Foto por privado, de Simon Chevrier, ha sido galardonada con el premio Goncourt a una primera novela y se ha convertido en un succés d’estime en Francia. Es una novela muy corta y descarnada que me ha recordado inmediatamente a La nit més clara, de Marc Parera —publicada en catalán en 2024 y reseñada también en este espacio—, y a la literatura de Garth Greenwell, en ambos casos por razones temáticas —la prostitución masculina, los bajos fondos, la violencia— y por razones estilísticas, como si los tres fueran autores de un movimiento literario compacto: hablan en voz baja, desapasionadamente, tratando de borrar el dramatismo que durante décadas fue inexcusable en este tipo de libros sobre la marginalidad.
Cuenta también, en otro paralelismo sorprendente con la novela de Parera, la relación con el padre, que sufre una enfermedad terminal y que acaba muriendo sin que se haya terminado de producir del todo el reencuentro emocional que el protagonista desea.
En la novela hay además un fantasma que la sobrevuela: Daniel Schock, un modelo andrógino que mira desvergonzada o morbosamente a la cámara de Peter Hyjar, aparentemente desnudo y chupándose el dedo gordo del pie. La fotografía —a la sazón la cubierta del libro— es antigua, de 1981, y la belleza que hay en el muchacho sin duda habrá desaparecido ya. Pero nuestro protagonista se obsesiona con él y comienza a investigar en internet hasta encontrar su rastro. El título, Foto por privado, que hace referencia a lo que se dice en muchas aplicaciones de contactos cuando el individuo quiere mantener la discreción, cobra con esta historia un sentido doble y extraño.
Tenemos, pues, encuentros sexuales fortuitos y fugaces; tenemos amantes con deseos de trascender y de encontrar algo parecido al amor; tenemos clientes que pagan por una hora o por una noche de sexo caprichoso (que puede incluir travestismo); tenemos a unos padres distantes y problemáticos; y tenemos por último a ese fantasma de la fotografía, que se convierte en una especie de huida estetizante o memorialística, dado que por las fechas y el lugar en los que fue hecho el retrato, como se explica, no es de descartar que el modelo haya muerto y lo haya hecho además de sida. Estos son los mimbres con los que Chevrier construye su novela.
Pero lo más atractivo de ella, literariamente hablando, es que de ese aparente caos no sale orden ni sale redención. No hay un camino de aprendizaje. No hay, por supuesto, moraleja alguna, pero ni siquiera hay algo parecido a una conciencia moral. La novela, como la vida, navega en el desorden y no trata de darle sentido. Lo formidable es que el artefacto literario —una forma de antinovela, en ese sentido— funciona milimétricamente. El protagonista no parece formular con claridad su malestar, se limita a transitar por él, lo que es una elección narrativa profundamente política.
Como en La nit més clara, de Parera, hay una voluntad de despojar la marginalidad de su retórica habitual —de evitar el énfasis, el subrayado, la tentación de convertir el dolor en espectáculo—. Chevrier opta por una sequedad casi absoluta, sin fragilidad emocional alguna. Pasa por la prostitución, por el desamor, por la infidelidad, por el sida y por la muerte casi susurrando.
De un modo perfectamente funcional con este propósito, la escritura es directa, sin alambiques, sin virtuosismos, en un presente histórico que la vuelve más cercana y áspera. La lectura deja una sensación de desarreglo existencial, de tristeza inconsolable, y esa es probablemente la razón más evidente de su éxito literario: como los buenos libros, causa un malestar que dejar huella, aunque no se sepa bien —ni falta que hace— qué tipo de huella.
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Autor: Simon Chevrier. Título: Foto por privado. Editorial: Random House. Venta: Todos tus libros.


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