y un anhelo inquietante y constante. También es autora de Lo que la gente hace (Blatt & Ríos), Madre soltera (Mansalva), La ola de frío polar (Gog y Magog), La inocencia (Iván Rosado, reeditada por Blatt & Ríos), Los arreglos (Rosa Iceberg), ¿Alguien será feliz? (Blatt & Ríos), La sed (Blatt & Ríos) y Para que sepan que vinimos (Blatt & Ríos). Con La sed obtuvo el Premio de Novela Sara Gallardo en 2021. En 2020 publicó su poesía reunida bajo el título Madre soltera y otros poemas (Blatt & Ríos). Su última novela es Historia natural, publicada en España por la editorial Almadía. Es editora del sello Rosa Iceberg.

Béisbol de fantasía

Soñé con todos, parece exagerado pero fue verdad
dormí miles de horas y me desperté
súper cansada, y las cosas que anoche quedaron
arriba de la cama
esta mañana estaban en el piso
es raro que dormir sea una cosa tan tenue
más ocupada incluso que los días
tendría que haber sueños adentro del sueño
adonde descansar de veras, pero sobre todo
qué alivio que el mundo exista
y no dependa totalmente de mí
me dio mucho trabajo repasarlo, y además
no solucioné nada
algunas cosas que pasaron eran mejores que las que pasan en la vida
pero no demasiado
es como que lo malo y lo bueno estaban repartidos un poco distinto
pero seguían siendo lo malo y lo bueno
así que no importa
creo que me dije a mí misma esto, y me llevó toda la noche:
que el mundo imaginado es mucho menos maleable que el mundo real
porque uno se parece demasiado a sí mismo
y hasta dormido piensa más o menos lo mismo
entonces, estadísticamente es mucho más interesante
estar entregado a lo que pasa afuera
aunque las cosas se caigan de la cama.

*

Los días frágiles

En los días de la fragilidad, soy una nena. Pero este desamparo, ¿ya lo tenía yo, cuando era chica? Me parece que sí, a veces me parece recordarlo. Otras veces parece que no importa, lo mando desde el presente para allá, existe. No tengo nada del pasado como no sea lo que inventé después, queda muy poco. Está bien. Como mis abuelas siempre contaban sus historias y alguien las corregía, esto no fue así, no es exactamente así, te lo estás inventando. No hay que corregir nada sin embargo, se escribe como se puede, siempre por razones importantes. Pero me desvío, ¿ves? Ya me desvío. Me quiero bajar en esta vuelta. En los días de la fragilidad soy esa nena que recuerdo, debe haber sido por el ochenta y dos, ochenta y tres, que me anotaron en la colonia de verano del Club Sudamérica. ¡Cómo me daba miedo ir! En un colectivo naranja, que nos venía a buscar a mis hermanos y a mí, a la casa de Wilde. Yo era la que menos se quería separar de mamá, eso me acuerdo. Y que llevábamos un jugo de naranja en botellas de plástico. Un día fuimos a jugar a una parte de plaza que había en el club con la profesora de gimnasia y otros chicos. Yo me distraje, no me acuerdo qué hice o qué miré, pero cuando levanté la vista todos se habían ido. Era muy grande el club, hasta donde alcanzaba a ver era pasto y más pasto, bajo el sol de las doce, todo vacío. Entonces empecé a buscarlos pero no aparecían. Estuve un buen rato perdida. Igual, si me pongo a pensar, siempre estoy más o menos perdida. Alguien me encuentra un rato y me pierde de vista, me voy o nos vamos, en una vuelta inesperadamente nos volvemos a cruzar, nos saludamos mientras el otro pasa, como una calesita, triste, triste, de caballos que suben y bajan sin parar, mordiendo el freno.

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