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El 27 no sólo se lee: se escucha. Del cante popular a Falla, Halffter y Bacarisse

El 27 no sólo se lee: se escucha. Del cante popular a Falla, Halffter y Bacarisse

La Generación del 27 suele contarse como una historia de poetas. Lorca, Alberti, Cernuda, Salinas, Guillén, Aleixandre, Gerardo Diego: nombres, libros, revistas, homenajes, tertulias, exilios, muertes. El relato es verdadero, pero está incompleto. Porque el 27 no fue sólo una generación que escribió. Fue una generación que escuchó. Escuchó romances, nanas, pregones, coplas, cante jondo, canciones infantiles, música de cámara, jazz, radio, piano, guitarra, discos de pizarra, voces populares y partituras modernas. El 27 no cabe entero en una biblioteca: también necesita un oído.

Esa es la tesis: el 27 no sólo se lee; se escucha. Si se le quita la música, se le quita una parte de su respiración. La poesía de Lorca pierde cuerpo, Alberti pierde sal y ritmo, el neopopularismo se vuelve una etiqueta escolar, el cante jondo queda reducido a folclore y los compositores del llamado 27 musical desaparecen detrás de sus compañeros literarios. La música no fue un adorno de aquella época. Fue una de sus formas de pensamiento.

"El problema no era escoger entre el cancionero y Europa, entre la guitarra y Stravinski, entre el romance y la vanguardia. El problema era encontrar una forma de modernidad que no naciera del desarraigo"

Lo popular, para el 27, no fue una reliquia. Fue una energía. El cancionero, el romance, la nana, la copla y el cante no llegaron a los poetas y músicos como restos pintorescos de una España atrasada, sino como materiales vivos que podían transformarse. Lo moderno no consistía necesariamente en romper con la tradición, sino en limpiarla de tópico, someterla a una nueva tensión formal y hacerla sonar de otro modo. Ahí está una de las grandes intuiciones de la Edad de Plata: se podía ser moderno sin dejar de escuchar lo antiguo.

Manuel de Falla fue la figura decisiva de esa operación. No pertenecía generacionalmente al 27, pero actuó como maestro, conciencia musical y centro de gravedad. Sus Siete canciones populares españolas, compuestas en 1914 y estrenadas en el Ateneo de Madrid el 14 de enero de 1915 por Luisa Vela, con el propio Falla al piano, ofrecen un modelo perfecto: música popular tratada con una depuración extrema, sin postal, sin grasa sentimental, sin casticismo barato. La canción tradicional no aparece allí como documento muerto, sino como forma concentrada de inteligencia musical.

Falla enseñó algo que atravesaría buena parte del 27: España no tenía que elegir entre raíz y modernidad. El problema no era escoger entre el cancionero y Europa, entre la guitarra y Stravinski, entre el romance y la vanguardia. El problema era encontrar una forma de modernidad que no naciera del desarraigo. Había que escuchar a Debussy, Ravel, Stravinski o el neoclasicismo europeo, sí; pero también a Scarlatti, Soler, la seguiriya, la nana, el canto popular, el ritmo oral y la memoria anónima.

"Es casi una imagen perfecta del 27: tradición oral, técnica musical, industria moderna del disco, teatro, danza, memoria popular y firma de autor reunidas en un mismo objeto sonoro"

El gran gesto simbólico de esa nueva escucha fue el Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922. Se celebró los días 13 y 14 de junio en la Plaza de los Aljibes de la Alhambra, con Falla y Lorca entre sus impulsores intelectuales. El certamen pretendía dignificar un cante que sus organizadores consideraban amenazado por la comercialización y el tópico; y, más allá de sus contradicciones, consiguió elevar el cante jondo y la música popular andaluza a una categoría cultural indiscutible. Aquello no fue arqueología. Fue vanguardia. Falla y Lorca no querían disecar el cante ni meterlo en una vitrina. Querían salvar su hondura para que siguiera actuando sobre el presente. En el fondo, el Concurso de 1922 resume una de las claves del 27: el pasado no se conserva repitiéndolo, sino escuchando en él lo que todavía puede alterar el futuro.

