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5 poemas de La llama y la ceniza, de Manuel Neila

5 poemas de La llama y la ceniza, de Manuel Neila

Tal y como dice Javier Lostalé en el prologo de este libro, “internarnos en la poesía de Manuel Neila (…) significa la posibilidad de mirar el mundo como si todo sucediera por primera vez, significa escuchar el sonido de lo humano y sentirnos parte de ese sonido”.

En Zenda reproducimos cinco poemas de La llama y la ceniza: Antología poética (Olifante), de Manuel Neila.

***

UMBRAL DE LUZ

Temprano vuelve el día con los dones
de otros cielos lejanos,
y en verde hervor proclama su armonía.
Leves sueños del alba: ¿quién respira?
Qué premura de luz entre las cosas.
La he visto tantas veces
arder en los serbales de la infancia,
consumarse en los surcos del amor,
consumirse en los ojos que la miran.
Promisoria como el aire o los sueños,
la claridad acoge
las fábulas del tiempo y la memoria.
Conciencia desvelada: ¿a quién asirse
sino a aquella que vela por nosotros?
Ahora llega impaciente, está llamando
a las puertas del día:
esa luz presurosa que nos colma,
nos consume… y dispersa las cenizas.

***

TRÁNSITO

A la orilla del tiempo
te detienes. La brisa
reviste de oro viejo
los follajes del alba.
¿Quién respira? El sol
pulsa el arpa del cielo.
Floración imprevista
de la luz. Ni sorpresa
ni júbilo: desnuda
celebración del tránsito.

***

APOSENTOS DEL AIRE

Está la casa sola, y entra el día
inundando la estancia
de promesas, de imágenes.
Y entra con pie descalzo, como entonces,
ese temblor humano, la algazara
que sube de la calle
donde el vivir arrecia, nos convoca.
Y es luz lo que respiro:
claridad que se ofrece a quien la mira
con el brillo insistente
de los seres en su sola presencia,
como un fuego extendiéndose,
consumiéndolo todo,
por el que todo existe y sobrevivo.
Existir es arder;
vivir, quemarse: ir dándose a la luz
que todo lo transforma y lo enriquece,
si la miras de frente, aquí, en la estancia
donde, árbol de fuego,
tu crecimiento es llama;
su consunción, memoria de la vida.
Y es luz lo que respiro
en estos aposentos donde el aire
no contiene las formas.
Y es fuente de prodigios, pervivencia
de una verdad que dura,
quemadura de sombras,
grabándose en la frente a fuego vivo.

***

MEDIODÍA DE VERANO

Las luces del verano se apoderan
del aire, de los cuerpos. Mediodía,
reflejo de aguas verdes.
Un resplandor de brasas y cenizas.
¿Quién nos vela el mirar? ¿Qué extraña música
nos envuelve en sus ondas? Es el miedo,
miedo a perder la vida,
temor a irnos gastando en el empeño,
en este declinar irremediable,
sin pausa, audible apenas, del estío.
Ahora cierro los ojos,
y se ilumina el cuarto desde donde contemplo
la muerte de la luz. Y esos hombres que pasan:
¿quiénes son esos hombres acosados
por deidades impuestas? Y si es así:
¿cómo olvidar sus gestos, sus dolencias?
Pero el día no sabe del dolor.
Un puro discurrir, se entrega y basta.
Lavado por el agua,
por la luz, sin violencia,
hoy nos llega con destino de hombre.
Y existiendo se irá, desnudo, intacto;
como un cuerpo tendido
se nos brinda, y al darse
ya cumple, se consuma, desfallece
bajo el silencio púrpura del sueño.
Cuánto esplendor aún, cuanta insistencia
la del mundo en ser luz; el tiempo, humo;
la del hombre en abrirse, generoso,
a los demás, que pasan,
y al fuego, que perdura;
la del amor en darse como miel o veneno,
eterno y siempre verde como selva.
No hay salida. Pues que muchas han sido
las sendas transitadas.
Es preciso elegir: cómplice o reo.

***

PA(I)SAJE

Llega una brisa
de lejos, de muy lejos:
un aire antiguo,
lleno aún de lugares
que acaso fueron míos.

—————————————

Autor: Manuel Neila. Título: La llama y la ceniza: Antología poética. Editorial: Olifante. Venta: Todos tus libros.

BIO

Manuel Neila (Hervás, Cáceres, 1950), estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Oviedo, donde se licenció en Filología Románica. Desde entonces ejerce como profesor de Lengua y Literatura. Ha colaborado en revistas literarias como Clarín, Turia, Cuadernos hispanoamericanos, Ínsula o Claves de Razón Práctica. En la actualidad dirige la colección de aforismos «A la mínima» en la editorial Renacimiento. Se inició como poeta con Clamor de lo incesante (1978). Tras un prolongado silencio, reunió sus primeros libros de poemas, publicados e inéditos, en el volumen Huésped de la vida (2005) y los seleccionó en El camino original [Antología poética, 1980-2012] (2014), a los que añadió posteriormente los volúmenes Sendas de Basho (2018), Fuentes de la edad (2021) y Las horas sucesivas: Poesía 1978-2022 (2025). Ha publicado varias colecciones de aforismos: Pensamientos de intemperie (2012), Pensamientos desmandados (2015), El juego del hombre: Discordancias (2018), Palabras en curso (2021) y La vida entre líneas (2022). Ha antologado Aforismos contantes y sonantes (2016) y Bajo el signo de Atenea: Diez aforistas de hoy (2017). Entre sus últimas obras publicadas cabe destacar Clima de riesgo (2015), El escritor y sus máscaras (2015), La levedad y la gracia (2016), Cristóbal Serra en su laberinto (2017), Rendición del héroe (2019), La memoria herida (2022), Volver a Montaigne y otros ensayos (2023) y La vida por dentro: Nuevas discordancias (2026). Ha traducido, entre otros, a Gérard de Nerval, Charles Baudelaire, Philippe Jaccottet, Claude Roy, Roberto Pasanisi, Haroldo de Campos, y Àlex Susanna. Como editor, ha dado a la imprenta Páginas escogidas, de Montaigne, Papeles póstumos, de Ángel Sánchez Rivero, Sentencias y donaires, de Antonio Machado, Hogares humildes: Obra poética, de José García-Vela, Aforismos y charlas de café, de Santiago Ramón y Cajal, Poemas, de Christopher Caudwell y La elegancia del desánimo, de Juan Benet.

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