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Nos llaman viejos, compañeros

Nos llaman viejos, compañeros

Nos llaman viejos, oigan. A ustedes y a mí. La última vez fue hace unos días en una red social. Cállate, viejo, fue el mensaje. Con tuteo incorporado, muy campechano. Lo soltó un fulano, supongo que joven, convencido de lo que decía. Estúpidamente honrado, imagino, como tantos. Creyéndoselo de verdad. Y me quedé pensando, claro; lo pensativo que te deja, puesto el pie en el estribo, ver a un tiñalpa explicarte el mundo sin haberse limpiado aún de la boca la leche que mamó. Porque hay que ser atrevido, o muy idiota —o atrevidamente idiota—, para usar la edad como insulto, o pretender que lo sea.

Llamar viejo a un fulano de casi 75 años es algo objetivo y razonable; pero hacerlo en tono despectivo es un error. Sin embargo, aquel infeliz no lo sabía. Combinada con estupidez y redes sociales, la ignorancia produce pollitos de corral convencidos de ser águilas imperiales. Nos llaman viejos porque creen que la vida empieza con ellos. Porque confunden juventud con inteligencia, redes sociales con profundidad y opinión con conocimiento. Porque viven en un presente perpetuo donde lo anterior es sospechoso y lo posterior, inexistente. Porque nadie les ha explicado, ni en el cole ni en su casa, que el paso del tiempo no es un problema ajeno, sino un pistolero paciente que espera en la puerta con sonrisa tranquila y una libreta donde figura tu nombre. Viejo es el yogur caducado de la nevera, viejo es el discurso reciclado que se vende como nuevo, vieja es la rebeldía de catálogo, el inconformismo con patrocinio, la camiseta con eslogan, la falsa originalidad de tanto cantamañanas gregario.

Los que tenemos tres cuartos de siglo en la mochila también fuimos imbéciles, e incluso nos esforzamos mucho en serlo. Pero entonces no existían medios para exhibir nuestra imbecilidad en alta definición, ni competíamos por el aplauso inmediato del rebaño digital. El imbécil, hasta que dejaba de serlo —algunos no dejaron de serlo nunca, pero ésa es otra historia— tenía que currárselo en persona y asumir las consecuencias. Vimos modas nacer y morir, ideologías irse al carajo y héroes convertirse en basura cuando no teníamos red protectora; cuando equivocarse tenía un precio y cuando los estacazos —metafóricos o reales— enseñaban más que cien tutoriales. La criatura que nos llamó viejos a ustedes y a mí, compañeros de calendario, ignora que la edad es munición y adiestramiento para usarla, que cada año vivido es una bala con pólvora de experiencia, que no envejeces acumulando puntos de fidelidad sino sobreviviendo a fracasos, decepciones, traiciones y muchas metidas de pata propias. Y que eso educa, endurece. Enseña a mirar.

Nos llama viejos quien se cree inmortal porque tiene pocas cicatrices, o ninguna, y no ha enterrado a nadie a quien quisiera. Nosotros, en cambio, hemos vivido guerras reales o figuradas, aventuras, romances, heroísmos y cobardías propias y ajenas. Hemos visto caer cosas que parecían indestructibles y levantar ídolos eternos que duraron un suspiro. Hemos amado con torpeza y perdido con elegancia, sufrido heridas que no salen en las fotos, matado y muerto mil veces, sostenido manos mientras se apagaban, pagado altos precios sin las tarjetas de crédito de papá y mamá. Y nuestra edad proporciona una ventaja: no hay nada que demostrar. Ya no compites, observas. No presumes, recuerdas. No te apresuras, caminas; estás demasiado cansado para correr. Y sabes lo que muchos jóvenes y muchos tontos —no son sinónimos, aunque a veces lo parezca— ignoran: si un lobo viejo no caza y muerde, a menudo no es porque no pueda hacerlo, sino porque hasta el hambre le da pereza. Ya no pretendes aparentar, sino ser. Conoces, porque lo practicaste, el silencio respetuoso ante quien vivió más de lo que tú has leído, visto o imaginarás en toda tu vida. Aprendiste, en fin, lo mejor del ser humano: callar cuando no sabes y opinar sin miedo cuando crees saber.

Por eso me hizo sonreír el piolín que nos llamó viejos. Aún no es consciente de ello, pero le incomoda que existamos porque somos la prueba de que su momento pasará más rápido de lo que supone. Hay jóvenes educados y peligrosamente inteligentes; pero éste no era de ésos, sino de los que confunden insolencia con carácter y falta de respeto con personalidad. De los que creen que ser joven es mérito propio y no circunstancia pasajera. De los que se chotean de las arrugas ignorando que cada una es una factura pagada.