Lorca entendió esto mejor que nadie. Fue poeta, dramaturgo y dibujante, pero también un hombre radicalmente musical. Su encuentro con Falla en 1920 marcó su relación con la música, y su obra entera está atravesada por esa conciencia sonora: conferencias, canciones, poemas, teatro, nanas, ritmos infantiles, cante jondo, piano, voz, duende. Universo Lorca señala que el encuentro con Falla hizo de él un escritor “influido hasta el tuétano por la música” y recuerda que cuidó con enorme atención la dimensión musical de su obra literaria.

La prueba material más fascinante está en sus grabaciones con La Argentinita. En 1931, Encarnación López Júlvez y Federico García Lorca grabaron para La Voz de su Amo una serie de canciones populares antiguas: ella cantaba y tocaba las castañuelas; él seleccionaba, armonizaba y acompañaba al piano. No es una curiosidad menor. Es casi una imagen perfecta del 27: tradición oral, técnica musical, industria moderna del disco, teatro, danza, memoria popular y firma de autor reunidas en un mismo objeto sonoro.

"En Alberti, como en Lorca, lo popular no es lo simple: es una forma rápida, limpia y musical de tocar zonas muy hondas. La canción permite decir lo perdido sin volverlo solemne"

Ahí se ve que Lorca no “usa” la música como ornamento. La música es una forma de entrar en la realidad. Sus poemas parecen escritos para ser dichos, cantados, respirados. Sus obras teatrales avanzan por repeticiones, silencios, ritmos, golpes de voz. Sus símbolos tienen sonoridad: la luna, el caballo, el cuchillo, el agua, la sangre. En Lorca, la palabra no se conforma con significar: quiere sonar, ocupar el aire, volverse presencia.

También Alberti debe leerse desde ahí. Marinero en tierra no es sólo un libro de nostalgia gaditana; es una máquina de cantar. Su neopopularismo no es una regresión ingenua, sino una forma moderna de recuperar la ligereza, el estribillo, la copla, la canción breve, la sal marina de la memoria oral. En Alberti, como en Lorca, lo popular no es lo simple: es una forma rápida, limpia y musical de tocar zonas muy hondas. La canción permite decir lo perdido sin volverlo solemne.

Pero el 27 musical no se agota en los poetas. Ahí está el gran olvido. Junto a la generación literaria existió una generación de compositores que durante mucho tiempo quedó ensombrecida por el brillo de sus compañeros escritores. El Centro Nacional de Difusión Musical ha recordado precisamente que los músicos del 27 fueron a menudo eclipsados por la preponderancia de sus colegas literarios, aunque tuvieron un papel fundamental en la modernidad cultural española.

"El Grupo de los Ocho quiso hacer en música algo parecido a lo que los poetas hacían en literatura: unir tradición y vanguardia, rigor formal y aire nuevo, raíz española y cosmopolitismo"

El núcleo más visible fue el Grupo de los Ocho o Grupo de Madrid, presentado en noviembre de 1930 en la Residencia de Estudiantes. Lo integraban Salvador Bacarisse, Fernando Remacha, Ernesto Halffter, Rodolfo Halffter, Gustavo Pittaluga, Rosa García Ascot, Julián Bautista y Juan José Mantecón, con Adolfo Salazar como gran mentor crítico e intelectual. La investigación musicológica lo sitúa como una nueva vía para el desarrollo de la música española del siglo XX.

La elección de la Residencia no fue casual. Aquel lugar era mucho más que un colegio mayor brillante. Era un laboratorio de modernidad: por allí pasaban científicos, escritores, músicos, pintores, conferenciantes extranjeros, ideas nuevas y formas distintas de entender la cultura. El Grupo de los Ocho quiso hacer en música algo parecido a lo que los poetas hacían en literatura: unir tradición y vanguardia, rigor formal y aire nuevo, raíz española y cosmopolitismo. Su enemigo no era la tradición, sino la rutina.

