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5 grandes poetas de EE.UU. (V)

Portada: Alice Notley.

Este viernes, dentro de la sección No son todos los que están, presentamos la quinta lista de siete grandes poetas de EE.UU. cuya obra bien podría ser considerada como clásica o influyente en las generaciones actuales de poetas de su país. Pasen y lean. Estos son los que están esta semana, y los que no, ya llegarán.

***

RICHARD BRAUTIGAN

Richard Brautigan fue un narrador y poeta nacido en Tacoma, Washington, Estados Unidos, en 1935. A los veinte años fue recluido en un hospital para enfermos mentales por arrojar una piedra contra una comisaría. Lo había hecho para que lo arrestasen y le diesen de comer, pero en el hospital acabaron diagnosticándole paranoia, esquizofrenia y depresión. En sus propias palabras, allí recibió «suficientes electroshocks para iluminar un pueblo». En ese mismo hospital se filmaría más adelante Alguien voló sobre el nido del cuco. En 1964 se publicó A Confederate General from Big Sur. En el otoño de 1966, Brautigan se divertía con la idea de ser un autor de culto en Berkeley, donde el libro funcionó bien en la sección de saldos de una librería emblemática. En 1967 se publica La pesca de la trucha en América, éxito instantáneo de crítica y público. Su nombre es frecuentemente asociado a la Generación Beat. Es autor de otras novelas, como In Watermelon Sugar (1968) y del libro de poemas The Pill Versus the Springhill Mine Disaster, entre otros títulos. Se suicidó a los 49 años en Bolinas, California, de un disparo en la cabeza con una Magnum 44. En 2023 se publicó la antología Cargar mercurio con una horqueta (Kriller71). Presentamos una selección de textos del autor, con traducción de Sebastián Díaz Barriga.

18 de marzo,
descansando sobre un lavarropas

Miro por la ventana de un hotel
en Nueva York, están cayendo
enormes copos de nieve, como millones
de lavarropas transparentes que giran
sobre al aire sucio de la ciudad,

lavándolo todo.

*

Autobiografía (cuando la luna brilla como un garaje muerto)

Cuando la luna brilla como un garaje muerto
recorro con fantasmas de gasolina los embrujados
kilómetros de mi pasado, a cuarenta kilómetros por hora de un
Modelo A en 1939, yendo hacia un lugar que no recuerdo.

Richard Brautigan.

WILLIAM BRONK

William Bronk fue un poeta nacido en Fort Edward, New York, en 1918. Estudió en la Universidad de Harvard y participó en la Segunda Guerra Mundial. En muchos de sus poemas pone en tela de juicio el conocimiento humano y sus límites, a la vez que juega con la distancia establecida por el hombre ante el mundo natural, del cual, al parecer para Bronk, ya no forma parte. Todo esto escrito en un lenguaje, estructura y estilo aparentemente simple. También escribió Vectors and Smoothable Curves (1983), un libro que recoge ensayos escritos a lo largo de cuarenta años. En 1982 ganó el American Book Award por su libro Life Supports. Otros de sus títulos son Light and Dark (1956), That Beauty Still (1978), Death is the Place (1989), Some Words (1992), y The Mild Day (1993), de donde han sido tomados los poemas aquí traducidos. Murió en 1999. Presentamos un poema con traducción de Ubaldo León Barreto.

La metonimia como un acercamiento al mundo real

Ya sea que lo que percibimos de este mundo
Es la esencia de este mundo solamente o la de
Cualquiera de muchos mundos posibles –¿qué esencia es esa, en todo caso?–
Algo de lo que sentimos podría ser cierto, podría ser el mundo,
Lo que es, lo que sentimos.
En cuanto al resto, una tregua es posible, la tolerancia de los viajeros, devorando la comida extranjera, intentando pronunciar palabras que traban la lengua, sentir ese tiempo y ese lugar,
No pensar que este es el mundo real.
De acuerdo: todos los relojes dan la hora local;
De acuerdo: “aquí” es cualquier lugar al que lleguemos y en el que
Ocupemos un espacio.
De acuerdo: construimos un mundo:
¿Acaso hay algo aprehendido allí, contenido allí,
Algo real, algo que podamos sentir?
Una vez, en una ciudad bloqueada y atestada,
Vi derramarse una luz sobre el abismo de una calle,
Palpable y azul, como si hubiese venido de, digamos,
El mar, la pureza del espacio.