Así que no se equivoquen. Los viejos no exigimos respeto automático, homenajes ni aplausos compasivos. No necesitamos que nos cedan el asiento, sino al contrario: somos de los pocos que todavía lo ceden. Pero otro cantar es que una recua de niñatos sin media hostia nos use como saco de boxeo generacional para esconder su clamoroso vacío. Porque sí, en efecto. Tengo 74 años. Y usted, colega lector, hombre o mujer, sesenta u ochenta y tantos, o los que diablos tenga. Si eso es ser viejo, bendita y digna vejez. Mejores son nuestras canas ganadas a pulso que la arrogancia estacional; mejores nuestros silencios que la verborrea analfabeta; mejor nuestra escéptica mala leche, cuidadosamente destilada por la edad, que los entusiasmos sin fundamento. Porque al final, cuando el tiempo haga su trabajo —que siempre lo hace sin piedad ni disculpas— nosotros ya habremos estado allí. Quien nos llama con desprecio viejos no sabe lo cara que se paga la vida. Y cuando llegue su turno, si no es del todo estúpido comprenderá que los supervivientes que hoy somos no lo miramos con ira: lo hacemos con ventaja, con calma, con la superioridad que dan los años. Y desde esa imbatible altura, unos cuantos viejos —usted, muchos otros y yo— nos ciscamos en su puta madre.

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Publicado el 20 de septiembre de 2026 en El Mundo.

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John P. Herra
John P. Herra
16 ddís hace

Está semana coincido con todo, sobre todo en la última frase. En mi niñez, había un bar de jubilados delante de casa. Yo me sentaba a merendar con mi hermano en una de las ventanas. Observábamos largo rato en silencio a los viejos jugando al dominó y tomando cafés eternos. Lo que nos divertíamos viendo cómo se tomaban el pelo y se metían unos con otros. No creo que haya tanta vida e ingenio en cinco jóvenes juntos.

Felix Rios
Felix Rios
16 ddís hace

¡Tal cual!

Rafa
Rafa
16 ddís hace

Desde luego, es admirable llegar a mayor y tener esa capacidad para defenderse así, ante un menosprecio semejante. Seguramente podría sucederle a cualquier joven mostrar esa aptitud estupida cuando no dispone del conocimiento o experiencia para debatir; pero que bueno sería que alguna vez leyera estas líneas y aprendiera la lección gratuita que se le da.

Brigitte Desmond
Brigitte Desmond
16 ddís hace

Todo esta dicho ! Con maestria ! Es un placer enorme leer a don Arturo.

Javier
Javier
16 ddís hace

En mi caminar diario, veo de todo: viejos, y jóvenes, que, dia a dia, con su estupidez, van comprando papeletas para ser merecedores de una gran colleja, y viejos y jóvenes, que no.
La estupidez no es algo que se adquiera en la juventud, y se deje en la senectud, para nada.
Es por eso que, no se puede generalizar.
Hay viejos que no valoran la suerte que tienen, de vivir en un país, que a pesar de vivir del crédito, hace esfuerzos enormes por mantener un sistema de pensiones, en el que los aportantes cobran bastante menos que los que disfrutan de esa pensión, y sin embargo siguen aportando, con la esperanza, vana, de que alguien haga lo mismo en el futuro, por ellos.
Ayer mismo, vi a miles de jóvenes, dar su apoyo a una señora mayor, Mari Carmen, desahuciado de su vivienda en Madrid, y vi a muchos viejos dar su apoyo, a la inmobiliaria, y no a la propia Mari Carmen, mujer sola, octogenaria, que solo pedía morir en la casa en la que había vivido durante setenta años.
De todo hay en la viña del Señor, ya vé.
Saludos.

Aguijón
Aguijón
16 ddís hace
Responder a  Javier

Y lo más triste de todo el caso Mari Carmen es que la inmobiliaria según la ley tiene razón, y ya sabe usted porqué la tiene…
Saludos.

Javier
Javier
15 ddís hace
Responder a  Aguijón

¡Ay, la ley, la ley!.
Ojalá fuéramos tan partidarios de que se cumpla la ley, en todos los casos.
Ejemplo: en el edificio donde vivo, hay un par de pisos que funcionan cono alojamientos turísticos, de manera ilegal, por supuesto, y los valedores de la ley no aciertan a cerrarlos, a pesar de las quejas de los vecinos, a pesar de las reiteradas llamadas a la policía, a pesar de….
Claro que sí, la ley, la ley y la requeteley, esa que tomamos según conviene…
Saludos.

Aguijón
Aguijón
15 ddís hace
Responder a  Javier

En el que vivo yo hay un “piso patera” en el que viven cerca de 20 personas, todas muy respetables…
Igual podía ser un piso turístico encubierto…
De todas formas yo me refería a quienes cambiaron la Ley de Arrendamientos Urbanos…
Pero veo que no ha cogido, o no ha querido coger, la indirecta.
Saludos.

