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3 de mayo de 1936: Dolores Ibárruri y Vicente Uribe

3 de mayo de 1936: Dolores Ibárruri y Vicente Uribe

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Domingo, 3 de mayo de 1936: Dolores Ibárruri y Vicente Uribe

Ha ganado el Frente Popular de Léon Blum en Francia, Dolores. Parece que la estrategia marcada por Dimitrov da sus resultados. Me gustaría que escribieras sobre ello y que sugieras, sin cargar demasiado las tintas, que la alianza con los burgueses republicanos es un paso más hacia la verdadera revolución.

—Cargaré las tintas todo lo que considere necesario, Vicente. Si no se pueden decir las verdades en Mundo Obrero, ¿qué nos queda?

—Como lo sientas, camarada.

"Con el pelo recogido y su noble perfil de campesina, la Pasionaria era una figura emblemática del obrerismo, y los plumillas de la redacción volvían la cabeza cada vez que pasaba"

El lacónico Vicente Uribe, director de Mundo Obrero, se encerró en su despacho. Dolores Ibárruri, alias la Pasionaria, quedó a solas en su pupitre de la redacción. Miró su máquina de escribir. Aspiró aire con fuerza y reflexionó que el año estaba siendo excelente para su partido… sobre todo después del bienio negro de los Lerroux y Gil-Robles y el resto de los torturadores de Asturias. Si ella vestía siempre de luto desde entonces era por algo. Con el pelo recogido y su noble perfil de campesina, era una figura emblemática del obrerismo, y los plumillas de la redacción volvían la cabeza cada vez que pasaba. A todos les impresionaba el aura de aquella mujer que compartía con el sevillano José Díaz la dirección actual del Partido Comunista.

—Y no te olvides de mencionar lo sucedido en Cuenca, que es importante —dijo un redactor, en mangas de camisa.

—Pensaba hablar de ello. Descuida, camarada.

Los hombres la veneraban como a una especie de Virgen roja, y Dolores pensó en lo mucho que había luchado para conseguir ese respeto. Nadie que no supiera lo que había sido su vida podría entenderla. Para eso había que comprender el infierno que era la cuenca minera de Bilbao.

Dolores Ibárruri fue la menor de los ocho hijos de Antonio el Artillero. Creció en la gran franja minera que se extendía a lo largo de veinticuatro kilómetros hasta casi lindar con Santander. Aquel era uno de los distritos mineros más importantes del mundo, del que Plinio ya escribió que tenía montes formados casi enteramente de hierro y de donde, a finales del siglo XIX, se extrajeron cinco millones de toneladas de mineral, una décima parte de la producción mundial.

Todos sus parientes eran mineros. Su abuelo materno murió en la mina, aplastado por una roca. Su madre trabajó en ella hasta que se casó. El padre a los dieciocho años dejó el ejército carlista para dedicarse a la mina. Lo mismo, sus hermanos, su marido.

La Pasionaria era nieta, hija, hermana y mujer de mineros: nada en la mina le era extraño. Y menos, la injusticia. Las grandes compañías extranjeras (Luchana Company, Rothschild y otras) se repartían los suculentos beneficios del hierro con familias adineradas vascas. Eso contrastaba con los sueldos míseros de los mineros que vivían en chabolas y se dejaban la salud en un oficio menudo, insoportable, inhumano.

"Todo ello había desarrollado en su alma de adolescente rebelde un sentimiento de rabia incontenible contra la injusticia social"

La infancia de la Pasionaria transcurrió entre viejos mineros que, remangados los pantalones hasta las rodillas, chapoteaban y arrojaban sobre las cribas paladas de barro, del que quedaban trozos de mineral. Al terminar su jornada salían del agua tiritando de frío, agotados. Su vida era —escribió en sus memorias— «un pozo profundo sin horizontes, sin perspectivas, adonde no llegaba el sol, y que a veces se iluminaba trágicamente con los sangrientos resplandores de la lucha que brotaba en llamaradas de violencia, cuando la capacidad de resistencia al trato brutal llegaba a los límites de lo humanamente soportable».

Todo ello había desarrollado en su alma de adolescente rebelde un sentimiento de rabia incontenible contra la injusticia social. Y es que para quien crece jugando en los vertederos de la mina y en cuyos ojos se han grabado las imágenes de la despiadada explotación del hombre por el hombre, el extremismo político no es radicalidad sino lucidez, como pensó conforme escribía su artículo.

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Aguijón
Aguijón
2 horas hace

Bienio negro? Vestía de luto, Antón pirulero, Dimitrov y la Komiterm?
Los únicos años en los que la República tuvo una oportunidad son precisamente esos, ya se encargaron de joderlos estos grandes luchadores por la “libertad” y la “visión nítida” del señor de la verruga que creía controlarlos

Deithí
Deithí
7 minutos hace

La cita de Plinio se refiere a Cantabria y no a Vizcaya:

Metallorum ómnium vena ferri largissima est. Cantabriae maritimae parte, quam Oceanus alluit mons praerupte altus, icredible dictu, totus ex ea materiae est.