En las guardas de El año sin verano, como si hubiera sido dibujada con tiza sobre la negra pizarra, aparece una serie de objetos de lo más variopinto: una maza, un sombrero de paja, un busto de mármol, una enciclopedia, un murciélago, una vasija griega, un paraguas, un gorro de Papá Noel… Son elementos que, a la manera de los romances de ciego de los pliegos de cordel, permiten contar una historia insólita. Esa historia insólita (rasgo característico del didactismo de los álbumes de Cristina Sardà: la elección de un tema extraordinario que permita la proliferación de tramas alrededor de él) es en este caso la anomalía climática que siguió a la erupción del volcán Tambora en 1816, que da título al libro.
Como sucedía en La vaca, el médico y el hijo del jardinero, Sardà consigue, mediante la unión de una narración precisa, bien estructurada, y de recursos artísticos que la resaltan, un ejemplo de historia verdadera sembrada de humor y de lecciones concretas puestas al servicio de un fin mayor. La estructura narrativa es la de las historias encadenadas, excursos que se ramifican sin perder nunca el eje de referencia, y que posibilitan una multiplicidad de temas en los que converge la divulgación científica y la cultura popular. Ciencias naturales, arte, historia y guiños contemporáneos se entremezclan, permitiendo la proliferación de personajes y de acontecimientos encadenados por gracia del relato: John Dalton, Plinio el Viejo, Mary Godwin (Shelley), John Turner, Franz Schubert… La invención de la bicicleta, la fascinación por los vampiros, el origen del villancico “Noche de paz”… Alta cultura y cultura popular se encuentran en el feliz arte de reunión de la cultura de masas que es el álbum (como lo son el cine o el cómic). Y el hilo de unión estético es una ajustada mezcla de rigor y de humor, una simpatía edificante, que en este segundo volumen incorpora la gracia de la autorreferencia: “Para saber algo más sobre Napoleón, consultad La vaca, el médico y el hijo del jardinero en esta misma colección. Para saber algo más sobre Waterloo, escuchad a ABBA”.
Los recursos artísticos repiten algunos de los grandes hallazgos de la primera entrega (el uso efectivo de los papeles de color y el dibujo vivaz, la inclusión de pequeñas bromas visuales, educadas y traviesas —un poema sobre el sueño de Byron es ilustrado con una réplica del Sueño de la razón goyesco, en el que se cuela un paraguas—, la fértil complementariedad de lo escrito y lo dibujado). Aparecen, como novedad, dobles páginas mudas que acrecientan el efecto de lectura (una escena inquietante sobre los cielos de la ciudad, tras haber hablado de los murciélagos vampiros; una escena cómica, con Papa Noel instalado en un gran coro de cantantes).
Las lecciones concretas abarcan desde los volcanes hasta el galvanismo, la figura de Prometeo o la invención de la bicicleta. La lección final apunta al lugar del hombre en el mundo, al poder de la ciencia y la humildad de la risa como grandes motores de la supervivencia (una fe en la capacidad adaptativa de la imaginación). Se precisa de ambos para no incurrir en un prometeísmo egoísta y destructor.
—————————————
Autor: Cristina Sardà. Título: El año sin verano. Editorial: Fulgencio Pimentel. Venta: Todostuslibros.



Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: