Como dice Chema Munárriz en el prólogo, este libro “devuelve la palabra a una época en la que el cine hablaba con silencios”. Veinticinco poemas que celebran el cine mudo desde La escena del jardín de Roundhay (1888) hasta Tiempos modernos (1936).
En Zenda mostramos cinco poemas de El bastón de Chaplin (El sastre de Apollinaire), de Javier García Cellino.
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La escena del jardín de Roundhay. Louis Le Prince, 1888. (Cortometraje de 1,66 segundos. La película más antigua que se conserva)
Ninguna confidencia.
El petirrojo cantor no asoma
su pico entre las ramas.
Solo cuatro figuras
que ponen a prueba
su ingenio para la danza.
Comienza una historia nodriza.
El tiempo ya no es el mismo tiempo
que conocimos antes.
Alguien llama a la miseria del mundo por su nombre.
La estrenada sorpresa
y su gemela el más exacto desamparo
van descalzas por la casa común.
Leve y sagrada
la trémula pupila
cuando amanece en el jardín de Roundhay.
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La salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon. Louis Lumière, 1895. (Cortometraje. Primer documental a modo de película muda)
Démosle tiempo al tiempo
de las nuevas supersticiones.
Una alborozada piedra de sol
inclina hoy su suerte
sobre los matinales
de la fábrica Lumière.
¿Quién recordará a la salida
el arrogante polen
de las máquinas viejas
y la infinita tormenta
de los tubos fotográficos
cuando queman las manos?
A la anatomía del perro
responda el oblicuo crepitar
de un carro de caballos.
Obreros y bicicletas
parecen copiados
de una lámina futurista.
Más al fondo un árbol muestra la sombra
de su lealtad otoñal.
En la exigua proyección de la vida
nadie mira a nadie.
Todos se mantienen erguidos
sobre su vulnerable
y soberana felicidad.
***
El acorazado Potemkin. Serguéi Eisenstein, 1925. (Basada en un hecho histórico significa un nuevo aporte a la narración cinematográfica en términos de lenguaje visual)
Nieva en las escaleras de Odessa
mientras un lebrel joven
implora amistad
a los nuevos cazadores.
En las uñas del bosque
una anciana murmura
el nombre de los desaparecidos.
Escafandras y antiguos samovares
acompañan sus rezos.
(«Carne podrida. No se la comería ni un perro»)
En Friedrich la sombra del zar
es un mar de niebla.
A veces basta solo un símbolo
para encender el invernadero
de la revolución.
(«Asesinado por un plato de sopa»)
Las últimas amarras de Vakulenchuk yacen
bajo la oscura raíz de la noche.
Solo queda el silencio
cuando la temprana belleza desaparece.
¡Escuadra a la vista!
Dragones y hechiceros
húndanse en el fondo de las manos.
A la sed de un poema rosa
me encomiendo hoy.
***
Un perro andaluz. Luis Buñuel, 1929. (Está considerada la película más significativa del cine surrealista. Remite constantemente al delirio y al sueño)
Il était une fois…
Dalí́ sueña que tiene
las palmas de las manos
llenas de hormigas.
Buñuel sueña con un cuchillo
que corta un ojo.
Entre las dos figuraciones
hay un ciclista muerto.
Huit ans aprés…
El marista en la ballesta
coleccionaba caligramas
de Pepín Bello.
Nadie plante un árbol
a la sombra de un ciclista muerto.
Detrás de las cortinas los amantes
regalan décimas de fiebre
a todos los que se quieran
contagiar del covid.
Es peligroso asomarse
al interior de los ojos.
Amor para El País de los Niños Cigüeña,
para la comunión de los desvanes
y para los poetas malditos
que no creen en Dios.
Vers trois heures du matin…
El revólver del ciclista muerto que dispara
contra sí mismo.
El revólver del ciclista muerto
que entraba en las iglesias góticas
y rezaba catorce avemarías
por los tristes del mundo
y por los hijos de todos los tristes de mundo
y por las esquinas anestesiadas con gasolina.
La mujer que se paseaba
desnuda por el jardín
y saludaba a los aviones.
La mujer que quisiera
haber sido Perla Chávez
en Duelo al sol.
Los calcetines del ciclista muerto
antes de echar a volar.
Au printemps…
No hay pruebas de que La encajera de Vermeer
hubiera enterrado lagartijas en la playa.
El ojo de la Luna
es una cuchilla de afeitar.
La cama con corbata
donde resucitó el ciclista muerto.
Un vello de hormigas en las axilas
de la mujer desnuda.
Cuando años después Tristán e Isolda
se enamoraron de un perro andaluz.
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Tiempos modernos. Charles Chaplin, 1936. (Sobre las víctimas de la Gran Depresión)
A la extraviada furia
de la cadena de montaje
opóngase el desnudo corazón.
Negros látigos y avestruces marinas crecen
en derredor de los esclavos.
¡Aumenten más el ritmo!,
¡abandonen utopías futuristas!, se repite
una y otra vez por los altavoces.
Nadie tire piedras
al arroyo muerto en la orilla.
Regresemos al bosque
donde ayer la bondad
era un amable diálogo de tuercas.
Más cerca de nosotros
una nueva Metrópolis
se apresura sobre el piano.
A la humana poesía le cuelgan
líquenes de los ojos.
¡Todos a una!,
exclama el abanderado mientras patina.
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Autor: Javier García Cellino. Título: El bastón de Chaplin. Editorial: El sastre de Apollinaire. Venta: Todos tus libros.
BIO
Javier García Cellino (Langreo, Asturias) es Licenciado en Derecho y en Geografía e Historia (Arte). Pertenece a la Asociación de Escritores de Asturias. Colabora en el diario regional La Nueva España de Oviedo, en las páginas de Comarcas, con una sección semanal titulada Velando el fuego.
En narrativa ha obtenido varios premios de relatos y ha publicado cuatro novelas y dos libros de relatos. En poesía ha publicado 13 títulos y, entre otros, ha conseguido los premios de la Crítica de Asturias 2018 por Famélica legión (Ed. El sastre de Apollinaire, Madrid, 2018), Premio Gerardo Diego 1994 (Santander) por La ciudad deshabitada, Premio María del Villar (Fundación María del Villar Berruezo, Tafalla, Navarra, 1995) por Cuaderno para un viajero solitario, Premio Leonor 1997 (Soria) por Disposición de la materia, Premio Juan Ramón Jiménez 2005 (Huelva) por Sonata para un abecedario y Premio XXIV Bienal de Poesía de León 2022 (León) por En el jardín de las hélices rotas.
Ha participado en los libros colectivos Trazado en Hierro (Ed. Vitrubio, Madrid, 2003) —volumen homenaje a José Hierro—, La Muestra 2012 de la Poesía en Español y Félix Grande, un hombre bueno (Ed. Niebla, Huelva, 2016).


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