Ernesto Halffter

Ernesto Halffter representa muy bien esa línea: claridad, economía, precisión formal, herencia falliana y voluntad de escapar tanto del sentimentalismo como del ruido vacío. Rodolfo Halffter encarna otro destino del 27: el de la modernidad rota por el exilio. La Guerra Civil no sólo interrumpió vidas y carreras literarias; quebró también una posible tradición musical española moderna. Lo que en los años veinte y treinta podía haber crecido con naturalidad quedó dispersado entre el exilio, el silencio interior y la discontinuidad institucional.

"Hay que nombrar a Rosa García Ascot. Pianista, compositora, integrante del Grupo de los Ocho y figura durante demasiado tiempo relegada, fue además una exponente de la música de Falla"

Salvador Bacarisse añade un elemento esencial: la radio. Fue uno de los músicos destacados de la Segunda República, director musical de Unión Radio, y tras la Guerra Civil tuvo que exiliarse en París, donde vivió hasta su muerte. Su figura demuestra que la modernidad musical del 27 no se jugaba sólo en salas de concierto. También se jugaba en los nuevos medios de difusión. La radio convertía la música en experiencia pública, doméstica y simultánea. Ya no era únicamente el teatro, el salón o el Ateneo: era el aire.

Salvador Bacarisse

Esto importa mucho. El 27 musical no fue sólo partitura; fue circulación. Canciones grabadas, conciertos en la Residencia, emisiones de radio, conferencias, revistas, crítica musical, recitales poético-musicales. La modernidad no estaba sólo en el lenguaje de las obras, sino en los lugares donde esas obras empezaban a escucharse. El disco y la radio cambiaron la escala de la voz. Lo popular podía viajar de otra manera. La poesía podía abandonar el libro. La música podía entrar en las casas.

Y hay que nombrar a Rosa García Ascot. Pianista, compositora, integrante del Grupo de los Ocho y figura durante demasiado tiempo relegada, fue además una exponente de la música de Falla y, según el Instituto Cervantes, su única alumna. Su presencia obliga a corregir el mapa: el 27 musical tampoco fue exclusivamente masculino, aunque la memoria posterior lo haya contado casi siempre así. Como ocurre con las poetas y pensadoras del 27, la pregunta no es por qué ellas estaban en el margen, sino quién decidió que el centro se contara sin ellas.

"La música fue para el 27 una forma de resolver una tensión central: cómo ser moderno sin desarraigarse. Falla dio la fórmula más alta: depurar la tradición hasta volverla universal"

La relación entre poetas y compositores fue constante. Los músicos encontraron en Lorca, Alberti, Cernuda, Juan Ramón o los poetas de su entorno textos que parecían pedir una forma cantada. Los poetas, a su vez, escribían desde una conciencia rítmica muy intensa. La canción de concierto se convirtió en un puente natural entre ambos mundos. No se trataba simplemente de “poner música” a un poema; se trataba de devolver la poesía a una condición casi originaria: palabra, voz, respiración, compás, acento.

Por eso el 27 no puede entenderse sólo desde la página impresa. Lorca está incompleto sin el piano, sin Falla, sin el cante jondo, sin las nanas y sin la música interior de su teatro. Alberti pierde parte de su energía si no se escucha la copla que late en sus primeros libros. Gerardo Diego, además de poeta, fue crítico musical y pianista aficionado. Incluso los poetas aparentemente más intelectuales pertenecen a una época en que la poesía todavía se decía en voz alta: en tertulias, teatros, aulas, recitales, radios, cafés y salones.

La música fue para el 27 una forma de resolver una tensión central: cómo ser moderno sin desarraigarse. Falla dio la fórmula más alta: depurar la tradición hasta volverla universal. Lorca la llevó al territorio del duende, del teatro y del cancionero. Alberti la convirtió en canción marina, nana, copla y memoria. Halffter, Bacarisse, García Ascot y el Grupo de los Ocho la trasladaron al lenguaje de la composición moderna, al neoclasicismo, a la radio, al concierto y a la canción de cámara.

