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Lo que siempre estuvo ahí

Lo que siempre estuvo ahí

En 2002, durante la Feria del Libro de Madrid, el rey Juan Carlos I rompió el protocolo previsto para su visita y se detuvo ante la caseta de la librería Berkana. Le preguntó a Mili Hernández, la fundadora, qué se vendía allí. Cuando la librera y activista le indicó su especialidad —literatura homosexual—, el monarca respondió: “Ah, de mariquitas”. Tras un instante de tensión, Mili confirmó y completó: “Sí, de mariquitas y bolleras”. La anécdota, que recoge Ramón Martínez en su monumental ensayo Su fulgor puede destruir vuestro mundo (Egales, 2025), resume con humor en pocas líneas lo que el libro entero argumenta en más de 1.200 páginas: que la literatura no heterosexual en español siempre existió, que siempre molestó y que durante siglos la crítica prefirió mirar hacia otro lado o burlarse de ella.

Conviene aclarar desde el principio que no estamos ante un libro para leer de un tirón, sino para consultar y explorar: es especialmente recomendable para filólogos, profesores de literatura, lectores empedernidos y estudiosos de la cultura queer desde cualquier punto de vista.

El título proviene del último verso de un poema de Luis Cernuda de 1931, perteneciente a Los placeres prohibidos, donde el poeta sevillano advertía —o prometía— que la visibilidad de la sexualidad no normativa tenía el poder de subvertir el orden establecido.

"Lo primero que hay que decir es que se trata de una obra de erudición máxima"

Doctor en Filología y profesor de secundaria, Martínez ha construido aquí el libro de su vida: un rastreo exhaustivo de toda la literatura española desde las jarchas del siglo XI hasta la narrativa juvenil de nuestros días. El prólogo es de Alberto Mira, uno de los grandes especialistas en cultura queer hispánica. El epílogo es de la propia Mili Hernández, dueña de Berkana y editora de Egales. La academia y el activismo abrazan el libro por los dos extremos.

Lo primero que hay que decir es que se trata de una obra de erudición máxima. Martínez alterna el tono ensayístico —brillante en las introducciones de capítulos y épocas— y el tono de manual especializado, más árido y minucioso pero igualmente necesario. La tensión entre ambos registros es el precio de la ambición: un libro que quiere ser simultáneamente historia literaria, manifiesto cultural y enciclopedia. Conviene saber esto antes de entrar. Y conviene entrar igualmente.

Porque lo que Martínez demuestra, página a página, es que lo que estaba en la realidad nunca dejó de estar en la literatura, se filtraba en ella, aunque fuera por las rendijas. Durante siglos, esa filtración tomó la forma del subtexto: lo que se insinuaba, lo que se sugería, lo que a veces solo era capaz de descodificar un lector inteligente y cómplice. El travestismo y la androginia en el teatro del Siglo de Oro. La ambigüedad en el Lazarillo (hay una interpretación muy loca de uno de los capítulos que Martínez recoge). El lesbianismo en la Celestina. La homofobia virulenta de Quevedo. Etcétera. Un rompecabezas lleno de pequeñas piezas que coser y encajar.

"El franquismo vendría después a sistematizar la hostilidad: Martínez contrasta la relativa apertura científica de Gregorio Marañón con los textos espeluznantes de Vallejo-Nájera"

En cada época, en las diferentes introducciones, Martínez presenta el grado de aceptación —o persecución— social y política de la homosexualidad y cómo esa evolución se sentía en la literatura. El siglo XVIII es uno de los grandes puntos de inflexión: es cuando aparece por primera vez el homoerotismo. En la Edad de Plata, la eclosión se acelera: Alberto Nin Frías exalta al hombre uranista, Antonio de Hoyos y Vinent retrata los bajos fondos con una libertad inusitada, Álvaro Retana es un autor fundamental (que usa la condena moral como coartada para narrar con detalle lo que finge condenar). En 1928, El Ángel de Sodoma se convierte en la primera novela homófila española: alguien defiende por fin, abiertamente, el punto de vista homosexual. Jacinto Benavente publica un soneto en el que el amor que no puede nombrarse lucha por decirse, cubriéndose “con el velo” de la amistad hasta que al final, apenas, se atreve: “deja que diga… amor. Su nombre es ese”. Martínez lo señala como punto de inflexión en la historia de la lírica no heterosexual en lengua española.

La Generación del 27 —Cernuda, Lorca, Aleixandre como grandes maestros— supone la ruptura gloriosa. Pero Pío Baroja decía en sus memorias que quizá “se encuentre una penicilina que acabe con esa aberración” de la homosexualidad, lo que, ironías aparte, ilustra el ambiente intelectual en el que esos poetas escribieron su lírica.

El franquismo vendría después a sistematizar la hostilidad: Martínez contrasta la relativa apertura científica de Gregorio Marañón con los textos espeluznantes de Vallejo-Nájera sobre la homosexualidad como degeneración. En ese contexto de persecución, los diarios de Jaime Gil de Biedma y Juan Bernier —escritos al margen de cualquier vocación pública— se convierten en documentos de lo que no podía decirse de otra manera.

"En aquella época, ya en plena democracia, decir que Lorca había sido homosexual y pretender hacer una lectura gay de su obra era aún un atrevimiento extravagante"

Los Sonetos del amor oscuro de Lorca no se reconocen públicamente como homosexuales hasta su publicación póstuma en 1984, casi cincuenta años después de su muerte. En aquella época, ya en plena democracia, decir que Lorca había sido homosexual y pretender hacer una lectura gay de su obra era aún un atrevimiento extravagante. Ese desfase brutal dice todo sobre el mecanismo que el libro de Martínez describe.

