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La azotea infinita

La azotea infinita

Reconozco que soy un lector ocasional de cuentos. Por culpa de un prejuicio estúpido, suelo descartarlos en favor de la novela, para mí la obra de arte definitiva. En Historias del extrarradio, Xu Zechen toma una decisión estructural sencilla pero brillante con la cual me metió directamente en su bolsillo. El autor hila todos los relatos a través de unos mismos protagonistas y de un escenario principal que conseguirá nuestra inmediata implicación: unos jóvenes procedentes de la imaginaria y rural calle Hua comparten casa en el extrarradio de Pekín. Del mismo modo que los anillos que la conforman impiden que la megaciudad se desgaje, la azotea en la que los muchachos beben cerveza y juegan a las cartas les brinda un lugar perfecto desde donde imbricar sus historias. Zechen noveliza así sus relatos dotándoles de un andamiaje transversal. Y de paso nos demuestra que el Yoknapatawpha centennial chino cabe en ese rectángulo embaldosado. Se trata de un hallazgo de un simbolismo modesto pero precioso. Desde la azotea, los chicos divisan toda la monstruosa ciudad que los acoge y al mismo tiempo amenaza con destruirlos.

La repetición de elementos, el corazón de la cohesión estilística de la obra, se despliega como un alarde de inteligencia narrativa por parte de Zechen. De esta forma, asistiremos en los diversos cuentos a las sesiones nocturnas de trabajo de los jóvenes poniendo anuncios callejeros de un servicio de falsificación de documentos —burlar la poderosa burocracia, qué actividad tan anticomunista, por cierto—, echarán incontables partidas de cartas y engullirán no menos bocatas de carne de burro.

"El libro nos habla acaso de una de las pandemias más desoladoras de nuestro tiempo: la falta de esperanza de nuestros jóvenes ante un futuro repleto de promesas incumplidas"

Además de palurdo por mis devaneos con el supremacismo de la novela, lo soy también por mi desconocimiento de la literatura china —creo que solo había leído antes al gran Mo Yan—. Al comienzo de la lectura, cohibido, andaba muy alerta para no perderme ninguna pizca de filosofía oriental milenaria en el subtexto. Y ahí vino de nuevo Xu Zechen, con su trabajo silencioso e incansable, a decirme que me dejara de gaitas. Lo que estas historias nos enseñan es que la vida es muy dura. Los cuatro chicos protagonistas matan su abulia y su incomprensión bebiendo y fumando en la azotea en aparente relajo. Sin embargo, en cuanto bajan de allí, el mundo se les revela en toda su hostilidad. Sufrirán la violencia, la precariedad, el desarraigo. Mezclando notas de trazo hiperrealista con otras alegóricas y fantásticas, Zechen nos regala un buen puñado de finales dramáticos. En el camino, los personajes de Historias del extrarradio serán confrontados con la precariedad laboral, las consecuencias de la política del hijo único, la violencia gratuita de las bandas callejeras, el colapso de una demografía y un plan urbanístico imposibles, la brecha emocional insalvable de los que abandonaron el campo por la ciudad… A todo ello se enfrentan estos chavales, casi unos niños, que sobreviven alienados por un sistema que les hace olvidar que son humanos cuando se van derrengados a la cama. Su indefensión e ingenuidad parece extenderse incluso al asunto romántico. En estos relatos no hay demasiado romance y cuando este se asoma, las relaciones con las mujeres son quiméricas o turbias. El encuentro amoroso será cosa de musas inalcanzables al estilo becqueriano o de prostitutas como en un permiso de un soldado destinado en Saigón.

En definitiva, el libro nos habla acaso de una de las pandemias más desoladoras de nuestro tiempo: la falta de esperanza de nuestros jóvenes ante un futuro repleto de promesas incumplidas. Pekín se erige ante el neurasténico Muyu —una genial metáfora para advertir sobre la frágil salud mental de nuestra sociedad— y sus amigos como un paisaje trágico que los utiliza para mantener a pleno rendimiento las cloacas del sistema. El extrarradio occidental como una parada intermedia entre el origen y el final del trayecto: la calle Hua. Las miradas de nuestros héroes, atravesando el abigarrado laberinto de avenidas y bloques de pisos pekineses, entre partida y partida de «atrapa el as negro», siempre apuntan en esa dirección.

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Autor: Xu Zechen. Título: Historias del extrarradio. Traducción: Belén Cuadra Mora. Editorial: Automática. Venta: Todos tus libros.

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