Despojada de la carga de exotismo de Sicario, con su memorable secuencia de incursión en la frontera pero al fin y al cabo un relato norteamericano, La captura aporta el punto de vista a pie de calle, nacional, de la detención de un narco. La crónica del arresto casual del Chapo Guzmán a manos de dos policías en un control rutinario resulta en un tenso relato policial a caballo entre el western y el bélico y en la que el director Chava Cartas demuestra saber moverse entre el José Padilha de Tropa de élite y, se nos ocurre, esa película de colegas policías convencional que en cierto modo violentaba la memorable Training Day.
La captura puede mirar a los ojos a las crónicas bélicas de Michael Bay o historias de crimen callejero de David Ayer, despojando de todo aire bíblico al criminal, que no obstante inspira amenaza pese a su casi ofensiva ordinariez. Y cuando toca acción, Chava Cartas la ofrece: una vez sucedida la media hora de presentación, el film sabe generar una situación de suspense tras otra y cristalizarlas en puntuales estallidos de violencia que acercan el film, en el fondo un policial itinerante, al género bélico.
La captura se articula en torno a una cuenta atrás sobre quién llegará antes al hotel, y una vez esto suceda, quién quedará en pie, pero también en torno a los límites de la moralidad y la corrupción humanas. Aquí la película es optimista. Los acontecimientos reales de la crónica de Héctor de Mauleón, en la que se basa el film, quizá limitan su oferta de situaciones, pero incluso entonces quedan dos excelentes actores como Alfonso Herrera y Noé Hernández, eficaces a la hora de ocultar quiénes son realmente pero, en última instancia, resultar sinceros y cercanos en el retrato del héroe común y corriente.


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