1970 supone otro punto de inflexión no en España, sino en el mundo, que se recoge en el capítulo titulado “El descubrimiento del homosexual”: la llegada de Foucault y las disidencias, y una presencia ya gradualmente explícita de gais y lesbianas en la literatura. Gloria Fuertes, Juan Goytisolo, Gil Albert —poeta adelantado a su tiempo y nunca suficientemente reconocido—, Luis Antonio de Villena, Francisco Nieva o Eduardo Mendicutti son algunos de los nombres canónicos que aparecen en Su fulgor puede destruir vuestro mundo, que en todo caso se convierte en un vademécum de nombres y obras: no falta nadie. La cantidad de nombres y títulos se vuelve inabarcable, y Martínez lo reconoce con una nota de honestidad intelectual, pidiendo disculpas anticipadas por las omisiones, pero su rastreo llega hasta títulos como El farmacéutico comunitario y la atención a la población LGBT (2020), lo que da muestra, como queda dicho, de la erudición y el trabajo del autor.

"Una de las virtudes más apreciables del libro es que incita a leer y a releer. A volver a los clásicos con otros ojos, sin la venda que puso la crítica tradicional"

La literatura del SIDA deja también su huella, quizás menor en España que en otros contextos. Y el activismo actúa como motor: la literatura y la sociedad se retroalimentan, y a medida que una crece, crece la otra, como constata con cifras reales Martínez. No es casualidad que ese mismo impulso de recuperación de la memoria literaria LGTBIQ+ esté llegando llegado recientemente al cine, como prueba el éxito en Cannes de La bola negra, la película de los Javis basada en un texto de Alberto Conejero.

El libro no habla de “literatura gay” ni siempre de “literatura LGTBI+”, sino preferentemente de “literatura no heterosexual”: una categoría más precisa e inclusiva. Y recuerda, siguiendo al anglosajón Rictor Norton, que esta literatura ha alcanzado ya el pleno derecho a crear también productos mediocres, de consumo, dentro de la llamada literatura popular. El derecho a la mediocridad es también una forma de normalización.

Una de las virtudes más apreciables del libro es que incita a leer y a releer. A volver a los clásicos con otros ojos, sin la venda que puso la crítica tradicional. Su fulgor puede destruir vuestro mundo demuestra que esos libros son más ricos y más verdaderos cuando no se les amputa una parte de lo que contienen.

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Autor: Ramón Martínez. Título: Su fulgor puede destruir vuestro mundo. Editorial: Egales. Venta: Todostuslibros.

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Mario Raimundo Caimacán
Mario Raimundo Caimacán
1 mes hace

Felicitaciones al autor por este ensayo monumental que seguramente marcará un hito en la Crítica Literaria de España y en la Historia de la Literatura Española.

Y como el tema tiene relación con El Lazarillo de Tormes, novela que me cuenta entre sus aficionados, con mi ancestral temeridad costromera le pido al autor, al Dr. Ramón Martínez, si no le resulta imposible por las exigencias del mercado, que me ilumine el entendimiento y pueda informarnos sus argumentos, pruebas y conclusiones sobre el significado del brevísimo Tratado del Fraile de la Merced, quien le regaló unos zapatos al Lazarillo, quien terminó huyendo porque no quería “romper zapatos” y “otras cosillas” que muchos interpretan como “prácticas homosexuales”.

Le formulo está petición porque en Costromo estamos aislados por la represión de la Dictadura de los Macheteros y resulta muy díficil acceder a su publicitado ensayo, y aunque contamos con Internet como una de las pocas ventanas al mundo, sufrimos el espionaje digital de la policía política de los Macheteros, delincuentes de la peor calaña, ladrones, torturadores, asesinos y traidores a la patria, tan barbaros y criminales como la Policía de la Moral en Irán que usan los delirantes Ayatolas para negar todos los Derechos Humanos de la niñas y mujeres en Irán y ejercer la más inhumana represión, incluido el asesinato de valientes mujeres por solo protestar y exigir sus derechos.

Aquí en Costromo, los opositores y resistentes a la Dictadura de los Macheteros, los esbirros siempre buscan identificarnos para encarcelarnos, torturarnos o matarnos, por esto le pido su ayuda para un ensayo mío en progreso sobre el autor del Lazarillo, más aún porque soy un autodidacta marino mercante jubilado, nunca pude estudiar en una Universidad la carrera de Letras, y mi amor por la Literatura fraguó en la inmensidad de la mar. Quiero pensar que mis compañeros de lucha política cuando me critican y cuestionen que “pierda mi tiempo en Literatura” en lugar de dedicar todo mi tiempo a la Resistencia, porque les respondo que si no podemos disfrutar del placer de la Literatura, si no sentimos que la Literatura es tan valiosa como la Libertad, ?No continuaría nos viviendo vidas mutiladas?

También felicitó al articulista Luisge Martín por su excelente reseña del ensayo, porque desde que existe la Humanidad existen personas no heterosexuales, y hombres y mujeres no heterosexuales, como científicos o como artistas o en cualquier otro ámbito del conocimiento y la cultura, han contribuido, contribuyen y contribuirán al progreso de la Humanidad.

Mario Raimundo Caimacán
Mario Raimundo Caimacán
1 mes hace

CORRECCION;

…Quiero pensar que mis compañeros de lucha política están equivocados cuando me critican y cuestionan que “pierda mi tiempo en Literatura” en lugar de dedicar todo mi tiempo a la Resistencia…