Seiko Ota no vivió la II Guerra Mundial, tampoco es hibakusha (víctima de la bomba atómica), pero ha escuchado los horrores y los testimonios de Hiroshima y Nagasaki, también llenos de esperanza en medio de la barbarie. Conoce a fondo los detalles del 6 y 9 de agosto de 1945. Ha leído libros, se ha documentado y ha visitado las dos ciudades que sufrieron los bombardeos.
Direcciones: oscuridad
en pleno día de verano.
En la primera parte de Haikus de la bomba atómica (Hiperión), que es fruto de una investigación de más de una década, están incluidos los haikus sobre el artefacto lanzado sobre inocentes y se divide entre infierno, secuelas, huérfanos y posguerra.
La obra, de 235 páginas y que ofrece múltiples niveles de lectura, incluye pies de página e ilustraciones que dan contexto sobre cómo se usan expresiones japonesas, tradiciones, ese color amarillo, “el de la esperanza, más aún cuando la flor de la caña de Indias fue la primera que apareció después de la caída de la bomba de Hiroshima”.
Calor húmedo.
Sonido de sangre borboteando
en mi mente.
La segunda parte es la más intimista y hay espacio “para un canto, una oración a favor de la paz y la naturaleza” en las cuatro estaciones y el Año Nuevo, que es tan importante en Japón, el país donde el día de Navidad (si no eres cristiano) es una fecha normal del año.
Sobre los huesos
no llorados,
hemos de vivir.
En el volumen también se retrata el legado kamikaze.
En silencio
solo toma su mano.
Niebla primaveral.
No es la primera vez que Hiperión ha publicado sobre los haikus de la II Guerra Mundial. Junto a Elena Gallego (profesora de la Universidad Sofía de Tokio), Ota ha publicado otros dos volúmenes de la misma materia: uno sobre la guerra (2016), escritos en el frente de la batalla, y otro en el corredor de la muerte (2014).
En esta edición bilingüe e ilustrada hay un despliegue de 185 haikus. Haikus de la lluvia negra, de un verano carbonizado, relámpagos de nubes, noches iluminadas como esta composición que embellece el libro:
En mis oídos
el arrullo permanente de mi madre.
Luna azul.
El haiku, instrumento de belleza, vinculado a la naturaleza, pero también al desgarro, ha servido, como aporta Gallego, “en bandera enarbolada por las ansias imperialistas o en medio de una expresión del ardor bélico”.
Son poesías siempre al límite. Diecisiete sílabas, profunda verticalidad sonora sin rima.
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Autor: Seiko Ota. Título: Haikus de la bomba atómica. Editorial: Hiperión. Venta: Web de la editorial.


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