John P. Herra
John P. Herra
14 ddís hace
Responder a  Aguijón

Me gustaría ver a los ‘movilizados’ cuando los okupas echan de su casa a otras ancianas. Hay unos cuantos casos.

Aguijón
Aguijón
14 ddís hace
Responder a  John P. Herra

Efectivamente, hace 60 años el inquilino estaba protegido por la ley en los arrendamientos y los propietarios no podían abusar….
Pero desde luego los desahucios por impago eran rápidos y los ocupas inexistentes.
Total que llegaron los “progresistas” para desproteger primero al inquilino, que “abusaba” de “rentas antiguas” y luego al propietario que no puede echar inmediatamente a un okupa.
Así nos va con el “progreso”.

Javier
Javier
14 ddís hace
Responder a  Aguijón

Le recomiendo un video en el que aparece Fernando Fernán Gómez, relatando como desahuciado a su madre, en época franquista, de su piso, y verá y comprobará que en todos los tiempos han cocido habas.
Saludos.

Aguijón
Aguijón
14 ddís hace
Responder a  Javier

La ley sólo permitía el deshaucio por impago, el inquilino estaba protegido de por vida.

John P. Herra
John P. Herra
14 ddís hace
Responder a  Aguijón

Es que la gente no sabe o no quiere acordarse de dónde viene la limitación de alquileres, ni la ley de arrendamientos urbanos que derogó la legislación anterior que protegía a inquilinos y propietarios de abusos. Pero como era una ley ‘franquista’, había que tocarla. Así funcionan las cabezas.

Javier
Javier
14 ddís hace
Responder a  Aguijón

Los pisos patera existen por el alto precio de los pisos. Es muy sencillo: considerar algo como de primera necesidad , o bien de lucro.
De todos modos, yo no quería iniciar aquí un debate sobre el problema de la vivienda, el cual es muy interesante, pero no era de lo que iba el artículo del señor Reverte,. Yo lo que quería era resaltar el compromiso de mucha gente joven, que ha querido ayudar a esta señora, contrapuesta a mucha gente mayor, que se ha identificado más con la inmobiliaria.
Saludos

Aguijón
Aguijón
14 ddís hace
Responder a  Javier

El alto precio de los pisos y la ley de extranjería están más ligados de lo que usted piensa, así como los bajos salarios, la saturación de los servicios sanitarios, la degradación de la educación pública…
Orden, una palabra que ha perdido su sentido.
Ordenar emigración en favor del emigrante que se integra y viene de forma legal, ordenar legislación en favor del contribuyente que cumple la ley, ordenar seguridad en favor del ciudadano que respeta a los demás y los mira con empatía y, por supuesto, ordenar un trato decente a los mayores que hicieron posible que seamos lo que somos.
Orden.

Javier
Javier
13 ddís hace
Responder a  Aguijón

Dígaselo usted, eso del orden, a los empresarios que se benefician de eso. Dígaselo al señor Garamendi, el cual dice que necesitan equis millones de trabajadores extranjeros, para el buen funcionamiento de la economía española. En realidad, Garamendi quiere esclavos: trabajadores low cost, consumidores, que no pidan demasiados servicios públicos, y que se contenten con vivir en una habitación, o en una colchón en un piso patera.
Es el capitalismo, mi querido amigo, el que fomenta la desigualdad. Es al capitalismo al que le interesa esa desigualdad.
En fin, ya sabe. Está todo inventado.
Pasa que queremos sorber y soplar, y eso, nos lleva al ahogamiento.
Saludos.

Aguijón
Aguijón
13 ddís hace
Responder a  Javier

A Garamendi, a Yolanda y a quien haga falta…
Yo escribo para todo el mundo.
En cuanto acsober y soplar creo que es más propio de quienes forman parte de un gobierno al que luego critican o de los que critican el cumplimiento de una ley que ellos aprueban, de los que hablan de sanidad pública y se curan en la Ruber, de los que defienden la educación pública y sus hijos van a la privada, de los que hablan de viviendas sociales y viven en Galapagar y no precisamente en un pisito, de los que dicen tener muy poco y estar dispuestos a dar mucho y luego necesitan prestar joyas de dudosa procedencia, de los que están contra la prostitución y su carrera política se la pagan las saunas, de los que dicen luchar contra la corrupción y no ven que la tienen en casa….
Vamos, si quiere seguimos hablando de coherencia.

Javier
Javier
13 ddís hace
Responder a  Aguijón

Si aludiendo usted a Pedro Sánchez, o a cualquier otro integrante del PSOE, o a Pablo Iglesias e Irene Montero, o a cualquier otro integrante de Podemos, cree que lo está usted haciendo contra peligrosos integrantes de la ultraizquierda, entonces es que no ha entendido nada, y además habrá caído usted en la trampa. No se asuste: será usted uno más.
Toda la izquierda española actual, es la que yo fomentaría si tuviese dinero, poder e influencia.
Si don Carlos Marx levantara la cabeza y los viera, y los oyera, se volvía a morir del susto.
Pero en fin, que le vamos a hacer. Eso si: cuando vea a un socialista o a un comunista de verdad, no se me asuste.
Saludos

Aguijón
Aguijón
13 ddís hace
Responder a  Javier

Le he entendido a usted perfectamente don Javier, y desde el principio, pero las cosas hay que dejarlas claras.
A mí no me asusta nada de la izquierda salvo sus dirigentes.

Esther
Esther
7 ddís hace
Responder a  Javier

Pero imagino que a estas alturas ya sabe usted quien es la tal MªCarmen, verdad? Porque tendrá 87 años pero no es merecedora de ninguna lástima (buena pensión, funcionaria de profesión, sin cargas familiares y aprovechándose de una “prórroga” que no le correspondía. 50 años tuvo para comprarse un piso y…no le dió la gana! Prefirió seguir aprovechándose de las circunstancias.
Lástima ninguna. Hay pobres viejos, viejos pobres y viejos que no merecen ni el respeto que dan los años.

Cata
Cata
16 ddís hace

Genial, la vida misma! No lo hubiera expresado mejor!

Pepe Cuervo
Pepe Cuervo
16 ddís hace

Como digo muchas veces, nosotros hemos llegado, otros muchos quedaron por el camino. Lo que no sé es si hace 50 años había tanto imbécil, creo que los jóvenes estábamos en otras cosas, trabajar, buscarnos la vida y progresar, ahora que lo tienen todo hecho, se dedican mas a hacer el gilipollas y para colmo lo graban y cuelgan en las redes sociales. Hemos vivido otras décadas, creo que mas auténticas o quizás es nostalgia, pero si tienes el valor de echar un vistazo en Tik-Tok durante un rato, verás la panda de anormales que copan las redes sociales. Que eso, que hemos llegado, a ver si estos llegan y si lo hacen en que estado lo hacen.

Virginia Mostazo
Virginia Mostazo
16 ddís hace

Sr. Reverte, como le dije a mi padre hace poco que tiene 81 años, la edad solo importa, si eres un vino o un queso; las redes sociales, son para “algunos” un refugio para los cobardes, que a la cara, nunca se atreverian a decir.un saludo.

Pirandelliano
Pirandelliano
16 ddís hace

Qué alegría ver al Maestro de vuelta. El Pérez-Reverte que admiramos, el que señala con el dedo, el que se cisca en la puta madre del que no cumple con los cánones y no el pardillo conciliador, respetuoso, woke, de la semana pasada.

Jóvenes y señores
Jóvenes y señores
16 ddís hace

Si hay que elegir entre jóvenes sin respeto y viejos con mala leche mal asunto.
Señalar a los jóvenes como fuente de todos los males es un fenómeno recurrente de todas las generaciones. Y no lo es por casualidad, es la justificación que se dan los señores mayores a sí mismos y al mundo que están dejando.
La decadencia moral del mundo no son los jóvenes. El mundo está al borde del caos gracias a señores sin escrúpulos de más de tres cuartos de siglo.
Siempre señores.

Mirando al mar
Mirando al mar
16 ddís hace

Con setenta recién alcanzados, la actitud y presencia de las normas de urbanidad aprendidas, a veces me recrimino la condescendencia con que observo la ordinariez de bastantes. Sin distinción de género.

José Prats Sariol
José Prats Sariol
16 ddís hace

Espero que el talentoso intelectual –no todos los escritores son intelectuales, pregúntenle a Cortázar– nos regale no la otra cara, mejor que no, sino algunos detalles de la vejez: Por ejemplo: Un error repetido tres cuarto de siglo por supuesto que no lo convierte en acierto. Aducir la experiencia es una astucia de mediocres.

Probles
Probles
16 ddís hace

“Mejores son nuestras canas ganadas a pulso que la arrogancia estacional;” pues sí.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
16 ddís hace

Personalmente, me interesa bastante más que la edad como acumulación de experiencia, lo que el tiempo acaba haciendo con nuestras certezas. Cumplir años no concede certezas, del mismo modo que ser joven no condena a la ignorancia. Con el tiempo, a menudo se gana una perspectiva valiosa, aunque a veces es incómoda. Es curioso cómo algunas ideas que antes nos parecían inamovibles empiezan a tambalearse, mientras que otras que antes no nos convencían resultan ser más acertadas de lo que habíamos pensado.