***

DENISE LEVERTOV 

Denise Levertov fue una poeta nacida en Essex, Inglaterra, en 1923. Llegó a EE. UU. en 1948 tras casarse con el escritor Mitchell Goodman y pasó la mayor parte de su vida en este país, adoptando la nacionalidad estadounidense en 1956. Entre sus influencias podemos mencionar a Emerson, Thoreau, Pound y William Carlos Williams, así como a los poetas del grupo Black Mountain, aunque Levertov siempre aclaró que no se sentía parte de ninguna corriente artística. Fue su segundo libro de poesía, Aquí y ahora (1957), el que la situó en el movimiento Beat. Durante esos años se compromete activamente en el movimiento pacifista contra la guerra de Vietnam. Trabajó como editora de poesía en The Nation, lo que le permitió apoyar y publicar obras de poetas feministas y activistas de izquierda. Publicó más de veinte libros de poesía, entre los que destacan A las islas por tierra (1958), Gustar y ver (1964), La respiración del agua (1987), Una puerta en la colmena (1989) o Tren de la tarde (1992). En España, la editorial Hiperión publicó en 2013 una Antología poética de Levertov. También destaca su libro Ensayos nuevos y escogidos (1992). En 2017 la editorial Vaso Roto publicó Pausa versal: ensayos escogidos. Recibió la Beca Guggenheim y fue distinguida con el Shelley Memorial Award en 1984 y la Robert Frost Medal en 1990, ambos de la Poetry Society of America, entre otros premios. Falleció a los 74 años, el 20 de diciembre de 1997.

Hablándole al dolor

Ah, dolor, no debería tratarte
como a un perro sin dueño
que viene hasta mi puerta por si consigue
un trozo de pan duro, un hueso pelado.
Debería confiar en ti.

Debería convencerte
de que entres en mi casa y darte
tu propio rincón,
una alfombra vieja donde echarte
y tu propio plato de agua.

Piensas que no sé que has estado viviendo
bajo mi portal.
Quieres que tu lugar definitivo esté listo
antes que llegue el invierno. Necesitas
tu nombre, tu collar y medalla. Necesitas
el derecho de espantar a los intrusos,
a quedarte en mi casa
y considerarla como propia,
a mí como algo tuyo
y a ti mismo
como mi perro.

Denise Levertov.

ALICE NOTLEY

Alice Elizabeth Notley fue una poeta nacida en Bisbee, Arizona, en 1945. Fue miembro de la segunda generación de la Escuela de Poesía de Nueva York, aunque siempre negó estar vinculada a ella o a cualquier movimiento en particular. Su obra temprana sentó las bases formales y teóricas para varias generaciones de poetas; fue considerada una voz pionera en temas como la maternidad y la vida doméstica. Estuvo casada con el también poeta Ted Berrigan. Entre sus libros destacan algunos como 165 Meeting House Lane, When I Was Alive, The Descent of Alette o Culture of One. Murió a los 79 años en París en 2025. Presentamos un poema con traducción de Daniela Camacho. 

Culture of One

Marie hacía cosas en el barranco; hizo su propia vida, claro, casi más que cualquier otra persona, pero ella escribía cosas en papeles desechados en la basura y hacía figuras de madera y piedras y cuerda y cenizas y lo que sea. Las figuras no se parecían a nadie, quizá un poco a ella, y los perros del mismo color que todo lo demás, con fauces de lobo, quiero decir, coyote.

De vez en cuando, algún niño quemaba su choza, mientras ella estaba fuera buscando provisiones.  Entonces todo su trabajo, tanto lo escrito como lo hecho de cualquier material era quemado. Ella comenzaría de nuevo. Siempre recordaba cómo hacerlo.

¿De dónde viene la cultura? Viene de la materia con la cual se construye.

Cuando hizo un tiburón de madera podrida, supuse que era sólo un pez. Una carpa, quizá; pero ella lo llamó tiburón. Puso una mujercita en su boca, pero no era ella; y no era yo, sin importar lo que diga. Era la madera gritando.

Era una mujer cualquiera; no, ni siquiera era una mujer.

¿Qué vas a hacer cuando quemen tu choza? No me importa, este lugar aún será estupendo.

