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11 poemas de William Bronk

William Bronk fue un poeta nacido en Fort Edward, New York, en 1918. Estudió en la Universidad de Harvard y participó en la Segunda Guerra Mundial. En muchos de sus poemas pone en tela de juicio el conocimiento humano y sus límites, a la vez que juega con la distancia establecida por el hombre ante el mundo natural, del cual, al parecer para Bronk, ya no forma parte. Todo esto escrito en un lenguaje, estructura y estilo aparentemente simple. También escribió Vectors and Smoothable Curves (1983), un libro que recoge ensayos escritos a lo largo de cuarenta años. En 1982 ganó el American Book Award por su libro Life Supports. Otros de sus títulos son Light and Dark (1956), That Beauty Still (1978), Death is the Place (1989), Some Words (1992), y The Mild Day (1993), de donde han sido tomados los poemas aquí traducidos. Murió en 1999. Presentamos una selección de poemas con traducciones de Ramón Hondal, Silvia Camerotto y Ubaldo León Barreto.

*****

Pequeña caminata

Despierto de noche, camino en la oscuridad de la casa.
Los pies descalzos son silenciosos. Las habitaciones están imperturbables.
¿Cómo han sido los días y las noches de otros?
Creo, ahora, que no más que esto.

***

Safari

Es como ir a vivir a África
con animales a nuestro alrededor, animales
independientemente de nosotros y no nosotros la vida
del lugar como en este universo,
incluso en la tierra, las fuerzas son
que no vemos la forma en que los animales
podían ser vistos pero están alrededor y son
independientemente de nosotros que no somos la vida del lugar.
Asombrados, defendemos nuestro terreno extranjero. Observamos.

***

Solos

Solos, como parece que estamos a menudo,
podemos determinar partes de nuestras vidas y las vidas
de quienes nos rodean. Más que eso, decimos
cómo puede ser el mundo, cómo surgió
y por qué. Damos la verdad. Tan grandes somos.

Algo que no pretende contravenirnos,
algo que ni siquiera necesita saber que estamos allí,
al seguir sus propios procedimientos, lo barre
todo: lo que sea que hayamos hecho o dicho.
Nos barre. Estamos al lado del punto.

No importa. Cerrados al lado. La seriedad
del deseo es una voz que nos canta y,
en su canto, humilla cualquier reclamo.

***

Buena historia

Las historias no son solo para ayudarnos a dormir
sino, más aún, para despertarnos fácilmente:
historias de dioses,
historias de ciencia,
todo porque
no se sabe.

***

Discrecional

Lo que mirabas entonces y ahora puede ser
lo mismo aunque lo que ves no lo sea. Dormidos,
podemos reconocer personas que conocemos
y lugares de momentos en que estamos despiertos. Es una vista diferente.
No lo sabíamos. No es que nos equivocáramos
en ninguno de los dos casos. Es que otras veces
dormidos, despiertos, nunca vemos lo que es.

***

La forma en que funciona

El mundo material es una forma —por lo demás
difícil, incluso imposible—
de hablar de algo que puede ser.
El mundo material lo hace más real para nosotros,
es un emblema, una especie de metáfora, podemos
ponerle nuestras manos encima y manipularlo.
Tenemos el big bang para lograrlo,
pero todo está ahí antes de eso.
Tiene que ser. ¿Y no lo estamos nosotros también?

***

Tablas desnudas en el mundo

No más que nosotros tampoco lo es el resto de la vida
del mundo natural. Nos amamos como si lo fuéramos.
La tierra profunda y el cielo aún más profundo
son decorados que no se utilizan en el escenario de la vida.
Los actores y actrices no se ven ni se escuchan.
Sentados como testigos del poder de la vida. Asistimos.