Quizás la verdadera ventaja de los años no sea tanto saber más, sino haber aprendido que a veces nos equivocamos. Los que hoy son mayores también fueron jóvenes y tuvieron sus propias arrogancias, aunque no hubiera redes sociales donde dejarlas expuestas en alta definición. La diferencia puede estar en que entonces sus errores tenían menos espectadores y, por tanto, más posibilidades de convertirse en experiencia.

Me gusta pensar que envejecer consiste, entre otras cosas, en ir perdiendo la necesidad imperiosa de tener siempre la última palabra. Y eso, a cualquier edad, ya es una forma bastante digna de inteligencia.

Última edición 16 ddís hace por Amanda Itzas
Pablo Manzano Bernárdez
Pablo Manzano Bernárdez
16 ddís hace

Con mi doble 7, no puedi no estar completamente de acuerdo.

Diego Alejandro Ramírez Peña
Diego Alejandro Ramírez Peña
16 ddís hace

Una de las cosas que me más me enternece -para no colocar otro verbo más contundente- es ver cómo niños de menos de 40 años intentar mostrarme, con todo desparpajo, que el cielo es, generalmente, azul y tiene, también, nubes.

A veces me cuesta colocarme la malgastada máscara de la cara de la Monalisa, las otras ni me dan ganas de ponerme ninguna y el viejo insolente respira profundo y los veo con la displicencia del caso.

Y gracias por poner en palabras la tormenta que compartimos.

PS: Pase, cuando pueda, a mi mostrador -en el aeropuerto de Ginebra-. Se va a divertir viendo a los “niños” viajando solos.

César
16 ddís hace

“Quemad viejos leños, bebed viejos vinos, leed viejos libros, tened viejos amigos”

Rafa
Rafa
15 ddís hace

Volvemos a repetir muchos errores de juventud a pesar de intentar evitarlos y pesa aceptar que somos nosotros. Los años en si tampoco ayudan demasiado para remediarlos, pero creo que es bueno sentir que hemos cambiado y aprendido algo, aunnque tampoco se exprese ni nadie tal vez lo note

Meri SM
Meri SM
15 ddís hace

No imagino lo difícil que debe ser para alguien con sus valores y su trayectoria vivir en esta realidad digitalizada, transparente, sin poso, sin verdad, sin valores y (a raíz del origen del artículo) sin vergüenza. Leer insultos en redes, provenientes de pipiolos sin seso, inmaduros de manual y chulitos de poca monta (jóvenes o viejos), debe ser un ejercicio titánico de contención para no estallar (que, de paso, es lo que persiguen: desacreditarle. Pero su eterno porte de reportero genuino y curtido en mil batallas no cederá ante esa vil provocación).

Gracias, don Arturo (sí, con «don», que transmite respeto a quien se lo ha ganado a pulso). Gracias por su templada sabiduría, su tenacidad imbatible, su infatigable afán de documentar la realidad circundante y su honradez en cada palabra. Tiene usted un talento innato para expresar, con ingeniosas analogías, verdades sustentadas en tierra firme, y no en oasis digitales.

Celebro que sus artículos sigan en la brecha (El Mundo). Y que sigan como siempre, ampliando miras, denunciando abusos, compartiendo vivencias, regalando lucidez.

Gracias por enseñarnos a mirar.

basurillas
basurillas
15 ddís hace

De vez en cuando estos jovenzuelos deslenguados se merecen la verdad. Y que les den:
Probablemente muy pocos disfrutarán de una casa en propiedad o de un alquiler por algo más allá de una habitación incluso compartida; tendrán que esperar, en el mejor de lo casos, a heredarla de estos viejos eternos que disfrutan de, hasta hace poco, una de los mejores sistemas sanitarios del mundo que ellos ni sospecharán a nuestra edad…si llegan. Lo de un empleo bien remunerado y para toda la vida será una entelequia que ni podrán imaginar en su bisoñez, y tendrán que conformarse con trabajos mal pagados, estacionarios casi con seguridad y, tal vez, con mucha suerte, completados con una renta mínima de supervivencia de Papá Estado, si logran que las empresas paquen por su robótica empleada. Lo de los viajes del Inserso ni lo olerán con la imaginación. Probablemente no tendrán asegurada jamás una pensión de jubilación, porque ni en sueños habrán cotizado lo suficiente en toda su vida. No sabréis ni que estudiar para ganaros el sustento, máxime con esa maldita inteligencia artificial, la nueva plaga, pues todo será tan futil y tan rápido que lo que empecéis ya sera caduco al poco tiempo de empezar a entenderlo. Tendréis, sin duda, un clima horrible, traicionero y asesino muchísimas veces, insoportable en veranos y en inviernos. Y olvidaros de la libertad, seréis mucho más esclavos de la tecnología y os controlarán desde el poder hasta las veces que respiráis o vais al retrete cada día y el tiempo empleado en ello, y probablemente os lo cobren como nuevos impuestos. Pocos os podréis permitir tener hijos y educarlos con algo de vuestra propia esencia e identidad. En fin, olvidaros de poder decir al final de vuestra existencia aquello de “yo he visto cosas que vosotros no creeríais”. Lo sentimos pichoncitos, llegásteis muy tarde a todo y el mundo que os dejamos, por desgracia, es una M. pinchada en un palo. Hace tiempo decidí no tener hijos, para no proporcionar más y nuevos esclavos a este vil sistema. Tal vez sea la mayor coherencia de mi vida. Sin acritud. Hoy me tocado el papel de malvado.

