Julio César Galán (Cáceres, 1978) es un poeta singular, refractario a las formas cerradas, que ha consolidado una trayectoria de marcada idiosincrasia. Es paradigmática su arquitectura de la heteronimia —Luis Yarza, Jimena Alba y Óscar de la Torre— que funciona como un sistema de vasos comunicantes donde la identidad autorial se distribuye en voces.
El proceso es el fin, titula uno de sus ensayos, y en ello hay una poética y una retórica. Galán busca visibilizar todo lo que viene antes del resultado, los estratos y antepoemas previos a esa foto final que es el poema. Le interesa la datación textual, ese hacerse y deshacerse non finito. En su razonamiento, la praxis de la escritura se centra mayoritariamente en el borrador; por ello, reivindica esas textualidades como núcleo de la creación, subvirtiendo el canon que desecha lo preliminar en favor de un resultado definitivo que funciona, en rigor, como fijación arbitraria.
Enlaza el autor el proceso con dar cabida a la otredad, que no solo abarca a los heterónimos, sino todas aquellas personas que de alguna manera contribuyen a crear un libro. Galán propone una democratización de la autoría mediante la reinterpretación. Si el heterónimo pone en duda la identidad del poeta, la poesía especular pone en duda la identidad del poema.
La publicación de este volumen supone un hito dentro de la lírica española reciente y la concreción de un largo trabajo ensayístico puesto en práctica. A través de mecanismos de metapoesía y de fragmentación, se abren paso una polifonía de voces que cuestionan la realidad, la política y el lenguaje mismo.
Uno de los poemas más interesantes de esta selección es Forma sin alas del aire. En él, Galán utiliza la semántica del atletismo para hablar de la transitoriedad existencial y del tiempo como urgencia: «Va por delante; a la meta llegó su frente en primer lugar, / fulminaba / a todos sus rivales:». El corredor que llega con la frente por delante es, también, el que ofrece la frente, esa parte del cuerpo que en otros contextos se ofrece al golpe, al beso. La velocidad del atleta y la exposición del condenado comparten anatomía. El presente se configura como un eterno retorno y la rapidez como una forma de huida, idea que conecta con Fuga de aves sin nombre, donde el autor introduce el concepto de deslectura, sugiriendo que para acceder al presente habría que desaprender lo nombrado, deshacer la costra verbal que media entre la palabra y la cosa.
Dada la premisa de que el proceso constituye el fin, la anotación adquiere una nueva relevancia. Muchos poemas o versos incorporan fechas exactas como gesto de apropiación y memoria que desarticula la ilusión del yo lírico atemporal. El poema sin fecha podría haber sido escrito hace tres meses o tres lustros. La fecha lo ata a un día, hace al poema mortal: se sabe cuándo fue escrito y, por tanto, que algún día se leerá desde lejos: «Los cazadores aún duermen (mi cáncer aún duerme, es 15 de febrero de 2002) y los climas del alma se juntan en el blanco de la lechuza (2010)».
Uno de los poemas más importantes del libro es Oda al blanco casi, un texto que existe solo en sus notas a pie de página, invirtiendo la jerarquía cuerpo de texto – nota. La página en sí contiene únicamente números suspendidos en el espacio tipográfico que transforman el blanco en materia significante: el silencio como estructura y potencia. El cuerpo del poema se entierra en las notas; no puede o no quiere ocupar el centro de la página. El lector que desciende a las notas realiza un movimiento físico, bajar los ojos, que duplica en el cuerpo el gesto semántico: alojarse abajo. La página organiza, a escala mínima, una coreografía de la lectura. En la nota 23 leemos: «Espacio en blanco dejado por el autor. Ese espacio significa que unas palabras se reflejan unas a otras, se contemplan y se leen». Solo conozco un precedente cercano en el poema El séptimo círculo de la tierra de Ocean Vuong, aunque la operación tiene una genealogía en The Body: An Essay, donde Jenny Boully construyó un libro entero hecho de notas al pie, sin cuerpo de texto que las justifique.
La obra de Galán se inscribe en la tradición de la «obra abierta» de Umberto Eco o los experimentos combinatorios de Queneau, ofreciendo finales alternativos que transfieren la autoridad al lector, convertido aquí en coautor. Se subraya la provisionalidad y la duda. Un ejemplo paradigmático es Saludos de la golondrina, donde el autor ofrece un final en el cuerpo del texto («¿revive? ¿Para qué volvemos?») y dos variantes en el aparato de notas:
1: «Volvíamos: Nada más lejos de las calles cuando se escribe…»
2: «Volvíamos: Hasta salir del rostro. / Se hundieron en el iris…»
La riqueza de recursos de Poesía especular es sorprendente. En ocasiones el poeta tacha directamente un verso, o un poema entero, que incluso estaba previamente subrayado: «En los ojos de la mariposa veo el mundo (¿una vez más: la marea de la noche en el speed y la cerveza?)… ». En otros lugares se dan instrucciones al lector («Diríjase, si quiere, al poema No escribir en la página 47»), cambia el tamaño de la fuente, mezcla mayúsculas y minúsculas, espejea las palabras o las presenta en un poema circular (Pequeña formación del universo) imitando la rotación de los astros.
Hacia el final del libro el tono se vuelve incisivo y a ratos político abandonando el terreno puramente estético para confrontar la crudeza del poscapitalismo. Galán no ignora que escribimos desde un mundo mediado por la tecnología y el liberalismo económico: «La realidad está en la pantalla. Aquí no hay nadie. / Los ojos de Dios suben el precio de las cotizaciones.» El verso condensa dos teologías contemporáneas, la de la pantalla y la del mercado, en una sola imagen: lo divino ha sido reemplazado por el algoritmo financiero, y la realidad se ha deslocalizado hacia el espacio sin cuerpo del interfaz.
Tras dos ensayos y este poemario, Galán ha anunciado que su próximo libro será el último en la línea especular, y tiene razones para ello tanto por el riesgo de repetición como por su inabarcabilidad. Al fin y al cabo, lo que late con más fuerza en su obra no es el aparato teórico sino los versos donde la poesía brilla: «esa aspereza de las ciudades en las patitas de la salamanquesa / tu presencia define la proximidad de la luz […]». Poesía especular es un volumen necesario que desestabiliza las categorías de autor y obra, proponiendo una creación continua que se redefine hasta en el acto de lectura. Galán construye una obra donde el lenguaje oscila entre la levedad de la «seda al cuerpo boreal» y el «cangrejo que empieza a convertirse en arena». Su compromiso con el proceso creativo y el lenguaje es indudable. Pero antes que teórico, Galán es poeta y es en ese registro donde hallamos su mejor lado: «Habíamos olvidado la vida / la tartamudez de los deseos».
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Autor: Julio César Galán. Título: Poesía especular. Editorial: Contrabando. Venta: Todos tus libros.


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