Recuerdos de una conversación con el escritor alemán, urgente para el presente.
En la niñez tuve mala suerte con los extranjeros que venían a mi pueblo, el Puerto de la Cruz, Tenerife, donde nací. El primero de aquellos chicos que se asentaron en el barrio me escupió en la cara y ya marcó para siempre la extrañeza con la que, desde entonces, me encontré con extranjeros. Era inglés aquel muchacho, y seguramente lo que hacía era jugar con mi cara para que yo supiera lo que era pegar. —————————


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