Juan A.
Juan A.
15 ddís hace
Responder a  basurillas

Resulta llamativo ese discurso. Chavales, apañaos y que os vayan dando…. que nosotros ya vivimos lo “nuestro” y os veremos desde el palco, o no… pa lo que me queda en el convento, y demás.

Hace veinte años, con el bum precrisis aparecieron pancartas con aquel “No tendrás casa en tu put4 vida”. Tras la crisis un exministro desvelaba que reconocer la burbuja era de aguafiestas, que la paciencia con los bancos es infinita y demás.
¿Qué hemos solucionado? Hace viente años no peinábamos tantas canas, aún cotizábamos, pero todos soñaban con el regalo el pelotazo: compro hoy y en unos añitos vale el doble. ¡Dabuten!

Y ahí seguimos, ociosos, disfrutones, despreocupados. ¿Y los hijos? Quien venga detrás que arree y el último que apague.

《Sería un consuelo para nuestra debilidad y la de nuestras obras si todas las cosas perecieran con la misma lentitud que se formaron; pero, tal como es en la realidad, los incrementos son de lento crecimiento y la ruina es rápida》. O sea, el abismo de Séneca que tenemos enfrente de nuestras naricez, justo detrás de la puñetera pantallita.

basurillas
basurillas
14 ddís hace
Responder a  Juan A.

Lo real es lo que hace llamativo el discurso. Y eso que sólo se ha centrado en su análisis en la vivienda. Sigan, sigan creyendo en programas electorales que prometen 40.000 viviendas cada cuatro años por el Estado. Hasta ahora cero patatero y queda ni un año.

maria evangelina varini
maria evangelina varini
15 ddís hace

Como siempre con la verdad!! Genio!!!

Juan A.
Juan A.
15 ddís hace

!Ojo con los abuelos! ¿Recuerdan ese artículo de 2017? Ha cambiado la perspectiva del sénior.
Antes: !Cuidadín! No vayamos idealizando a los abueletes, que de todo hubo en esta tierra fraticida y más de uno y más de dos guardan silencio por pura vergüenza. Ahora: la veterenía es un grado… Pues de todo hay. Quizás me haya columpiado y no hay incongruencia. En fin, Pilarín, a lo que iba.

Lo que destacaría es la brecha, esa generacional, que se ve multiplicada por dos efectos peincipales: a) la disgregación y reducción de las familias (sociológico-demográfico) y b) la tribalización de los círculos prójimos, o reclusión entre semejantes (cultural-ideológico).
Hay un abismo entre un chaval y quien podría ser su abuelo, una falla insalvable entre percepciones de la realidad. Ya no solo se trata de una cuestión de madurez o de experiencia, sino de cultura compartida, de valores comunes, de moral transmitida, incluso diría de de cosmología fundamental (de los cimientos).
La sociedad ha implosionado. Una juventud sin expectativas de futuro, en la jungla de la precaridad, frente a jubilados remozados en su burbuja de certezas y confort.
La segregación de la vida por edades habrá causado casi tantos estragos como la zonificación de la ciudad de la modernidad.
Las grandes familias, con nietos y abuelos, son una sutura de este descosido. Y también los pequeños colegios rurales, conviviendo párvulos y adolescentes. Tejiendo lazos.

Siempre fui viejo, desde muchacho, me lo reconozco, y por ello no me sobresalté con las canas que llevaba lustros esperando.
Con el paso de los años me sorprendo con lo que aprendo y con tanto como ignoro. Las fronteras del conocimiento se expanden tanto más rápido cuanto más te acercas a ellas. Este inabarcable universo y el asombro ante la vida se me antojan como la mejor huella que puedo dejar de camino a viejo.

John P. Herra
John P. Herra
15 ddís hace
Responder a  Juan A.

Pues es verdad. El grupalismo, que es un individualismo colectivo, y la incapacidad o falta de voluntad de comunicarse con el diferente, porque eso supone muchas veces medirse y discutir, que en el fondo es salir de sí mismo para poner a prueba los prejuicios propios y ajenos. Cada uno en su burbuja y hasta luego.

