Medio siglo después del alumbramiento de Interviú, y a los ocho años de su defunción, Jerónimo Andreu (Cádiz, 1981) publica Los desnudos y los muertos (Península, 2026), una inmersión en una revista definida por Manuel Vázquez Montalbán como “una audaz cesta de Navidad semanal que abastecía al público de todas sus hambres retrasadas” tras el franquismo. Su autor, un reportero ecléctico —ha abordado temas de corrupción, guerras, crímenes; ahora, está centrado en documentales—, presenta una historia plagada de personajes excéntricos, escándalos y buen periodismo. Conversamos sobre un ensayo con un título maileriano:
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—¿Le gusta Norman Mailer?
—Sí, claro.
—A más de uno le sonará el título de su libro…
—Es un homenaje a Norman Mailer, pero no lo hago yo directamente: se lo hace Manuel Vázquez Montalbán. El título lo he cogido de él. Los desnudos y los muertos es una novela que me gusta mucho. Entonces, me hacía mucha gracia ese plagio e intentar ponerme a la estela de Norman Mailer (risas).
—¿Cómo se escribe un libro sobre Interviú?
—Escribirlo es sencillo. Más complicada es la parte de documentación y de entrevistas. Sí que me costó al principio, fue laborioso entrar en el ‘universo Interviú’. Que la gente quisiera hablar conmigo: son todos periodistas bastante particulares, trabajaron en una redacción especial y tienen cierto recelo sobre la imagen que ha quedado de la revista o de ellos mismos.
—Algunas de sus fuentes pidieron no figurar en la relación de participantes. ¿Por vergüenza?
—No por vergüenza, pero sí que no tienen una percepción muy clara de cómo es su legado. Entienden que hay mucha gente que los puede considerar pornógrafos, machistas, vestigios de otra época… Entonces, aunque ellos estén muy orgullosos de su experiencia, de todo lo que han aportado, cuando alguien se aproxima, se muestran recelosos porque no saben qué se van a encontrar. La revista fue muy maltratada en su última etapa. El cierre fue una despedida traumática. Es gente que tiene un bagaje sentimental complicado con eso. Convencerles de que no iba a hacer un libro para defenestrarlos, para decir que Interviú no fue un espanto, es un trabajo. Una vez que entras, escribir un libro de Interviú es hablar con mucha gente, recopilar muchas versiones sobre las historias, compararlas, llamar, corregir…, al fin y al cabo, esta es una historia oral. En un momento pensé hacerlo así, sacando parrafitos con una persona dando su versión de los hechos, pero lo descarté porque me parecía un poco farragoso para el lector.
—En la portada, “el recurso más preciado” eran los pechos femeninos.
—Así es. Era una revista con una intención muy comercial. Ellos sabían qué demandaba la sociedad española, y había una dependencia absoluta del desnudo: de lo popular que fuera la fotografiada, de si el posado era más o menos erótico…, al final, era lo que determinaba las ventas. Y lo tenían muy claro.
—Allende el debate sobre la cosificación de la mujer, cuenta que la revista “emprendió guerras cruentas contra mujeres que intentaron defender sus derechos”. La entrevista de Umbral al violador del Ensanche es, en fin…
—Es tremenda. También hay una historia de Raúl del Pozo con Charo López. El objetivo de este libro no es juzgar retroactivamente lo que hemos hecho en la profesión. La nuestra es una profesión muy imperfecta y todos hemos cometido errores. En ese episodio, por ejemplo, Charo López no estaba contenta con unas fotos que se habían publicado, ella protestó e Interviú fue a su yugular. La relación de las mujeres de la farándula con Interviú era muy compleja. Algunas sabían que les servía para hacer promoción, otras participaban en el proyecto porque les parecía una cosa moderna que había que hacer, otras lo hacían por dinero, como Lola Flores, pero luego había otras que no estaban de acuerdo, y esas tenían rencillas con Interviú.
—Por otro lado, cabe reconocer que en Interviú se hizo muy buen periodismo.
—Se hizo muy buen periodismo. Interviú ha sido un referente periodístico en muchísimas cosas. No sólo publicó una cantidad de exclusivas tremenda, historias que nadie se atrevía a publicar, sino el tratamiento que le dio a muchas cosas, el lenguaje por el que apostó…, fue una renovación del periodismo impresionante.
—¿Cómo pasa el Grupo Zeta de ser “el niño travieso de la prensa española a transformarse en un holding al que le hacía falta practicar toda clase de contorsiones cada vez que quería publicar reportajes que no pisaran los intereses de acreedores o clientes”?