***

La sonrisa en el rostro de un Kouros

Este chico, por supuesto, estaba muerto, con lo que eso
signifique. Y noblemente muerto. Deberíamos creer
que murió noblemente. Tal vez cayó en batalla,
y esta piedra tallada lo recuerda
no como fue, quizás, sino delineando acaso
la virtud desnuda de que la piedra lo inviste.
Un pie adelantado, los ojos atentos, los brazos
a los costados, las manos por debajo de la delgada cintura
colgando a los lados, con serena plenitud, junto a los flancos macizos.
El chico estaba muerto, y en su muerte la piedra sonríe
iluminando los labios satisfechos con el placer de algo logrado:
un fin. Llegar un fin. Llegar a la muerte
como un fin. Y al llegar, llevar allí intacto, todo el peso
de su fuerza y su virtud, la recompensa con que se
llenan sus manos vacías. Nada de eso perdido,
a salvo en casa, y la sonrisa alcanzada al final.
Ahora la muerte, de la que aún—o jamás — se sabe nada,
nos deja a solas para que pensemos de ella lo que querramos,
y acepta nuestra elección, que moldea la vida hasta la muerte.
¿Deseamos un final? Eso nos da; y toma lo que damos
y lo guarda; y el fin, de esta manera, tiene en la vida misma,
una especie de casa del tesoro de forma bella
alcanzada y abandonada con la muerte,
donde permanecer, eternamente hermoso e intacto, como si
desear demasiado la forma perfecta, indemne,
fuera lo mismo que desear la muerte, como elegir la otra opción
para la muerte. Hay otras maneras; nosotros sabemos elegir
otra opción para la muerte: informes o rotos, no del todo plenos, perplejos,
vivimos en un mundo sin forma. Eternos, no esperamos ningún fin.
Te digo muerte, no esperes una sonrisa de orgullo
de mi parte. No traigo nada para ti en mis manos vacías.

***

No mi soledad, sino la nuestra

La mayoría de los hombres son demasiado yo mismo,
mis rasgos externos perecederos, como las heces, el cabello, la piel,
la ropa desechada, inútiles para mí y muertos.
Desde la unidad, ¿qué deberíamos decir que no hayamos dicho
antes juntos? Nada que decirles,
nada que decir. Lo que ellos a mí, así debo
parecerles yo a ellos. La soledad humana
es la infinita unidad del hombre. El hombre es uno;
está solo en su mundo. Somos ese uno,
incluso nosotros, que ahora susurramos juntos,
íntimamente, como si fuéramos dos, como hacen los niños,
sabiendo tanto como nosotros y haciéndonos creer,
igual que creemos nosotros, que hay otro allí.

***

En pleno verano

Un mundo verde, una escena de verde profundo
Con luces azules, lo verde profundizado por lo azul.
Uno piensa cómo en ciertos cuadros los envidiados paisajes
Pueden contemplarse (a través de una ventana, quizás) mucho más allá
Del sereno rostro del modelo, más allá de su pose serena, como si
En algún espejo imposible, puesto al revés, la serenidad humana
Contemplase un mundo verde que observa su rostro.
Y mira ahora,
Aquí está ese lugar, esos verdes
Están aquí, profundizados por el azul. El aire
Que respiramos es dulce, fresco, cálido, impregnado del aroma de las bayas.
Estamos aquí, estamos aquí: la tierra es hermosa más allá de todo cambio.

***

La metonimia como un acercamiento al mundo real

Ya sea que lo que percibimos de este mundo
Es la esencia de este mundo solamente o la de
Cualquiera de muchos mundos posibles –¿qué esencia es esa, en todo caso?–
Algo de lo que sentimos podría ser cierto, podría ser el mundo,
Lo que es, lo que sentimos.
En cuanto al resto, una tregua es posible, la tolerancia de los viajeros, devorando la comida extranjera, intentando pronunciar palabras que traban la lengua, sentir ese tiempo y ese lugar,
No pensar que este es el mundo real.
De acuerdo: todos los relojes dan la hora local;
De acuerdo: “aquí” es cualquier lugar al que lleguemos y en el que
Ocupemos un espacio.
De acuerdo: construimos un mundo:
¿Acaso hay algo aprehendido allí, contenido allí,
Algo real, algo que podamos sentir?
Una vez, en una ciudad bloqueada y atestada,
Vi derramarse una luz sobre el abismo de una calle,
Palpable y azul, como si hubiese venido de, digamos,
El mar, la pureza del espacio.

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