"El futuro podía empezar en una nana, en una seguiriya, en una melodía antigua, en una voz popular llevada al límite de su claridad. El 27 no fue sólo una generación de poetas"

La tragedia es que esa posibilidad quedó interrumpida. La guerra no destruyó sólo vidas: destruyó continuidades. La España que podía haber unido con naturalidad a Falla, Lorca, Halffter, Bacarisse, García Ascot, Alberti, la radio, el cante, el disco y la Residencia quedó quebrada en 1936. Después vinieron el exilio, la censura, el silencio, la recuperación parcial y la memoria incompleta. Tal vez por eso todavía hablamos mucho del 27 literario y bastante menos del 27 musical.

Pero el 27, en el fondo, fue una enorme caja de resonancia. En ella sonaban el cante jondo, la canción popular, el piano de Lorca, las armonizaciones de Falla, las coplas de Alberti, las partituras de Halffter, la radio de Bacarisse, la inteligencia crítica de Adolfo Salazar, la presencia casi borrada de Rosa García Ascot y el eco de una España que quiso ser moderna escuchándose a sí misma.

Ese fue su gran hallazgo: comprender que la tradición no era un peso, sino un timbre. Que el futuro podía empezar en una nana, en una seguiriya, en una melodía antigua, en una voz popular llevada al límite de su claridad. El 27 no fue sólo una generación de poetas. Fue una generación que convirtió la música en una forma de pensamiento.

Y quizá por eso sigue sonando. Porque sus mejores obras no se limitan a decir algo: dejan una vibración. El 27 no está sólo en los libros que leemos, sino en las voces que todavía parecen salir de ellos. En una copla de Alberti, en una nana de Lorca, en una canción de Falla, en una partitura de Halffter, en una emisión perdida de Bacarisse, en un disco de pizarra donde La Argentinita canta y Lorca toca el piano. Ahí está la otra fotografía de la generación: no la de los poetas posando, sino la de un país entero tratando de oírse de nuevo.

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Bibliografía de apoyo

Manuel de Falla
Manuel de Falla, Siete canciones populares españolas (1914; estreno en 1915). La ficha de la Fundación Archivo Manuel de Falla es básica para fijar composición, estreno, intérpretes y estructura de la obra.

Cante jondo y Lorca
Universo Lorca, “El Concurso de Cante Jondo de 1922”. Recurso útil para el contexto del certamen, su celebración en la Plaza de los Aljibes y su importancia en la dignificación cultural del cante. Universo Lorca, “La pasión de Federico García Lorca por la música”. Fundamental para la relación Lorca-Falla y para leer la obra lorquiana desde su dimensión sonora.

Lorca y La Argentinita
Bibliotecas de Madrid, “La Argentinita y Lorca: grabación en disco de pizarra”. Fuente clara sobre la grabación de 1931 para La Voz de su Amo.

Generación musical del 27
Centro Nacional de Difusión Musical, “La generación musical del 27”. Muy útil para subrayar el eclipse sufrido por los músicos del 27 respecto a sus colegas literarios. María Palacios Nieto, El Grupo de los Ocho y la música en Madrid durante la dictadura de Primo de Rivera. Estudio de referencia sobre el Grupo de Madrid, sus integrantes y su presentación en la Residencia de Estudiantes.

Bacarisse, radio y exilio
Fundación Juan March, “Bacarisse en el exilio”. Fuente útil para Salvador Bacarisse, Unión Radio y su destino posterior en París.

Rosa García Ascot
Instituto Cervantes, “Rosa García Ascot, su maestra Nadia Boulanger y Lili Boulanger”. Recurso útil para situar a García Ascot como compositora, pianista, figura del 27 musical y alumna de Falla.

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