—Antonio Asensio era un editor de raza, una persona a la que le gustaba mucho el periodismo. Pero, sobre todo, era un empresario: una persona que quería ganar dinero. Interviú se diseña con esa intención. Asensio no tenía una gran formación académica, pero entendía muy bien la vida. Sabía que para ir escalando e ir cerrando negocios, había que tener mucha mano derecha y mucha mano izquierda. Él sabía que el periodismo que vendía era el escandaloso, el que llamaba la atención; al mismo tiempo, tampoco puedes estar pisando callos toda tu vida. Por tanto, jugó a mantener ese equilibrio. ¿Qué ocurre? Que a medida que se mete en proyectos empresariales más complicados, sobre todo, en la comunicación, se da cuenta de las limitaciones. El momento en el que Interviú deja de ser un perro de presa o un animal libre es cuando Asensio se mete en el negocio de la televisión. El Gobierno le exigió, de una forma más o menos explícita, que si quería una licencia, tenía que ser un medio respetable, de confianza, que no hiciera locuras. Ahí, Asensio dijo: “Cerramos el grifo de las cosas escandalosas, no vamos a molestar al PSOE durante estos años”. Luego no le dieron la licencia de la tele, Asensio se cabreó, volvió a abrir las puertas y dijo: “Sacad lo que queráis”.
—Cuénteme sobre su papel en el “antenicidio”.
—Tiene un papel importante y necesario, pero no lo desempeña con ninguna intención espuria: él, simplemente, quería la tele. Al quedarse con la parte de Godó, Antena 3 Radio no le interesa nada. Es cuando se lo cede a Polanco y le dice: “Haz lo que quieras”. Él sí tuvo un proyecto de radio, pero la ambición de su vida era la tele. Asensio era un tipo muy listo, estaba siempre negociando con mil personas distintas y a muchas bandas. Si por alguna cosa se tenía que llevar mal con Polanco, se llevaba, pero luego le daba otra o no sé qué…, era un empresario nato, sin prejuicios.
—Muerto Asensio, ¿Interviú comienza su agonía?
—Desde luego, se acelera. Interviú, probablemente, hubiera muerto igual: era un producto para una determinada época que estaba desapareciendo, pero Asensio estaba muy encima de su revista. A él le gustaba y le importaba, aunque a veces tuviera una relación de amor-odio. Claro, cuando él deja de estar pendiente de eso… Por ejemplo, Interviú cambiaba de director cada pocos años; los últimos dieciocho años, no lo hizo. Porque ya no está Asensio. Nadie hace esa labor de vigilancia, de apretar las tuercas. Cuidaba también mucho de sus trabajadores: por su propio origen, le gustaba que tuvieran unas determinadas condiciones. Cuando desaparece y llega su hijo, que tiene unas circunstancias muy distintas, eso se pierde.
—Gran Hermano fue un balón de oxígeno.
—Como la heroína puede ser un balón de oxígeno, ¿sabes? (Risas) Durante un momento puede funcionar; a largo plazo, no soluciona nada.
—Entonces, dice, ¿Interviú dejó de tener sentido?
—Completamente. Interviú fue un agente de modernización del país en muchos aspectos. La revista, con todos sus defectos y carencias, empujó para ensanchar los límites del debate democrático: la sexualidad, el control de los políticos… España fue cambiando tanto y se abrió tanto, que Interviú perdió su lugar. La sociedad española ya no tenía esa necesidad de erotismo, no necesitaba un producto que uniera esas cosas tan distintas en una sola revista.
—¿Qué rescataría de ella? ¿Añora en los medios contemporáneos algo que se hiciera en Interviú y que hoy ya no se hace?
—Los periodistas somos como muy nostálgicos, pero creo que, en general, el nivel del periodismo ha avanzado. Se ha diversificado mucho, hay mucha oferta: puedes encontrar medios de análisis que son equiparables al Financial Times, pero tenemos mucho periodismo canalla, periodismo de investigación… Han empeorado las condiciones en las que ejercemos la profesión. Y las cuentas de los medios. Pero creo que se hace periodismo muy bueno y que la escuela de Interviú ha tenido un gran seguimiento. Cuando entrevistaba a periodistas de Interviú, me decían: “Ahora, con lo de Ábalos, lo pasaríamos de puta madre. Sacaríamos en la portada a la amante, luego a la mujer…”. Y todo eso ha salido en prensa, de una manera u otra.





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