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Brancusi en el espacio

El viaje de Brancusi, visto desde la distancia, comparte mucho con el viaje de los artistas de su siglo y se aleja de ellos. Comparte el aspecto arcaico de la vanguardia, pero carece de violencia. Se aleja de cuanto lo rodea, pero no busca el yo. Quizás con quienes más comparta sea con los grandes músicos modernos, por su esfuerzo de síntesis, por su trabajo en variantes, por su deseo de quemar en el viaje los residuos tanto del sentimentalismo como de un futuro sin raíz. De hecho, casi todo el trabajo de Brancusi es raíz, construcción de piezas que unen lo visible con lo que está contenido en lo visible, la potencia con el acto. Cuando imagina el vuelo, lo hace partir de una base, de una peana; cuando imagina un pez, lo sostiene en un punto del vientre. Por eso en su estatismo hay movimiento, como en la música. Por eso no deja nunca cacharros, como hicieron muchos otros de sus compañeros de vanguardia, que lo rompían todo buscando el futuro, llenos de nervios.

"Toma de la tradición y lo impulsa hacia arriba, quitándole peso, despojándolo de las pieles del tiempo, esclareciéndolo"

Quizás contribuyera a ello su proverbial soledad, su trabajo ensimismado. Brancusi era un artista social, tuvo amigos ilustres, recibía visitas en su taller, a las que atendía con hospitalidad y contento. No permanecía en absoluto encerrado, pero probablemente aprendió a contener los deseos de “salir”, prefirió explorar las posibilidades de la escucha atenta de su encierro poroso. Le gustaba trabajar con la mínima ayuda, sin asistentes, quién sabe si, más aún que por requerir una extraordinaria atención su trabajo, porque la forma de entender ese trabajo le incapacitaba para dar órdenes, para desarrollar planes concebidos de antemano. Tenía que hacerlo con sus propias manos. Esa forma de trabajar se ajustaba perfectamente a sus rasgos de timidez y rudeza, a su condición de ermitaño moderno, delicado hombre antiguo. La verticalidad de su arte también lo emparenta con los mejores músicos contemporáneos. Toma de la tradición y lo impulsa hacia arriba, quitándole peso, despojándolo de las pieles del tiempo, esclareciéndolo. No resulta abstracto porque tiene la forma del movimiento y porque contiene emoción. Ni es primitivo ni tiene la fiebre del progreso. No es difícil sino concentrado. Insiste sin pesadumbre, aliviado de yo. El resultado es vuelo.

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Nota con motivo del 150º aniversario del nacimiento del escultor Constantin Brancusi

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