Francisco Brun
15 ddís hace

Pobres jóvenes inmaduros, maleducados y nenes de mamá y papá, que aún no saben criar a un hijo, y tengo dudas de que sepan qué hay que hacer para concebirlo.
Son muñecos de torta que imaginan que tienen reflejos ante una situación crítica o se mean en los pantalones si llegan a ver la muerte de frente.
Lo lamentable es que uno no puede entender quién carajo los ha criado tan maleducados e insolentes. Evidentemente no han tenido un padre o una madre que les haya enseñado lo que significa el respeto, o ponerle límites.
Bien dice usted, Señor Arturo, a mí tampoco me interesa que estos peleles me brinden su asiento. Por lo general creen conocer el mundo desde su teléfono, y en verdad, el teléfono los domina y controla a ellos para venderles hasta los calzoncillos, o mostrarse en fotos trucadas para conseguir una conquista.
En fin, no todos los jóvenes forman parte de este club de insolentes. Por suerte muchos son amables, respetuosos, cordiales y saben entablar una conversación con un mayor, que tal vez no tenga nada para enseñarles, pero sí para advertirles.
Cordial saludo

Silvia
Silvia
15 ddís hace

Apreciado APR, me sorprenden muchos jóvenes de ahora. Nacen con colmillos integrados y con la caràtula de IKEA en el cerebro. Son simplistas, no tienen argumentos pero si certezas. Franco era el diablo pero el Che un héroe que no caducarà nunca.
Habrîa mucho que decir sobre jóvenes que vinieron al mundo con el teléfono celular en la cuna.
Viva la experiencia que nos han dado los años.

Ana Berta López
Ana Berta López
15 ddís hace

¡Excelente texto!!! Solía decir mi madre: “viejo es el camino real y el que no llegare a viejo, ¡la vida le ha de costar!” y así es. La estupidez aliada con el irrespeto dan como resultado esos seres a quienes evidentemente no les dieron buena formación de hogar.

Javier
Javier
14 ddís hace

Reverte dice que va perdiendo certezas… Pues yo voy ganándolas y asentándolas, porque mi opinión del ser humano, lejos de tambalearse, cada día se reafirma más.

Joselu
Joselu
14 ddís hace

Y otra vez el “sesgo de la generación definitiva”, o lo que es lo mismo, “pa’ jóvenes los de antes y pa’ viejos los de ahora”.
¿Saben quién pensaba lo mismo? Mi abuelo de mi padre cuando lo veía labrar con un tractor y no con una mula; o mi abuela de mi madre, cuando la veía meter la ropa a la lavadora en vez de ir al lavadero.
Y desde el otro lado, lo mismo: ustedes con 20 años, siendo sinceros, ¿de verdad no pensaban que sus abuelos o sus padres no sabían nada de la vida?
Esa “lucha fraticida” es más vieja que la orilla del Ebro, y se cura con la edad.
El problema es, cuando desde determinados púlpitos políticos y periodísticos, se empeñan en enfrentar a distintas generaciones, por ejemplo con el tema de la vivienda o las pensiones, sobre todo para vender un mensaje neoliberal.

Zafio
Zafio
14 ddís hace

Ha estado usted soberbio.

Arturo Giovenco
Arturo Giovenco
14 ddís hace

Muy bueno, como siempre. Lo único que agregaría – aunque creo que estaba implícito en lo que estoy comentando- es que tampoco somos mejores por el sólo hecho de haber envejecido; eso depende de lo que hayamos aprendido en el camino.

Juancho
Juancho
14 ddís hace

Aunque en la oración “cállate, viejo”, el verbo le imprima al sustantivo el sentido peyorativo, tal vez sea en el propio verbo donde se refleje con mayor nitidez la estulticia. Ánimo, Don Arturo. Aún no ha nacido estruendo capaz de silenciarle.

Rafa
Rafa
14 ddís hace

Muchas veces he escuchado, quien pudiera volver a joven sabiendo todo lo que ahora sé; pero a saber cuántos volveríamos

martillo de mediocres
martillo de mediocres
14 ddís hace

Esos jóvenes a los que muchos comentaristas están denostando, no han brotado por generación espontánea ni venido de Marte, sino que, al igual que se ha explicado tantas veces en esta página en referencia a los políticos, son los que como sociedad hemos creado, por acción u omisión, con lo cual el desentenderse de la responsabilidad en su resultado suena como mínimo, cínico.

No pierdan de vista que, aunque ellos nacieron y crecieron, en general, con mucho menos que esta generación de copos de nieve malcriados, también lo hacían sabiendo que cada día iba a ser mejor que el anterior, mientras que los de hoy en día saben (son jóvenes, ignorantes, insolentes, pero no totalmente estúpidos), que cada día va a ser peor que el anterior.

Están seguros de que, si fueran jóvenes hoy en día, serían no ya mejores, sino diferentes que ellos? Personalmente lo dudo.