Skull

Tomé un cráneo y lo transformé. Parece
uno distinto. Solía tener un cerebro de rubí en su interior,
y sueños que interpreté equivocadamente. Sentimientos enganchados al ónix, miserables, de donde brotaban esmeraldas. Y el repiqueteo del raciocinio… conk, conk.
Sácalo todo y aquí tienes esta calavera, y aún piensas que habla como tú,

muerta de hambre, mi lengua busca un sabor confirmatorio.

Entonces sé que soy el monstruo hermoso que he construido. Desnudo revela mis dientes de fantasía? así podemos sentirnos mejor. Mis errores no podrían ser perdonados por otros; pero ahora somos del color de leones y pavos reales, nosotros, yo, tengo lágrimas pintadas y abalorios por neuronas. Quiero decir, aves literales en mi boca. Soy lo que llaman un cráneo sobre modelado,

llevo brillantes caracolas en los ojos; tripas de lagarto por cabellos.
Pienso los mejores pensamientos que puedo imaginar. También los recibo,
absolutamente de la nada. Tengo muchas voces, las vomito
parecen sobre modelados nervios de serpiente, lentejuelas en el cieno fibroso.
En realidad, ella las pega a mí, para poder hablar. Su existencia comenzó haciendo esto, conchilla fabricada hace eones de años luz.

***

W. D. SNODGRASS

William de Witt Snodgrass fue un poeta nacido en Wilkinsburg, Pensilvania, el 5 de enero de 1926. Se le considera con frecuencia como uno de los fundadores de la poesí­a confesional, aunque el propio autor afirmó en vida que detestaba este término porque era una etiqueta periodí­stica que se podí­a leer con connotaciones religiosas. Es reconocido el libro Fuehrer Bunker, en el que da voz a los hombres y mujeres que compartieron el búnker de Adolf Hitler en 1945. Ganó el premio Pulitzer de Poesí­a en 1960 con el libro Heart’s Needle (La aguja en el corazón, 1959), donde transmite, con ferocidad y austeridad, el dolor que sintió por la separación de su pequeña hija tras su divorcio, pero también el deseo de empezar una nueva vida buscando algo parecido a la felicidad. Murió en el Condado de Madison, Nueva York, en 2009. Presentamos una selección de sus poemas con traducciones de Giselle Rodríguez Cid y Frank Báez.

La aguja del corazón (fragmentos)

2

Finales de Abril y tú tienes tres años; hoy
plantamos tu jardín en el patio.
Para prevenir que perros realengos por la noche
y los túneles de los topos, dañen tus juegos,
cuatro delgados palos hacen guardia
levantando su delgado hilo.

Pero fuiste la primera en demolerlo.
Y después de batir bien la tierra
trajiste tu regadera para ahogar
a la tierra y a nosotros con ella. Pero estas semillas mezcladas
están metidas con leve marga en firmes filas.
Hija, hicimos lo mejor que pudimos.

Alguien tendrá que sacar las malezas y esparcir
los jóvenes retoños. Regarlos en la hora
en que cae la sombra sobre sus lechos.
Tendrás que mirarlos diariamente
porque cuando florezcan
yo estaré lejos.

*

Nadie puede decirte por qué
la temporada no espera;
la noche en que te dije
que debía partir, sollozaste de una forma aterradora
para quedarte hasta tarde despierta.

Ahora que el abanico está girando,
damos nuestro paseo
entre las flores municipales,
robamos una de su tallo,
tratamos de conversar.

Resollamos como gigantes bocones
dispersando con nuestro aliento
grises dientes de leones;
secuela de helados vientos es la primavera.
Dice el poeta.

Pero los ásteres, también, están grises,
un gris fantasmal. El frío de la noche pasada
pone en camino a
petunias y enanas caléndulas,
jorobadas y viejas.

Como nervios sujetos en un gráfico,
la escarcha ha borrado a
la mitad de la vid de campanillas
aun garabateada a través de sus rígidos cordeles.
Como líneas rotas

de versos que no puedo componer.
En su telar enmarañado
encontramos una flor para llevar,
con algunos capullos tardíos que quizás florezcan,
de vuelta a tu habitación.

Viene la noche y el rocío se endurece.
Me cuentan que la hija de un amigo lloraba
porque un grillo, quien
había trovado toda la noche frente
a su ventana, ha muerto.

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