En esta sociedad actual que nos hemos dado, me temo que ya ninguna generación está para dar lecciones de nada; comparo la dignidad y sobriedad que tenía la generación de mis abuelos, y lamentablemente, no la veo en la de mis padres. Todo esto generalizando, desde luego; hemos convenido que justos los hay en todas las Sodomas generacionales.

Un saludo,

Marisa Ramos
Marisa Ramos
14 ddís hace

Me ha encantado la reflexión, también me han llamado vieja en las redes; siempre contesto deseándole una larga vida a mi interlocutor y expreso mi esperanza de que nunca tenga que despedir a algún ser querido con una muerte prematura; que por cierto es el único remedio a la vejez. Nunca nadie me ha contestado (ni para dar las gracias).

HUMBERTO ZELAYA
HUMBERTO ZELAYA
12 ddís hace

La verdad es que nunca me he sentido tan identificado con la descripción de “viejo” que haces. Gracias por poder renunciar mi estado de ánimo.
Un fuerte abrazo

Francisco Brun
12 ddís hace

Muchas veces me dejo llevar por mi temperamento y despotrico con quien tengo enfrente. Reconozco que es una muy mala costumbre y debo pedir disculpas con respecto a mi comentario anterior. Porque así como hay jóvenes maleducados, también existen viejos gruñones —tal vez yo esté en este último pelotón de insoportables—.
Dicho esto, nuestra responsabilidad como mayores deja mucho que desear, porque por no poder, no querer o no saber, estamos dejando a los jóvenes un mundo desastroso, insufrible y dramático. Sí, ya sé, todos tenemos excusas, miles de ellas. Pero el mundo está en crisis y nuestros jóvenes no vivirán en un lecho de rosas; probablemente tengan más dificultades en su vida que nosotros, los viejos.
Por tocar solo un tema, me referiré al éxito. Sin querer o queriendo, les estamos enseñando a nuestros jóvenes que la única forma de ser feliz es si pueden alcanzar el éxito en cualquier campo. Y la realidad indica que de cada mil personas, o diez mil, o diez millones (depende de la profesión), solo uno puede ser exitoso, el resto no. Entonces me pregunto y les pregunto: ¿qué les decimos a nuestros hijos si están en el pelotón de los no exitosos, en este mundo en el que el que no corre vuela?, ¿y además, si no tenemos una fortuna en el banco para que la puedan administrar cuando ya no estemos?
En mi país Argentina, hoy, existe un desplazamiento del trabajo formal al informal enorme. Y los que ponen el cuerpo para repartir pizza en una moto o bicicleta son en su mayoría jóvenes; que, dicho sea de paso, estos nuevos sistemas (que son aplicaciones) no se responsabilizan por nada ni por nadie, y la moto, la mochila, el casco y el chaleco reflectante los tiene que comprar el propio trabajador —o el esclavo, según como se quiera ver— para poder trabajar.
Un complejo mundo le estamos dejando a nuestros hijos, en donde estudiar una carrera ya no es garantía de nada y conseguir el éxito repartiendo empanadas es más difícil que caminar sobre el agua sin hundirse. Ni qué decir de formar una familia, tener un techo o un sustento digno.
Un cordial saludo.

Lugalzaguesi
Lugalzaguesi
12 ddís hace

“…confunden insolencia con carácter y falta de respeto con personalidad”
Cuántos hay de estos. Jóvenes, y no tan jóvenes.

Juan Pedro Matsubara
Juan Pedro Matsubara
12 ddís hace

Don Arturo…como dijo Machado, y a usted le calza..le debemos cuanto ha escrito.

Eddy Randrup
11 ddís hace

Excelente presentacion del autor Arturo Perez-Reverte. Coincido ampliamente con las ideas del relato y admiro la elegancia con que estan dichas.
Pido disculpas por alejarme del tema, pero aprovecho este foro de lectores españoles para preguntar: Sabe alguien como conseguir el libro “Relatos 1”,
de Manuel Terrin Benavides? No esta en Amazon, en ZendaLibros, ni en Todos Tus Libros.
Atentamente,

Meri SM
Meri SM
10 ddís hace
Responder a  Eddy Randrup

En Casa del Libro, únicamente disponible de segunda mano.

Lili
Lili
9 ddís hace

Muy buen artiçulo

Isabel
Isabel
7 ddís hace

Lo mejor de todo esto, el artículo lo suscribo desde mis 78 añitos, es q esos jóvenes si tienen suerte, sabemos cuál es la alternativa, llegarán a ser “viejos” esperemos q con algo del ingenio de el autor de este articulo

Toni R.
Toni R.
3 ddís hace

Básicamente es educación y respeto. Y si me permite, le diré que sí seguimos así: el mundo se va a la mierda.

Fernando de la Cuadra
2 ddís hace

Genial la columna, llena de humor y sabiduría. Mi abrazo fraterno